EL ABECEDARIO

¡Vuelve la Inquisición! y otros 18 momentos clave del debate a cuatro

El atril de Rajoy, los meneos con la cabeza de Iglesias, la pulserita LGTB de Sánchez o los embistes de Rivera por la corrupción. 

Los cuatro candidatos, justo antes de iniciar el debate.

Los cuatro candidatos, justo antes de iniciar el debate.

Ni Ana Blanco, que lleva un cuarto de siglo presentando el Telediario, podría imaginar que una referencia tan retro pudiese salir de los experimentados labios de Mariano Rajoy. Pero el presidente en funciones lleva 35 años en política, algo que a sus adversarios en el debate debe parecerles una eternidad. Por eso la licencia histórica. "¿Sabe que en el año 1812 la Constitución de Cádiz abolió la Inquisición?", le espetó a Albert Rivera cuando el líder de Ciudadanos le reprochaba su connivencia con los casos de corrupción que han crecido a su sombra. El líder de Ciudadanos por poco se pone naranja del susto. 

La Inquisición volvió al prime time, pero también los clásicos "no te pongas nervioso", los carteles con gráficos y tuits, el índice Gini, el exlehendakari Ibarretxe o hasta los "tres huevos duros" de los que habló Pablo Iglesias con el ceño fruncido. Al final, en lo único en lo que los cuatro líderes estuvieron de acuerdo fue en condenar la masacre homófoba de Orlando (EEUU). Eso sí: sólo Pedro Sánchez, que inauguró su campaña en la plaza Pedro Zerolo, llevaba una pulsera con los colores del arcoiris. 

A continuación, algunos de los principales momentos en nuestro ya clásico abecedario-bestiario del debate.

15-M. Era difícil preverlo, pero no fue Iglesias quien citó al movimiento del que se considera heredero sino Sánchez, que habló de una cita de José Luis Sampedro, el fallecido filósofo. "Europa es como un jefe que nunca se pone al teléfono", dejó dicho. Y Sánchez lo repite a menudo. 

Atril. El de Rajoy dio mucho juego. 

Pero que mucho.

No. En serio. Mucho.

Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés,

Ana Blanco, Pedro Piqueras y Vicente Vallés,

Cartón piedra. Si Ana Pastor hacía preguntas sobre ello a sus invitados tras el debate era por algo, ¿no? El formato fue acartonado, más que preguntas hubo bloques y en varios momentos los presentadores se miraron sorprendidos sin saber qué hacer. Pero, ¿y esa musiquita? 

Rivera, a su llegada al debate. Sin corbata.

Rivera, a su llegada al debate. Sin corbata.

Corbata. ¿Acertó o no acertó Rivera al no ponerse corbata? En otros debates electorales, el líder de Ciudadanos optó por ponérsela. Según algunos periodistas, al electorado del PP sólo se puede apelar con un nudo Windsor. Iglesias, que lleva tiempo recurriendo a ella, no se la puso. Las mangas, como siempre, remangadas. No había ninguna camisa made in Alcampo. Que sepamos. 

Dinero negro. Fue la acusación cruzada entre Rivera y Rajoy. En el caso del presidente en funciones, la acusación a Rivera era por haber pagado algún amaño sin factura, algo que puso al mismo nivel que los reproches por los sobresueldos que figuran en la contabilidad b del extesorero popular Luis Bárcenas. 

Empleo. Más conocido como "tajo" en la casa de Pedro Sánchez. Así se refirió al trabajo en una ocasión el candidato socialista, brindando el primer momento de estupor del debate. 

"Excelente". Carne de hemeroteca. Iglesias alabó la propuesta de Sánchez de gravar los grandes patrimonios y las grandes empresas para el "recargo de solidaridad" que financie las pensiones. Acto seguido volvió a decir que le "tendía la mano". Y eso, en el vocabulario de Pablo Iglesias, tiene muchos signidicados. Y no todos buenos. 

Focos. Al principio del debate escuchamos un gran estruendo. ¿Un foco? ¿Una lipotimia de un asesor? ¿La muleta del compositor de la música que daba paso a la publicidad?

Gráficos. Sólo Rajoy mostró gráficos. Carne de memes. 

Inquisición. "Usted recibió, según la información judicial, 343.000 euros en las cuentas de los papeles de Bárcenas". El ceño de Rajoy y sus ojos se le escapaban, sobre todo porque Rivera apelaba a los votantes del PP. "Uno ya empieza a tener la sensación de que usted tiene una mentalidad inquisitorial", le respondió, acusándolo de dudar de la independencia de los magistrados de los más altos tribunales. 

Llorosos. Los ojos de los candidatos estaban húmedos por los nervios. Se apreciaban más en los dos líderes de la izquierda, pero sobre todo en Iglesias, que en la primera mitad del debate hablaba además muy bajito. Sánchez también acusaba los nervios en su gesto, por veces agarrotado, pero siempre bajo control.   

Miedo. Fue el hilo conductor de Pablo Iglesias en su minuto final en el que apeló a las sonrisas de los que, de tanto perder, han perdido el miedo. 

Negación. Muchas más que las de Pedro fueron las de Pablo. A Iglesias se le vio "murmurando", según Ana Blanco, y negando con la cabeza en infinitas ocasiones. No le gustaba lo que escuchaba. 

Orlando. Todos los candidatos hablaron de la masacre homófoba de Orlando, pero sólo Sánchez iba preparado con una pulsera con los colores del arco iris. 

La muñeca de Sánchez, del color del arco iris.

La muñeca de Sánchez, del color del arco iris.

Periódicos. Para nuestros líderes políticos, sí hace falta papel. Los únicos medios escritos citados por los candidatos fueron los impresos (El País, El Mundo), pero ninguno digital. Jordi Évole, de La Sexta, también fue citado a santo de su Salvados. 

Trauma. Sánchez no lo ha superado aún. Por eso dice que "a la tercera va la vencida" en referencia a las dos veces que Iglesias y Rajoy bloquearon su investidura. Fue uno de los ejes del candidato socialista, que una y otra vez repitió las medidas que ya podrían estar en marcha si Iglesias le hubiese prestado sus votos. 

Venezuela. Nunca hagas un debate con Pablo Iglesias si no estás dispuesto a hablar de Grecia o Venezuela. Rivera lo sabía. Y lo utilizó. Y entonces sacó de quicio al cabeza de lista de Unidos Podemos, que se defendió con uñas y dientes. 

"Verdaderamente notable". Es posible que nunca sepamos el verdadero alcance de esa frase, utilizada a menudo por Mariano Rajoy. Lo que sabemos es que este debate es posible que lo haya sido. "O no", que dice el presidente del PP. Al menos, esta vez compareció de verdad. 

Zapatero. En el principio fue el caos. Y en 2011, Rajoy llegó al Gobierno. El punto de partida de Rajoy fue en todo momento la herencia recibida. Sí. Esa que prometió no mentar nunca cuando se sometió a su debate de investidura. Menos mal que ahora... la herencia es suya.