Nadal, en su primer entrenamiento en el Mallorca Open.

Nadal, en su primer entrenamiento en el Mallorca Open. Álvaro Díaz Mallorca Open

Tenis Wimbledon

Nadal tiene hambre de Wimbledon

El campeón de 15 grandes, que se entrena esta semana en las pistas de hierba del Mallorca Open, persigue el objetivo de volver a ser competitivo sobre césped.

Rafael Plaza Mallorca (enviado especial)

A las 10 de la mañana del lunes, una semana después de ganar su décimo Roland Garros, Rafael Nadal apareció por el Santa Ponsa Tenis Club con unas gafas de sol negras, vestido de corto y cargando su raquetero a la espalda. Mientras los aficionados se arremolinaban por las esquinas, expectantes ante la presencia del campeón de 15 grandes, el español se fue al vestuario a cambiarse y se refugió luego en la pista número cinco del Mallorca Open, donde volvió a pisar la hierba por primera vez en casi dos años (perdió el 3 de julio de 2015 contra Dustin Brown en la segunda ronda de Wimbledon y no jugó en 2016 como consecuencia de una lesión en la vaina del cubital posterior de la muñeca izquierda). Tras renunciar al torneo de Queen’s (se disputa sobre césped esta semana), siguiendo el consejo de sus médicos de tomarse un descanso, El número dos del mundo empezó a prepararse en casa, aprovechando que el circuito femenino celebra una prueba en la isla. El mallorquín, que hace unos días alimentaba su leyenda sobre tierra, ya ha dejado atrás todo lo que ha pasado en los últimos meses (títulos en Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roland Garros) porque tiene otra cosa en la cabeza: Nadal está con hambre de Wimbledon.

“Por mi estilo de juego, o por todo el éxito que he tenido en tierra, la gente quizás nunca me ha visto como un especialista en hierba, pero he jugado cinco finales en Wimbledon”, recordó el campeón de 15 grandes, que se plantó en el partido decisivo en 2006, 2007, 2008 (ganó), 2010 (ganó) y 2011. “En 2008 venía con otra sintonía porque había peleado por el título en 2006 y 2007. Ahora llevo varios años sin hacer un gran torneo en Wimbledon y la tarea es más difícil”, siguió el español. “Desde que tuve el problema en las rodillas en 2012 volver a competir bien en hierba se me ha hecho más complicado. Veremos cómo responden mis rodillas cuando empiece a pisar la hierba. Es una superficie un poco más difícil porque tengo que jugar con apoyos mucho más bajos. Si la rodilla me aguanta es una superficie que me divierte y me gusta, aunque cualquier cosa puede pasar. Si soy capaz de llegar a Wimbledon sano y pasar los dos primeros partidos… ahí cambia la historia”. 

Desde 2012, cuando cayó ante Lukas Rosol (100 del mundo) en segunda ronda, Nadal solo ha sumado sinsabores en Wimbledon. La eliminación a la primera de 2013 contra Steve Darcis (135), la de 2014 en octavos frente a Nick Kyrgios (144) y la de 2015 con Brown (102) en la segunda ronda hablan de un jugador con muchos problemas para adaptarse a la hierba, vulnerable sin importar el contrario (cuatro derrotas con rivales alejados del top-100) e incapaz de entenderse con el césped, que obliga a los jugadores a cambiar los apoyos para competir agachados, pegando el culo al suelo. El español, que durante sus mejores años en hierba perfeccionó su técnica para aspirar a cosas grandes (el saque, el revés cortado o la volea), persigue ahora esa versión capaz de todo. 

Tras ganar Roland Garros, Nadal se sentó con su equipo y trazó un inteligente plan para asaltar Wimbledon. Como renunciar a Queen’s no le impediría entrenarse sobre hierba, como podría aprovechar las pistas de césped del Mallorca Open (a una hora de su casa de Porto Cristo) para ponerse a punto durante una semana, el balear decidió no jugar en Londres, se marchó unos días de vacaciones en su barco y a la vuelta empezó a despertar recuerdos sobre el césped, siempre especial porque exige mucho a las articulaciones y recompensa a los valientes que juegan con agresividad. Nadal es uno de esos: está ante el desafío de volver a ganar Wimbledon siete años después de hacerlo por última vez.