OPEN DE AUSTRALIA

¿Cómo se frenan saques a más de 200 kilómetros por hora?

David Ferrer busca los cuartos de final del Abierto de Australia ante John Isner, que acumula 101 servicios directos en el torneo.

David Ferrer resta en su encuentro de tercera ronda de Australia ante Johnson.

David Ferrer resta en su encuentro de tercera ronda de Australia ante Johnson. Reuters

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Antes de pelear por un billete hacia los cuartos de final del primer grande del año, David Ferrer habla de “intuición” y “reflejos”. Esas dos palabras, que el español tiene grabadas a fuego, son la llave para frenar a John Isner, su rival en octavos. Los números del gigante estadounidense (2,08 metros) no necesitan ningún análisis que desvele la magnitud del peligro al que se enfrenta el alicantino.

Isner conecta un promedio de 33 saques ganadores por partido en el torneo, tiene una velocidad media al servicio de 205 kilómetros por hora (llegando a 226 en su encuentro contra Feliciano López) y no ha encarado una sola bola de break hasta ahora. Casi nada. “Hay momentos en los que da la sensación de que su saque es como un penalti”, explicó Francisco Fogués, técnico del alicantino.

“Pero David tiene esa intuición y la trabaja también. Los jugadores intentan leer el saque fijándose en el movimiento del servicio”, prosiguió el técnico, que no ha necesitado utilizar vídeos porque su pupilo tiene bien mecanizado el gesto de Isner para poner la pelota en juego.

“Aunque hay muchos saques que da igual si puedes leerlos o no, con Isner o Ivo Karlovic muchas veces es imposible”, se lamentó el preparador del número ocho del mundo, apuntando hacia los dos que lideran año tras año la lista de tenistas con mejores cifras al servicio, en la que también está el canadiense Raonic.

“Tengo que esperar el momento, sin ponerme nervioso”, le siguió Ferrer, que tiene fama en el vestuario de ser uno de los mejores restadores del circuito, honor que comparte con Novak Djokovic y Andy Murray. “Tengo que aceptar que habrá momentos en los que sacará muy bien y no podré hacer nada. En momentos ajustados, como puede ser un tie-break, es donde siempre hay algunas dudas y es donde tengo que intentar morder”, avisó con soltura.

“Será un partido muy ajustado, decidido por pequeños detalles. Voy a tener que mantener la concentración en todo momento. La clave es evidente: si quiero ganar, tengo que hacer que los puntos sean muy duros para que se canse y pierda efectividad a la hora de sacar”. Ferrer sabe bien de lo que habla porque ha ganado seis de los siete cruces ante Isner.

Ferrer besa unas pelotas de tenis durante su partido ante Johnson.

Ferrer besa unas pelotas de tenis durante su partido ante Johnson. Reuters

El de Jávea, que en tercera ronda se enfrentó con un jugador de perfil similar (el estadounidense Johnson, un sacador al que anuló con claridad), no le tiene miedo al desafío, pese a que competir contra un rival que basa su juego en el saque es vivir con la soga al cuello permanentemente, sin margen de error para rectificar, aceptando que habrá minutos donde será como un espectador, viendo pasar la pelota sin poder hacer nada para cazarla.

“Yo tengo más presión con mi saque”, aseguró el alicantino. “¿Por qué? Porque si fallo el primer servicio, hay mucha presión”, se respondió a sí mismo. “Isner puede atacar mi segundo saque, pero yo no puedo atacar el segundo suyo. Tengo que intentar meter la pelota dentro, que ya es mucho”, dijo entre risas el número ocho.

Ferrer cambió de raqueta a principios de 2016 buscando más potencia con menos esfuerzo, un paso lógico por las exigencias del circuito (que vive una época donde manda la fuerza) y el paso del tiempo (sus 33 años, que inevitablemente le restan la energía de un adolescente).

“Va a ser una guerra entre un gran sacador y un gran restador”, anticipó Fogués. “La diferencia la van a marcar los pequeños detalles. Será un tema de precisión y concentración. Los puntos van a ser más cortos y debe estar muy atento”, insistió.

“No será un partido con un alto desgaste físico como contra Lleyton Hewitt, aunque puede ser más largo. Ferrer tiene que conseguir que los juegos se alarguen. Al ser al mejor de cinco sets, el cansancio de Isner puede que le haga disminuir el porcentaje y rendimiento al saque”, zanjó el entrenador valenciano.

Así, Ferrer preparó el encuentro respaldado por la regularidad de una carrera impecable. La estadística dice que en 16 de los últimos 19 grandes llegó al menos a la segunda semana de torneo, un disparate del que pocos pueden presumir. El lunes, y contra Isner, tiene la ocasión de seguir agrandando su leyenda.

Con Carla Suárez ya clasificada (remontó 0-6, 6-3 y 6-2 a Daria Gavrilova y jugará contra la polaca Radwanska por estar en semifinales) y Roberto Bautista fuera de competición (4-6, 6-4, 6-3, 1-6 y 6-3 frente a Tomas Berdych), el alicantino busca ser el segundo jugador de La Armada con opciones de pisar el tramo final del Abierto del Australia.