Masters

El descanso antes de Río de Djokovic es seguir ganando

Mientras los mejores preparan los Juegos Olímpicos, el número uno se corona en Toronto, llega a 30 Masters 1000 y se acerca a los 69 títulos totales de Rafael Nadal.

Djokovic sostiene el trofeo tras vencer a Kei Nishikori.

Djokovic sostiene el trofeo tras vencer a Kei Nishikori. Reuters

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Sin jugar bien en toda la semana salvo a ratos en la final, posiblemente lejos del punto de brillantez que le ha distinguido del resto durante los últimos meses, Novak Djokovic se proclamó campeón en Toronto (6-4 y 7-5 a Kei Nishikori) y llegó a 66 títulos en su carrera (50 en pista dura), celebrando 30 Masters 1000. La cifra no es cualquier cosa: el número uno toma distancia con Rafael Nadal (28 torneos de la máxima categoría ATP), que durante mucho tiempo mantuvo el récord en su poder, y se acerca a toda velocidad a los trofeos que tiene el mallorquín en sus vitrinas (69). La amenaza ya parece imparable. Más pronto que tarde, Nole va camino de pulverizar todas las marcas posibles para quedarse con el trono de mejor jugador de todos los tiempos.

Tras caer en la tercera ronda de Wimbledon contra el estadounidense Querrey, una derrota inesperada que rompió sus opciones de ganar los cuatro grandes la misma temporada, el serbio se fue de vacaciones y abrió un período de desconexión tras el batiburrillo emocional de la primera parte de 2016, coronada con su histórico triunfo en Roland Garros. Luego, se refugió en el verano de Marbella para entrenarse en las instalaciones de Puente Romano, preparándose para la exigente gira de pista rápida, que culminará en el Abierto de los Estados Unidos. Allí, a orillas del Mediterráneo, tomó una decisión que retrató de nuevo el apetito competitivo del campeón de 12 torneos del Grand Slam.

Mientras muchos de los mejores renunciaban a viajar a Canadá para preparar con garantías los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro (Murray, Nadal, Tsonga o Ferrer, por ejemplo), el número uno del mundo mantenía su planificación de jugar en Toronto. Donde la mayoría vio un problema de esfuerzos, falta de energías y saturación competitiva, Nole encontró la oportunidad de atacar el título con un cuadro más asequible de lo habitual, sin sus principales rivales en el horizonte.

Tras dos rondas amables (el luxemburgués Muller y Radek Stepanek), Djokovic derrotó a Tomas Berdych (25-2 en el cara a cara), acabó con el francés Monfils en semifinales y se plantó en la final, que gobernó frente a Nishikori pese a los claroscuros que le acompañaron desde el día de su estreno en el torneo. Aunque no fue el Nole inabordable de otras semanas, el número uno se marchó de Canadá con la copa bajo el brazo y la consecuencia que eso provoca es evidente: la confianza de ganar un título es el mejor empujón a las puertas de un reto como el que está a la vuelta de la esquina.

Ahora, Djokovic llegará a Río de Janeiro (del 6 al 14 de agosto) con la mejor preparación posible. El serbio sabe bien que la cita olímpica es una fabulosa posibilidad para entrar a formar parte de un exclusivo grupo de dos: en la historia del tenis masculino, solo Nadal y Agassi han ganado los cuatro torneos del Grand Slam y la medalla de oro en unos Juegos. Nole, claro, no quiere ser menos. Aunque tiene un bronce (Pekín 2008), eso no basta para ser el mejor de todos los tiempos. Djokovic no contempla una fotografía distinta a la de verse con el oro colgado el cuello en unos días.