MINISTRA EN LA SOMBRA DE POLÍTICAS SOCIALES DEL PSOE

Núria Parlón: “No me arrepiento de votar 'no' al pacto PSOE-Cs: nos ató las manos”

La número dos del PSC cree que Ciudadanos no fue leal e imposibilitó el acuerdo que Podemos tampoco quería.

Nuria Parlón, en Santa Coloma de Gramenet.

Nuria Parlón, en Santa Coloma de Gramenet.

  1. Nuria Parlón
  2. PSOE
  3. PSC
  4. Pedro Sánchez
  5. Cataluña
  6. Santa Coloma de Gramanet

"Te necesitamos, alcaldesa". Eso dijo Carles Puigdemont, president de la Generalitat, a Núria Parlón (Barcelona, 1974) en una reciente visita a Santa Coloma de Gramenet, donde ella sostiene el bastón de mando desde 2009. Muchos independentistas creen que necesitan a Parlón por su defensa del derecho a decidir, del que ella y su partido se desmarcaron oficialmente antes de las últimas elecciones autonómicas.

Pedro Sánchez no ha utilizado en público las palabras de Puigdemont, pero también la quiere para su equipo y por ese motivo la ha incluído en su "Gobierno del cambio" en la sombra como ministra de Políticas Sociales. Todo a pesar de que Parlón apoyó a Eduardo Madina para el liderazgo del PSOE en 2014 y hace tres meses arremetió contra el pacto que Sánchez firmó con Albert Rivera hasta el punto de votar no cuando se sometió a las bases.

El PSC podría necesitarla muy pronto, ya que en otoño tiene previsto celebrar un congreso para renovar el liderazgo que ahora encarna Miquel Iceta. Parlón aún no lo tiene claro. Coquetea con la posibilidad de convertirse en la máxima responsable de un partido que sucumbió ante Ciudadanos en las autonómicas y ante En comú podem en las generales, pero que en las municipales le pisó los talones a CiU como segunda fuerza.

Es en ese ámbito en el que Parlón es realmente popular. En su ciudad, su candidatura arrasó al cosechar el 40% de los votos. Su victoria le brindó una mayoría absoluta sin necesidad de pactos, un caso cada vez menos frecuente en el seno de una socialdemocracia gripada. 

¿Cuál es su papel en el Gobierno en la sombra de Pedro Sánchez?

Es necesario luchar desde un Gobierno socialista contra la desigualdad social que se está consolidando en nuestra sociedad a marchas forzadas. A veces pasa hasta desapercibida. Estos cuatro años nos han llevado a una situación en la que la desigualdad se ha instaurado y consolidado. Lo vemos en los costes salariales y laborales, por ejemplo. Se ha precarizado la situación laboral de la generación mejor formada. La política fiscal ha sido totalmente regresiva. En una situación así, uno de los elementos fundamentales será hacer de las políticas redistributivas y de la socialdemocracia un activo para darle un vuelco a la realidad de este país.

¿Cuál será la primera ley que impulsará?

Trabajaremos en la posibilidad de garantizar el ingreso mínimo vital para todas aquellas personas que estén en una situación de vulnerabilidad, pero también en la protección de colectivos concretos, especialmente personas mayores, mujeres con dificultades para reincoroporarse al mercado laboral y sobre todo los jóvenes, con el acceso a una formación de calidad en condiciones de mérito y capacidad. Necesitamos un sistema de becas y ayudas que hoy es insuficiente y está en cuestión. Es prioritario evitar la pérdida de talento.

¿Les ha quitado Podemos la bandera de la lucha contra la desigualdad?

Durante mucho tiempo, a su favor ha jugado que no han gobernado. No han tenido que tomar decisiones complicadas y difíciles. Podemos hace excelente diagnósticos, pero las recetas que hay que aplicar no son distintas de las que nosotros proponemos. En su caso, han ido cambiando mucho en función de sus intereses partidistas. Parte de lo que Podemos ha ido predicando ya hace tiempo que se está aplicando en ámbitos como el de los gobiernos locales. Y lo estamos aplicando socialistas. 

La retórica en los medios de comunicación ha sido ocupada por Podemos. Su conexión con el llamado precariado, sobre el que ha teorizado Guy Standing, es brutal.

¿Tiene que recuperar el PSOE su alma más izquierdista para hacer frente a Podemos?

La retórica en los medios de comunicación ha sido ocupada por Podemos. Su conexión con el llamado precariado, sobre el que ha teorizado Guy Standing, es brutal. Son los que se asimilan con una generación: la mejor formada y la que menos oportunidades va a tener. Han tenido esa capacidad de conectar por la asociación del activismo social con la irrupción política de Podemos, pero nosotros también podemos recorrer camino en ese sentido. Desde el ámbito local lo estamos haciendo cada día. Seguimos siendo fuertes y no defraudamos, pero tenemos que comunicarlo mejor en el ámbito de los grandes debates nacionales a través de una nueva generación, que no es sólo joven sino intergeneracional.

