AJUSTE DE CUENTAS

El dato del paro, un jarro de agua fría en la fiesta de la Gran Coalición

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El dato de paro ha sido un jarro de agua fría en medio de la fiesta de acuerdos en la que PP y PSOE han decidido repartirse la competitividad empresarial duramente ganada en los últimos años con el sacrificio de los españoles. El repunte del desempleo en un mes de noviembre, por primera vez desde 2012, ha echado por los suelos las expectativas de los analistas que esperaban que éste cayera en 25.000 personas y no que subiera en una magnitud similar.

Es cierto que este año el aumento del desempleo, sobre todo en octubre -un mes fuerte en destrucción de empleo-, fue mucho menor que en el mismo mes del 2015. El buen tiempo de septiembre, que alargó la temporada turística, probablemente prolongó algunos contratos que se tenían que haber terminado en octubre. Pero en cifras desestacionalizadas, noviembre también ha roto la racha de los últimos cuatro años consistente en suaves subidas.

El dato llega bajo dos circunstancias. La primera, es la predicción de la mayoría de las fuentes económicas de que el crecimiento español, que ha sido excepcional durante los meses que estuvimos sin gobierno, se ralentizará. Pasará de un ritmo del 3,2%, muy intenso, a un 2,3-2,4% el próximo año. Esto supone una caída del crecimiento de casi un punto del PIB.

El segundo elemento es la intensa negociación política desarrollada estos días entre el PP y la dirección interina del PSOE, cuyo efecto en torno a las cuentas públicas está siendo el mismo que si se hubiera constituido formalmente una Gran Coalición a la alemana. De hecho, el efecto más publicitado de ambas es similar: si en Alemania, los socialdemócratas lograron introducir por primera vez en su historia el salario mínimo, en España han conseguido subirlo más de 50 euros de una tacada, el mayor incremento en 30 años.

Hasta ahí las similitudes, porque los acuerdos en España han sido mucho más dañinos para la competitividad empresarial que los de Alemania, siempre cuidadosa de este asunto. Aquí no se ha dudado en endurecer el Impuesto de Sociedades y en forzar a las empresas a recurrir al crédito para financiar los anticipos que exige Hacienda. Y en el futuro se habla de “destopar” las cotizaciones de los sueldos más altos, otra carga empresarial adicional.

La mayoría de los expertos sostiene que una subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) del 8% tendrá efectos diversos, pero de escasa magnitud sobre el empleo. Sin embargo, la introducción en Alemania dejó una primera lección que se conoció en marzo pasado: la introducción del SMI produjo una subida salarial promedio del 4,8% y una reducción del empleo del 1,9% en los establecimientos afectados. Extrapolando, esa reducción en el empleo supuso que Alemania dejó de crear 60.000 puestos de trabajo.

El resultado “alemán” de la subida del SMI fue que los que tenían empleo mejoraron su nivel de renta, mientras que los que no lo tenían tuvieron mucho más difícil encontrarlo (porque hubo 60.000 ofertas menos).

Algo parecido ocurrirá en España. Será más difícil que las personas salgan del paro porque crear un empleo legal de 706,5 euros será más caro que crear uno de 655,2 euros. Se puede pensar que la mayoría de los empresarios asumirá la diferencia si realmente necesitan un trabajador, pero éste es otro de los millones de granitos de arena que entorpecen el engranaje de la creación de empleo en España. El resultado de los granitos acumulados es un asunto crítico: 4,3 millones de parados.

Los que sí ganarán con la subida serán los que ya tienen trabajo y que no cobran el SMI. Una subida del 8% en el salario legal más bajo es una señal muy potente para la negociación de los convenios colectivos que están inmediatamente por encima.

El resultado será que una cifra decidida por lo políticos -el 8%- tendrá que ser asumida por trabajadores y empresas con productividades muy distintas entre sí. Esto provocará, además, que la competitividad ganada en los últimos años con la devaluación salarial, vuelva a distribuirse en base a criterios políticos y no económicos.

Unidos estos dos elementos -la desaceleración esperada del crecimiento y las nuevas rigideces-, diciembre tendría que ser un mes excepcional en cuanto a creación de empleo para recobrar la confianza en el futuro.