US Open

Kerber toma el mando

La alemana, que jugará la final del Abierto de los Estados Unidos (6-4 y 6-3 a la danesa Wozniacki), se convierte en la nueva número uno del mundo tras la derrota de Serena Williams en semifinales.

Angelique Kerber celebra su victoria contra Caroline Wozniacki.

Angelique Kerber celebra su victoria contra Caroline Wozniacki. Reuters

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Muñequeras. Tobilleras. Visera. Concentración y… el ritual interrumpido por una noticia de las que cambian una carrera. Antes de salir a pelear por el pase a la final del Abierto de los Estados Unidos, Angelique Kerber vio en el vestuario cómo la recompensa a una vida de trabajo llegaba de golpe. La derrota de Serena Williams en semifinales (2-6 y 6-7 ante la checa Pliskova) convirtió a la alemana en la nueva número uno del mundo, condición que estrenará oficialmente el próximo lunes cuando se actualice la clasificación.

Demostrando su característico control emocional, un buen aliado en la aventura de alcanzar la cima de su deporte, Kerber aterrizó en la pista sabiendo que ya era número uno mundial, venció sin titubear a Caroline Wozniacki (6-3 y 6-4) y se clasificó para jugar la final del último grande de la temporada, la tercera que disputará tras ganar la del Abierto de Australia y perder la de Wimbledon. En consecuencia, la alemana se fue a dormir con la sensación de haber dejado atrás el mejor día de su vida.

“Me siento increíble”, acertó a decir Kerber con las mejillas sonrojadas, cuando la medianoche había caído sobre Flushing Meadows. “Ser número uno del mundo siempre fue un sueño para mí. Estaba tratando de no pensar demasiado en eso durante las últimas semanas, pero ahora ya lo tengo”, prosiguió la alemana, la jugadora de mayor edad (28 años) en hacer su debut al frente de de la clasificación. “Es algo muy especial. Y ser la siguiente número uno alemana después de Steffi… es realmente increíble. Un honor para mí”.

Todas las número uno de la WTA.

Todas las número uno de la WTA.

FIN A LA TIRANÍA

Desde que se inauguró oficialmente el ránking, en 1975, 21 jugadoras habían coronado la cima de la tabla. En Nueva York, durante una húmeda noche de verano, Kerber se convirtió en la número 22, tomó el relevo de Steffi Graf como la segunda alemana en llegar a lo más alto de la clasificación y abrió una nueva etapa en el tenis femenino: 186 semanas después de una tiranía ininterrumpida (desde el 18 de febrero de 2013), el impecable reinado de Serena es cosa del pasado, al menos de momento.

“Kerber va a ser la número uno de mayor edad…”, se arrancó a preguntar un periodista a la estadounidense tras el encuentro. “No quiero hablar del número uno. Gracias”, respondió Williams con el gesto torcido, manteniendo el discurso corto y seco de toda la rueda de prensa.

Serena, que se quedó a siete días de superar el récord de semanas consecutivas de Graf (empatadas a 186 ahora mismo), sabe que recuperar su trono es posible, pero se puede ir despidiendo de encadenar otro período similar, porque necesitaría más de tres años seguidos de reinado para hacerlo y ahora mismo tiene 34. Todo un palo para una tenista que vive una eterna carrera contra la historia, alimentada a base de tumbar marcas legendarias.

Serena Williams reacciona tras perder contra Karolina Pliskova.

Serena Williams reacciona tras perder contra Karolina Pliskova. Reuters

KERBER APROVECHA LA DEBILIDAD DE SERENA

Para llegar hasta lo más alto, Kerber ha aprovechado como ninguna otra aspirante la debilidad de la campeona de 22 grandes, que jugó lesionada la semifinal ante Pliskova (rodilla izquierda) y se pasó todo el año entre claroscuros (sólo ocho pruebas jugadas). La regularidad de Kerber (final en tres de los cuatro grandes, salvo Roland Garros, y en otros torneos como Brisbane o Cincinnati, además de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro) ha despejado el camino para que la alemana ocupase el lugar que Serena había mantenido con puño de hierro.

“Felicidades a Angelique por convertirse en la número uno del mundo”, dijo a través de un comunicado Steve Simon, el presidente de la WTA. “Es muy difícil llegar a la cima de nuestro deporte, y ella ha demostrado una ética de trabajo increíble en el último año”, recordó sobre los méritos de la alemana para tomar el testigo de Williams. “Sus resultados lo reflejan y merece ser la nueva número uno del mundo”.

Así, a partir del lunes se abre una etapa en el tenis femenino, con Kerber como líder. Posiblemente, el reto de mantener esa posición será más grande que el desafío de haberla conseguido. Antes, sin embargo, la alemana tiene otras cosas en las que ponerse a pensar: el sábado se juega su segundo título de Grand Slam contra la checa Pliskova.