Hemos hecho todo lo posible por cambiar una etapa gris en nuestro país, protagonizada por el PP, pero no hemos encontrado socios a la altura.

¿En Cataluña se va a hablar de temas sociales o el debate volverá a ser identitario?

En esta campaña tenemos que hacer un discurso en positivo, pero tampoco dejar de lado el porqué de la vuelta a las urnas. Me niego a interpretar estas elecciones como una repetición. Son unas nuevas elecciones con unos antecedentes que han impedido formar un Gobierno de cambio. Tenemos que decidir quién ha priorizado el interés general y los derechos de la ciudadanía. Nosotros estamos en buenas condiciones porque hemos intentado hacer posible ese cambio en un contexto difícil y sin mayorías claras. Esa tiene que ser nuestra carta de presentación, que hay que acompañar con un proyecto modernizador de nuestro país y que genere interdependencias en positivo. Hemos hecho todo lo posible por cambiar una etapa gris en nuestro país, protagonizada por el PP, pero no hemos encontrado socios a la altura.

La alcaldesa de Santa Coloma, en su despacho en 2015.

La alcaldesa de Santa Coloma, en su despacho en 2015.

¿Fue Podemos quien impidió el cambio?

Ha habido dos opciones que legítimamente han considerado que les daba rédito electoral repetir las elecciones. Son el PP y Podemos, pero también en cierta medida Ciudadanos, que imposibilitó que Podemos se sumase. Eso también hay que decirlo. Recuerdo la conversación de Iglesias y Rivera con Jordi Évole [el presentador de Salvados, el programa de La Sexta] en la que ambos tenían claro que era necesario un acuerdo para el cambio. Decían que había que dejar atrás el bipartidismo y el Gobierno del PP. En el fondo, no han querido. Han querido reemplazar el bipartidismo existente e instaurar el suyo. Llegó un momento en el que Podemos consideró que era más rentable volver a las elecciones para ocupar el segundo puesto. Y esa es una visión de corto plazo, porque no se trata de quién ocupa el segundo puesto sino de quién puede hacer posible un Gobierno de cambio.

Ciudadanos quiere el poder "como sea"

¿Ciudadanos está en ese mismo grupo?

En un primer momento, Ciudadanos creyó que es posible el acuerdo. Y eso hace que Pedro Sánchez firme el acuerdo con ellos. Luego, Ciudadanos mostró sus cartas. Cuando dijo que Pedro Sánchez tenía que renunciar para que el PP se sumase al acuerdo fomentó una gran coalición. En ese momento, Ciutadans dejó de ser un socio leal. Dejó claro que lo que quiere es acceder al poder como sea y que le parece bien que sea con el PP.

¿Fue un error excluir de las negociaciones a ERC por ser independentistas?

ERC se presenta a las elecciones españolas, pero eso no deja de ser una contradicción, porque lo que quieren es abandonar España. Ellos siguen a piñón fijo con su hoja de ruta de desconexión en 14 meses. Es difícil que el PSOE llegue a acuerdos con quien quiere romper unilateralmente y no está dispuesto a cambiar esa hoja de ruta. Eso te inhabilita políticamente para gobernar en España. Parece de sentido común.

Aquí los que nos han fallado son los de la nueva política, que han acabado aplicando las recetas más tácticas de la vieja política.

Aunque sean de izquierdas.

Eso habría que matizarlo. Con ERC pasa como con Ciutadans. La visión fuera es distinta a la que se tiene aquí en Cataluña. Para gobernar te tienes que sentir cómodo con tus socios. El Comité Federal del PSOE priorizó opciones que no estuvieran claramente en el terreno de la confrontación. Es decir, ni el PP ni las fuerzas independentistas, que son en cierta forma y en diferente grado los responsables de una situación de confrontación, de falta de entendimiento y de falta de gobernabilidad tanto en Cataluña como en el conjunto de España. Aquí los que nos han fallado son los de la nueva política, que han acabado aplicando las recetas más tácticas de la vieja política.

Visto con la perspectiva que da el tiempo, ¿se arrepiente de haber votado "no" al acuerdo PSOE-Ciudadanos?

No, no me arrepiento. Ese acuerdo no fue bueno para nosotros. No lo fue fundamentalmente por la actitud del socio. Nosotros actuamos con lealtad, pero nos atamos las manos con un acuerdo muy ampliamente desarrollado que no nos dio una mayoría aritmética para poder gobernar. Creo que nos restó potencial y liderazgo para poder pactar con mayor facilidad con Podemos. Aunque Podemos no tenía ganas de pactar. Creo que el acuerdo con Ciutadans tendría que haber sido un acuerdo de grandes líneas sin tanto desarrollo. Fue un acto de buena fe y así hay que valorarlo. Pero no nos llevaba a poder gobernar.

Hay quien cree que en la campaña ese pacto volverá como un bumerán para hacer daño al PSOE y Ciudadanos.

