Elecciones generales

En defensa del liberalismo

El bipartidismo está desgastado en parte por el impulso de cambio generacional que representan los menores de 30 años. 

Un trabajador mueve varias urnas en los talleres municipales donde se almacenan las urnas de Barcelona

Un trabajador mueve varias urnas en los talleres municipales donde se almacenan las urnas de Barcelona Efe

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En unas horas los ciudadanos españoles no enfrentamos a las duodécimas elecciones legislativas desde la transición a la democracia y las primeras con Felipe VI como rey de España. Estos comicios, comparativamente con otros anteriores, suponen un gran reto para nuestra nación, el preludio de grandes cambios.

Los partidos llamados 'emergentes' fueron inicialmente un soplo de aire fresco ante el tradicional bipartidismo español. Desde 1982 PSOE y PP se han alterado en el poder hasta hoy, lo que ha generado un gran periodo de estabilización democrática.

Sin embargo, el bipartidismo parece desgastado, en parte por el impulso del cambio generacional que representan los menores de 30 años, muchos de los cuales sienten desafección hacia la Constitución de 1978. Sin duda, la sociología habrá de explicar por qué se produce eso.

En mi opinión, un sistema educativo de baja calidad como el nuestro ha propiciado que muchos de nuestros jóvenes no crezcan en actitudes emprendedoras. El emprendimiento se debe impulsar a través de la educación, aunque nuestra actual universidad dista mucho de ello. Por el contrario, fomenta el aborregamiento social, bajo el paraguas del pensamiento único de una izquierda trasnochada y conservadora.

Desde la ideología liberal, por el contrario, se puede crear verdadera riqueza y bienestar. Nuestra ideología aboga por los derechos individuales, que son las columnas sobre las que descansa el progreso social y económico. Así, en nuestro Estado de Derecho, todos debemos de ser iguales ante la ley, sin privilegios, acatando un marco legal que protege al mismo tiempo libertades individuales y bienestar colectivo.

Con esas garantías se pueden alcanzar los elementos que propician la existencia de ciudadanos libres, con una baja intervención del Estado, con una presión fiscal mínima, con regulaciones limitadas en el comercio. Todo ello permitirá que el motor del desarrollo de la economía nacional esté en las manos de cada uno de los ciudadanos.

Es innegable que el Estado tiene importantes obligaciones con respecto al ciudadano, pero la más importante es favorecer su desarrollo y crecimiento desde niño, adolescencia y juventud en un marco educativo serio y riguroso, apartado de ideologías arcaicas que predican el miedo y favorecen la inmadurez e irresponsabilidad, desarrollando inseguridades colectivas, actitudes que rivalizan contra la meritocracia y el esfuerzo, estrangulando el mérito personal, ante las pobres ineficiencias de un estado igualitario que premia por igual al mediocre y al valiente. El partido que gane la elecciones tendrá que hacer frente a la revisión del sector público educativo en España, colocando al frente de cada universidad a empresas privadas que gestionen con eficacia ese ámbito público.

No hay posiciones liberales en los programas políticos de PSOE, Podemos o Ciudadanos. Estas tres opciones tratan de perpetuar en la conciencia de los españoles los miedos e inseguridades que los hacen reos de su entorno.

Profundas reformas educativas, una sanidad de gestión privada, una mayor presencia en política internacional, creación de una Comunidad Económica de Países Latinoamericanos, un plan energético basado en la energía nuclear, la recuperación de competencias para el Estado, una autentica separación de poderes e imposición a los partidos políticos de procesos plurales y dinámicos para la elección de sus candidatos, más la supresión de los políticos profesionales, son esencias programáticas del espíritu liberal que hay en parte del PP.

En este momento y parafraseando a Kennedy hay que recordar aquella frase de "no te preguntes qué puede hacer tu país por si, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país". Y nuestros políticos deben de aprender que "la auténtica libertad consiste en poder decir a todo el mundo incluso aquellas cosas que la gente no quiere oír".