ELECCIONES GENERALES 2016

De remontar el 20-D al fiasco del 26-J: cuatro diferencias entre las dos campañas de Podemos

Pablo Iglesias sigue sin explicar los motivos de su resultado y responde contra los sectores críticos. 

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en la noche del 26-J.

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en la noche del 26-J.

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En Podemos siguen buscando los motivos que expliquen por qué perdieron 1,2 millones de votos el 26-J tras coaligarse con Izquierda Unida en la coalición Unidos Podemos. Los ánimos están encendidos y las aguas están revueltas en el partido morado. El secretario general, Pablo Iglesias, confirmaba este martes que la ejecutiva ha pedido a Carolina Bescansa, experta en demoscopia, que elabore un informe para desentrañar exactamente las razones del varapalo en las urnas. 

A falta de que Bescansa concluya qué ha ocurrido y más allá de las cuitas internas que han empezado a librarse, lo cierto es que son evidentes algunas diferencias significativas entre la exitosa campaña del 20 de diciembre y la del 26 de junio, cuando los resultados no han sido los esperados para Podemos. 

1. La alianza con Izquierda Unida

Evidentemente, la principal diferencia entre las dos campañas de las generales de Podemos es que en la segunda contienda electoral concurrió junto a IU mediante la alianza Unidos Podemos. Alianza que tenía como principal objetivo -no logrado- superar al PSOE en las urnas. Esta coalición ha condicionado toda la estrategia electoral del partido de los círculos.

En los mítines, sobre todo en los compartidos con Alberto Garzón y otros dirigentes de IU, el discurso de la "transversalidad" se ha visto ensombrecido. En los escenarios había más voces y más variopintas, de forma que los mensajes eran más variados. Sin ir más lejos, en el último mitin de la campaña, celebrado en Madrid, Pablo Iglesias se centraba en defender el pacto con IU y se alejaba del discurso primigenio de partido

2. La moderación en las formas

Una de las características más comentadas de la última campaña de Podemos ha sido la moderación, con un lema y un logo positivos y un tono más tranquilo. Sin embargo, la moderación en los mensajes ya fue utilizada en las semanas previas al 20-D; por aquel entonces Iglesias e Íñigo Errejón, director de campaña en ambas ocasiones, ya se presentaron con un discurso más moderado en el contenido: se apostaba por las reformas constitucionales -frente a la rutpura originaria-, se decía que había que construir "un país que no deje a nadie atrás" y no se entraba en materias sensibles como la memoria histórica. 

Así, la principal novedad de la campaña del 26-J ha sido la moderación en las formas. En especial, en el comportamiento de Pablo Iglesias, que ha utilizado un tono mucho más calmado, con la intención de reforzar su imagen de presidenciable. Esta moderación, tildada de "hueca" por Juan Carlos Monedero en las últimas horas, tenía su origen en un motivo estratégico: no equivocarse porque todas las encuestas daban por seguro que Podemos superaría al PSOE. Se trataba de "poner la otra mejilla" ante los ataques de Pedro Sánchez y sus correligionarios. La intención era que los socialistas se desgastasen al aparecer con un tono crispado. A la vista del resultado, parece que esta estrategia ha fallado. 

3. Sin golpes de efecto: ni fichajes ni propuestas

En línea con ese tono moderado, positivo y sin grandes alharacas, en esta campaña Podemos ha huido de grandes golpes de efecto como los que sí utilizó en el 20-D. Así, por ejemplo, en esta última cita electoral el partido morado no ha presentado a bombo y platillo grandes fichajes para sus candidaturas, como sí hizo con el ex Jemad José Julio Rodríguez o la jueza Victoria Rosell seis meses atrás. 

Asimismo, en el campo de las propuestas también Podemos ha optado en esta segunda campaña por ser más conservador que lo que fue en diciembre. En línea con el perfil bajo del resto de partidos, Iglesias y los suyos no han presentado propuestas rompedoras en casi ningún ámbito. De hecho, lo más llamativo que ha hecho el partido de los círculos en este caso ha sido presentar su programa electoral con formato de catálogo de Ikea

4. Pocos mítines y mucha televisión de Iglesias 

La cuarta gran diferencia entre las dos campañas electorales de Podemos ha sido la presencia en mítines del cabeza de lista. Pablo Iglesias solo ha intervenido en ocho actos, incluidos la pegada de carteles y el cierre de campaña, que resultan obligados para cualquier candidato. En las dos semanas previas al 20-D, el secretario general del partido emergente acudió a una veintena de mítines y recorrió miles de kilómetros en autobús. 

Gracias a esta estrategia, se ha visto a un Iglesias más relajado, centrado, sobre todo, en acudir a programas de televisión. Antes de conocer los decepcionantes resultados de este 26-J, fuentes de Podemos explicaban a EL ESPAÑOL que estaban más que satisfechas con cómo había funcionado el tono moderado de Iglesias en apariciones previas a la campaña, así como, ya en campaña, en formatos como El Objetivo, La Sexta Noche y, sobre todo, en el debate a cuatro contra sus principales rivales en las urnas.

Iglesias no hace autocrítica y llama al orden

El propio Iglesias reaparecía en televisión este martes precisamente para remarcar que "yo estoy muy satisfecho de cómo hemos organizado los últimos meses y la campaña, con la alianza Unidos Podemos...". "Hemos hecho las cosas como teníamos que hacerlas", agregaba el secretario general que admitía que los resultados no han sido buenos pero no hacía autocrítica, a la espera de que Bescansa desentrañe, como se ha dicho, los motivos del descalabro. 

Además, Iglesias aprovechaba su presencia en televisión para salir al paso de las críticas que se han multiplicado en las últimas horas. Para empezar, Juan Carlos Monedero reprochaba errores en la campaña que se ha llevado a cabo, en lo que parece un ataque a Íñigo Errejón, director de la misma y con quien se enfrentó antes de dejar la dirección del partido. Para continuar, entre los fieles a Errejón se repiten los mensajes contrarios a la alianza con Izquierda Unida, auspiciada por los afines a Iglesias. 

En ese contexto, que transita entre el shock por los resultados y los atisbos de crisis interna, Iglesias quería apelar a la prudencia de sus correligionarios y, sobre todo, pretendía dejar claras tres cosas. La primera es que "los análisis no se deben hacer en caliente", en clara respuesta a Monedero. La segunda es que la alianza con IU es para largo, porque "es más que una alianza electoral, es un bloque histórico". Y la tercera, en línea con la anterior y en lo que parece un mensaje al sector errejonista, es que "no es serio arrimar el ascua a su sardina a toro pasado, porque si alguien pensaba que el pacto no iba a funcionar eso hay que decirlo cuando hay que decirlo, en los órganos del partido". Son días de nervios desatados en Podemos.