Era excesivamente concreto para no darnos la mayoría. Pero luego había otras posibilidades y se pusieron sobre la mesa los acuerdos del Prado [propuestos por Compromís el último día de plazo], que eran buenos. Podemos los dinamitó al mismo tiempo que Ciutadans. Ahí se vio que algunos habían decidido que repetir las elecciones les daba rédito electoral. ¿Quién ha sido más leal y responsable para formar un Gobierno de cambio? El papel de Pedro Sánchez es incuestionable.

Parlón, en la presentación del Gobierno del cambio de Sánchez, el domingo pasado.

Parlón, en la presentación del Gobierno del cambio de Sánchez, el domingo pasado.

¿Hay una pinza entre PP y Podemos?

No me atrevería a decir tanto, pero ellos sí piensan en clave partidista. Coinciden en que unas nuevas elecciones les pueden beneficiar. Eso es lo reprobable por la situación en la que se encuentra este país. 

Su postura sobre el derecho a decidir (la consulta sobre la autodeterminación de Cataluña) ha sido muy debatida. Esta semana tuvo usted una entrevista tensa al respecto en Onda Cero en la que aseguró que su prioridad es la reforma de la Constitución. ¿Puede hacerse de espaldas al PP?

La conversación no fue tensa, pero el periodista quería entender algo distinto a lo que le decía, supongo que para generar un titular que no era lo que le estaba diciendo. Entonces, ahí es cuando se puso un poco violento y me dijo: "Las preguntas las hago yo". Evidentemente, no se puede hacer una reforma de la Constitución contra el PP. No con las mayorías que tenemos ahora mismo. Ninguna reforma constitucional se puede de hacer de espaldas a ninguna fuerza política. Pero si tenemos otras mayorías, podremos hacer una mejor reforma.

El derecho a decidir como tal está superado. No tiene entidad jurídica y queda automáticamente relacionado con la autodeterminación. A los socialistas no nos sirve.

¿Cómo debe refrendarse esa reforma?

Creo que primero debemos llegar al acuerdo. El derecho a decidir como tal está superado. No tiene entidad jurídica y ha quedado automáticamente relacionado con la autodeterminación. A los socialistas no nos sirve como solución por sí solo si detrás no hay un acuerdo que vaya más allá de para hacer una foto sobre el estado de ánimo. No es una solución. Primero hay que buscar esas soluciones y eso ya va a ser muy difícil. Luego decidiremos de qué manera las refrendamos en el conjunto de España y en las nacionalidades históricas. Pero el instrumento no puede ser la razón de ser. Eso sería hacernos trampas.

Un referéndum con preguntas por territorio

¿Cuál es su punto de vista sobre el instrumento? ¿Un referéndum a la escocesa? ¿Un voto de todos los españoles? ¿Una consulta unilateral?

Tenemos que ir por partes. Primero tenemos que cambiar las mayorías en España y luego hacer una reforma a la altura de las circunstancias. A partir de ahí, las fórmulas son varias. Desde hacer un referéndum para toda España y en común hasta hacerlo con preguntas específicas para las nacionalidades históricas. Se deben buscar diferentes fórmulas, pero no podemos poner los bueyes antes del carro.

¿Se dejó enredar el PSC en ese debate?

Lo que ha intentado hacer el PSC es tender puentes y arbitrar, algo que ha sentado mal porque todo el mundo estaba polarizado y hooliganizado. Eso es lo que nos ha hecho perder fuerza, aunque no sea el único motivo. Pero fijémonos cómo está el resto de partidos. Unió se ha separado de Convergencia. ERC está en el marco de Junts pel Sí, que a la larga no será viable. ICV está en procesos de coalición con En comú podem. El PSC sigue siendo segunda fuerza en el ámbito municipal. El PSC no está en su mejor momento, pero los demás tampoco.

¿Liderar el PSC? "No lo tengo claro"

¿Ha decidido ya si quiere liderar el PSC?

No lo tengo claro. Sé que quiero colaborar y trabajar en el proceso congresual para reconectar con algunos sectores, pero para mí es vital el contrato que tengo firmado con mis vecinos de Santa Coloma.

¿Repetir los 90 escaños sería un éxito o un fracaso?

Es complicado. Tenemos que tratar de conseguir el mejor resultado, pelear por la primera plaza y no por la segunda. Será la garantía de cambio para España.

¿Hay que abrir un debate sobre el liderazgo en el PSOE?

Ahora mismo, el liderazgo está claro. Lo que tenemos que intentar es que nos lo reconozcan y cambiar el Gobierno en este país. No me puedo situar en ningún escenario más que en ese. No se lo está planteando ningún compañero ni compañera.

¿Qué le parece la controversia sobre la presencia de esteladas en la final de la Copa del Rey?

Son falsos debates, la política del espectátuclo que tanto juego da en las tertulias y que tan poco ayuda a un clima de buena convivencia y de entendimiento. Es abonar el conflicto y la confrontación. Esa sobreactuación no nos lleva a ningún sitio. No le encuentro la razón de ser a eso ni a los que silban al himno. Es el juego suma cero que no nos lleva a ningún sitio.