Médicos

Un millón de portugueses no tiene médico de familia

La falta de plazas en las carreras de medicina y el aumento de las prejubilaciones, debido a las medidas tomadas por la crisis, hacen que un 10% de la población no tenga médico asignado

El viceprimer ministro, Paulo Portas, visita una residencia de ancianos.

El viceprimer ministro, Paulo Portas, visita una residencia de ancianos.

Cada vez que necesita una cita médica, Antonio André, de 68 años, se levanta a las 3:00 de la mañana y se va a hacer cola a su centro de salud, esperando que un médico pueda atenderle. A veces lo consigue, otras veces se llenan los cupos y le toca volver al día siguiente. Antonio no tiene médico de familia: “Hace dos años el mío se prejubiló y desde entonces no tengo ninguno asignado. Tampoco lo tiene mi mujer, así que la única solución es hacer la cola y esperar a que nos atienda alguno de los que estén trabajando en el centro”. Cuando lo consigue, le toca explicar su historia clínica a un médico que le ve, muchas veces, por primera vez: “Es muy difícil, tanto para ellos como para nosotros. No tenemos a alguien que nos haga un seguimiento”. Como Antonio, más de un millón de portugueses -un 10% de la población-, está en la misma situación.

El problema es antiguo. La falta de plazas en las carreras de medicina sentó las bases de un problema que se ha convertido en una lacra para el país vecino. La crisis hizo lo demás. “Con los recortes en las pensiones y el aumento en la edad de jubilación, muchos médicos pidieron prejubilarse para que no le afectaran esas reformas”, dice el presidente del Colegio de Médicos de Portugal, José Manuel Silva.

Pese a las críticas, el Gobierno de Passos Coelho -que encabeza los sondeos sobre las elecciones portuguesas de este domingo- se defiende: “Es cierto que no hemos conseguido un médico de familia para cada portugués, como habíamos prometido, pero hemos conseguido reducir el número en casi 700.000 personas desde 2011”, dice a EL ESPAÑOL el secretario de Estado adjunto del Ministro de Sanidad, Fernando Leal da Costa. En estos cuatro años las listas se limpiaron, eliminando a usuarios repetidos, que no utilizaban el servicio público de sanidad o que, incluso, ya habían fallecido y se aumentó el número de pacientes para cada médico de 1.500 para 1.900 pacientes. Asimismo, se aumentaron las plazas para internos y las contrataciones. “El problema es que muchos de los médicos que estamos formando preferirán emigrar antes que quedarse en el país, porque las condiciones en el extranjero son bastante mejores”, opina Rui Nogueira, presidente de la Asociación de Medicina General y Familiar.

Otra propuesta del Ejecutivo luso para paliar la situación fue el aumento de las listas de pacientes por cada médico, de 1.900 a 2.400, una reforma que no llegó a implementarse. “No tenía ningún sentido. Perjudicaba a todo el mundo, era una lista inmanejable para cualquier médico, que no garantizaba una asistencia digna”, analiza José Manuel Silva.

La contratación de médicos jubilados fue otra de las medidas adoptadas. Según los datos del Ministerio de agosto (los más actualizados), 76 médicos han vuelto. “Los números no son significativos. Los profesionales no están dispuestos a regresar a cualquier precio, y menos aún después de haberse jubilado anticipadamente para no verse afectados por las reformas”, añade.

Los pacientes se llevan la peor parte. “Esto tiene costes para la población. No es posible hacer un seguimiento eficaz de los pacientes. Hay datos que se pierden entre las consultas y eso perjudica el diagnóstico”, denuncia Manuel Vilas Boas, presidente del Movimiento Nacional de Usuarios del Servicio Público de Sanidad. ¿Y qué alternativa les queda? “Los que pueden, recurren al servicio privado, los que no, siguen haciendo colas hasta que consigan una cita”.

Los números lo confirman: los datos de la Asociación de Hospitalización Privada revelan que, entre 2010 y 2014, hubo un aumento de más de un millón y medio en las consultas del sector privado. Sin embargo, no parece que haya fuga de los médicos de familia hacia este sector. “Con los médicos especialistas es más fácil que pase, con los de medicina familiar no me parece que el número sea significativo”, analiza Rui Nogueira.

En 2016, se espera que el problema se solucione, teniendo en cuenta el número de médicos que se graduará y que se espera se incorporen al servicio público de sanidad. Hasta entonces, a Antonio André, sólo le quedará hacer cola en el centro de salud.