Economía

Berlín dicta austeridad en Europa, pero dispara su gasto público antes de las elecciones

El impulso fiscal sostiene un cuarto del crecimiento económico del país en el último año. Uno de cada tres euros de gasto nuevo durante la crisis en la eurozona es de Berlín.

La canciller alemana Angela Merkel.

La canciller alemana Angela Merkel. Reuters

Destatis, la oficina de estadísticas de Alemania, publicó el miércoles los datos del PIB del país del segundo trimestre del año y, de paso, dio una buena noticia a la canciller Angela Merkel. Su economía avanza a ritmos del 3,1% interanual (a precios de mercado y sin ajuste estacional), el mejor dato desde el verano de 2011, hace casi un lustro. Unas cifras de las que Merkel puede estar orgullosa, y a las que está contribuyendo de forma decisiva. 2017 es año de elecciones federales y ya se sabe que es mejor enfrentarlas con una economía boyante.

No extraña que este año hayan proliferado los proyectos de infraestructuras, de tecnología digital y de apoyo al sector inmobiliario. El resultado es que el gasto público aumentó un 3,9% respecto al segundo trimestre del año anterior y proporcionó uno de cada cuatro euros de crecimiento del PIB en este periodo. En concreto, la contribución del impulso fiscal al crecimiento de la economía fue de 0,7 puntos del PIB, que creció un 3,1%. Hay que remontarse a hace más de 20 años, en 1994, tras el impulso fiscal tras la reunificación, para encontrar un ritmo de crecimiento del gasto público en superior. En cualquier caso, el país no tendrá déficit público este año (hasta junio acumula un superávit de 18.500 millones de euros), gracias a un fuerte incremento de los ingresos por impuestos.

La proximidad de las elecciones explica este fuerte incremento del gasto público, pero esto no es la excepción: Alemania, adalid de la austeridad durante la crisis, es el país de la eurozona que más ha aumentado el gasto público (sin contabilizar los intereses de la deuda). Según los datos de Eurostat, entre 2008 y 2015 elevó su presupuesto en 212.500 millones de euros (casi la mitad de todo el gasto público de España), esto es, un 19% más que antes del inicio de la crisis.

Esto significa que por cada tres euros de nuevo gasto de la eurozona, uno fue aportado por Alemania (y eso sin los datos de 2016 que serán superiores). Sólo Francia ha conseguido resistir las presiones de austeridad, ya que lleva durante toda la crisis elevando el gasto público a pesar de su elevado déficit y es el segundo país con mayor presupuesto sobre el PIB.

Mientras los países europeos se apretaban el cinturón para poder pagar su deuda, Alemania aprovechó la caída de intereses y su buena posición fiscal para elevar las distintas partidas de gasto. El país ha centrado sus esfuerzos en mantener el estado de bienestar, con un esfuerzo especial en el gasto en protección social (pensiones, desempleo y dependencia). Durante la crisis (hasta 2014, que es el último dato validado por Eurostat) Berlín elevó esta partida en 70.000 millones de euros. En otras palabras, el incremento de la protección social en seis años equivale a todo el gasto público de Grecia.

Pero el país también hizo un esfuerzo especial para elevar el gasto en Educación y Sanidad, con un aumento de 25.000 y 45.000 millones respectivamente. Alemania tuvo recursos para elevar todas las partidas (la única que redujo fue la de vivienda y servicios comunitarios, con un recorte de 7.000 millones de euros).

Sorprende el fuerte incremento de los recursos destinados a Defensa, ya que Europa ha realizado un importante esfuerzo para reducir su presupuesto militar. Mientras la eurozona (sin Alemania) ha reducido su partida de defensa en más de 6.000 millones de euros, Berlín la ha elevado en casi 4.000 millones. De hecho, el país quiere dar un impulso notable a su ejército y para 2017 espera elevar el presupuesto de Defensa cerca de un 15%.

La fortaleza alemana

El país ha demostrado su poderío económico durante la crisis. Con unas cuentas públicas saneadas, la confianza de los inversores, la potencia de su sector exportador y la debilidad del euro, Alemania se ha convertido en uno de los ganadores del colapso financiero global que se inició en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers. Su PIB ha aumentado en este periodo un 18%, lo que ha permitido que Berlín elevara su gasto público sin modificar su proporción sobre el tamaño total de la economía. En 2008 suponía un 43,6% del PIB y en 2015 supuso un 43,9%.

Es posible que en 2016 esta proporción aumente un poco, dado que el ritmo de crecimiento del gasto público es mayor que el del PIB, pero seguirá por debajo de la media de la eurozona. Los países del euro tuvieron en 2015 un gasto público equivalente al 48,7% de su PIB, liderados principalmente por los estados del centro y norte del continente. En Finlandia alcanzó el 58,3%; en Francia, el 56,8% y en Bélgica, el 53,9%. España, después de todos los ajustes de los últimos años, se mantiene incluso por debajo de Alemania. Su proporción del gasto público sobre el PIB cerró 2015 en el 43,3%, muy lejos del 48% que llegó a marcar en 2012. Estos datos dejan a España como el octavo país de la eurozona con menor presupuesto en comparación con el tamaño de la economía.

Los datos confirman que la política de Alemania de elevar año a año su gasto público a pesar de la crisis ha sido acertada. Esta situación contrasta con la austeridad impuesta a otros países, con el énfasis especial en Grecia. Este caso es paradigmático, ya que se trata del único país que ha reducido su gasto público, junto con Irlanda (un 20%) y, sin embargo, es el que más ha aumentado la proporción de gasto sobre el PIB.

Parece contradictorio, pero no lo es. Lo que ha ocurrido es que la política fiscal impuesta al país provocó una crisis económica que hundió tanto el PIB que fue imposible recortar la proporción del gasto público sobre el tamaño total de la economía. De este modo, si en 2008 Grecia tenía una ratio del 50,5%, en 2015 había aumentado hasta el 55,7%, la segunda más alta de la eurozona, sólo superada por Francia. El hundimiento del sector privado provocó que Grecia sea, más que nunca, una economía pública.