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Que los crímenes de ETA corran la misma suerte que los de los nazis

(Marta Rivera de la Cruz, candidata de Ciudadanos al Congreso, escritora y columnista de EL ESPAÑOL, responde a las críticas recibidas por la polémica generada por un tuit que publicó en 2014. En él, recriminaba a Pablo Iglesias por haber manifestado que los asesinatos de ETA tenían una explicación "política". Su comentario sólo puede ser equívoco sacado de contexto).

Hace unos meses, escuché estas declaraciones de Pablo Iglesias: "Diría que el terrorismo ha causado un enorme dolor en nuestro país, pero también diría que tiene explicaciones políticas". Sí, claro. Los policías, los guardias civiles, los concejales del PP y del PSOE no eran asesinados al azar (alguna vez también caía un niño, mala suerte), sino porque ser incómodas piedras en el camino de un objetivo que para algunos justifica todo, incluso casi mil muertos.

Como la mayor parte de las atrocidades cometidas por dictadores y tiranos varios: para los iluminados, siempre hay un bien mayor que explica la destrucción, el extermino y la muerte. Al hilo de eso escribí un tuit que era más dolido que irónico: "Sí, los judíos lo pasaron fatal en los campos de concentración, pero el holocausto tiene una explicación política". Y el gaseo de los kurdos, y los bombardeos sobre Alepo, y los campos de la muerte de Pol Pot, y las sacas de la Guerra Civil, y el juicio de Burgos. No es nada personal, señores. Sólo negocios. O política, aunque entendida de la forma más perversa posible.

Que un tirano -o varios- decidan que las vidas de otros son el precio que hay que pagar no puede ser un motivo para encogerse de hombros y comprender. Y sí, hemos conseguido que haya asuntos sobre los que no se puede ser tan abierto de mente, pero parece que los crímenes de ETA pertenecen a esa parte de la historia que aún puede observarse con cierta condescendencia. Por eso me indignó el comentario de Pablo Iglesias. Por eso escribí ese tuit, que ahora circula mutilado del contexto en el que se escribió -la declaración de un político rebajando la atrocidad de los crímenes etarras- para darle un sentido del todo opuesto al que tenía.

En cuanto al Holocausto, no voy a explicar aquí lo que pienso sobre el horror porque lo hice a lo largo de 500 páginas en mi novela El tiempo de prodigios, protagonizada por un chico judío que muere en el campo de concentración de Mauthaussen, y por un español que vive una doble vida dedicando a poner a disposición de la justicia a los nazis huidos tras la derrota alemana. En la novela se habla de la persecución de los judíos y su posterior confinamiento en guetos, del levantamientos de los resistentes en Varsovia, de la vida terrible en los campos de la muerte, de cámaras de gas y fosas comunes, de hombres reducidos a espectros. Hemos logrado que ese dolor sea inmune al paso del tiempo.

La historia, que a veces es justa, se ha encargado de blindar cualquier intento de comprensión hacia la política de exterminio nazi. Aspiro a que algún día los crímenes de ETA corran la misma suerte. Mientras tanto, yo tengo que explicarme. Otros son más afortunados y no se les piden razones.