Deuda pública

El BCE sujeta a la prima de riesgo para que no se dispare ante la incertidumbre política

El mercado de deuda vive en una realidad paralela en la que nada importa, salvo el 'dinero gratis' del BCE.

El presidente del BCE, Mario Draghi, en un acto en la Bolsa de Alemania

El presidente del BCE, Mario Draghi, en un acto en la Bolsa de Alemania Reuters

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Este desgobierno es un peligro. Muchas han sido las voces que han alertado de que la situación política de España es un riesgo para su capacidad de financiación en los mercados. Muchas voces, desde el Gobierno en funciones hasta la omnipresente Comisión Europea, alertando al unísono de esta “pérdida de confianza” producida por la incertidumbre política.

Desde el Gobierno en funciones hasta el Ejecutivo europeo, todos han alertado de los peligros de esta incertidumbre política, ¿qué imagen dará España en el exterior?. Es cierto que España tiene una deuda muy elevada que asusta a Bruselas, pero la realidad muestra que el bloqueo político apenas ha tenido impacto en los mercados: la prima de riesgo está completamente plana y el Tesoro se financia sin problemas con una demanda que habitualmente duplica o triplica la oferta.

La prima de riesgo española lleva ya unas cuantas semanas indolente alrededor de los 125 puntos básicos, con la rentabilidad del bono a 10 años se mantiene entre el 1,6% y el 1,8% desde el pasado día 3 de diciembre. Ese día celebró el Banco Central Europeo (BCE) su última reunión de 2015 y decepcionó al mercado con una batería de estímulos que no consiguió colmar las expectativas de los inversores.

Ese fue el último gran movimiento de la prima de riesgo española y el mejor ejemplo de la realidad paralela en la que vive. El mercado de deuda sólo reacciona ante los estímulos del BCE (o su ausencia). Este logro de la entidad es muy relevante, ya que significa que los Estados de la eurozona pueden financiarse a unos tipos de interés muy bajos, algo que es clave dado el volumen de deuda pública que soportan.

Mariano Rajoy no sale ahora, como presidente en funciones, a decir que sin Gobierno, la prima de riesgo también está muy baja. El presidente del BCE, Mario Draghi, insinuó la semana pasada que la entidad aprobará nuevos estímulos en marzo, lo que abre un nuevo periodo de calma en los mercados. Todo un regalo para los políticos españoles que pueden negociar sin tensiones en el mercado de deuda.

Apetito inversor

El BCE acude con 60.000 millones de euros cada mes para comprar bonos en el mercado. La mayor parte de este dinero se emplea en adquirir deuda pública. Por ejemplo, en España ha invertido ya casi 57.000 millones en deuda del Estado desde el pasado mes de marzo. Estas compras equivalen al 41% de todos los títulos que emitió el Tesoro en 2015. Por si fuera poco, la mayor parte de los activos que compra son con vencimiento a muy largo plazo: la vida media de la cartera es de 9,7 años, la segunda más larga de toda la eurozona sólo por detrás de Portugal.

Al comprar plazos tan largos, el BCE consigue bajar el tipo de interés que tiene que pagar el Tesoro por todas sus deudas, no sólo las de corto plazo. Aunque el banco central no puede comprar deuda directamente a los Estados, sí puede comprar estos activos en el mercado secundario, lo que da un gran incentivo a la banca a ir al primario. Así es como funciona: los bancos y fondos acuden a las subastas del Tesoro, compran esta deuda y luego colocan lo que pueden al BCE.

De este modo, cada vez que el organismo español subasta deuda, las demandas colapsan toda la oferta. Uno de los mejores ejemplos se produjo con la primera subasta sindicada del año en la que el Tesoro colocó 9.000 millones de euros con una demanda que casi alcanzó los 30.000 millones de euros.

Es normal que este volumen de estímulos haya atraído a muchos inversores hacia la deuda periférica. En los últimos días se está viendo un volumen de negociación de la deuda española que dobla a la media que se vivió en 2015 y en el caso de Italia es en torno a un 50% superior. Es la realidad paralela que ha creado el Banco Central Europeo y que permite que las primas de riesgo estén anestesiadas en un momento de un fuerte vaivén en el resto de mercados.

Muchos millones en juego

En Bruselas ya se perciben los nervios. El bloqueo político de España es una amenaza para la débil recuperación económica. Los famosos brotes verdes todavía no han echado tallo y la Comisión Europea teme que la inestabilidad política pueda cortarlos de raíz. Es por eso que pide a los partidos españoles responsabilidad para desbloquear el escenario político y transmitir una situación de confianza.

El Tesoro tendrá que refinanciar este año algo en torno a 230.000 millones de euros de vencimientos de letras, bonos y obligaciones. Simplemente con que el tipo de interés que tenga que pagar el estado se mueva un punto porcentual, el gasto para las arcas públicas subirá en 2.300 millones de euros. Cifras de deuda tan grandes hacen que cualquier pequeño porcentaje suponga mucho dinero.

Por el momento, los estímulos del BCE han conseguido evitar cualquier fluctuación del mercado. Sus poderes son muy grandes, pero vencer a los mercados no es tarea fácil. En Bruselas saben que Draghi no es omnipotente y por eso instan a los políticos españoles a formar un Gobierno estable y comprometido con la reducción de la deuda pública.

La inestabilidad política sí está pasando factura a la bolsa española. El Ibex sigue perdiendo terreno respecto al resto de sus socios europeos. Desde el inicio del año, pierde ya más de un 10%, mientras que el EuroStoxx 50 cae un 8%, el Dax alemán, un 9% y el Cac francés se deja un 7%. En efecto, la incertidumbre afecta al mercado, pero la prima de riesgo sigue anestesiada por el BCE, pero ¿por cuánto tiempo?

Fuentes del mercado explican que, aunque la deuda vive en una situación de aparente calma, en realidad hay muchos nervios entre los inversores. La situación actual, con toda la deuda del Tesoro cotizando en negativo en todos los plazos inferiores a los 3 años, es totalmente excepcional. El peligro está latente y los inversores hacen juego mientras confían en que el BCE pueda controlarlo todo.