TENIS FEMENINO

Garbiñe asalta la historia

Muguruza persigue en Singapur uno de los títulos más importantes del mundo tras un año 2015 que ha sido meteórico. 

La tenista durante el Abierto de Tokio.

La tenista durante el Abierto de Tokio. Reuters

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El día que Garbiñe Muguruza perdió la final de Wimbledon entró en el vestuario con los ojos bañados en lágrimas y el gesto torcido. "Rota" es la palabra que usó su entorno para fotografiar el estado de ánimo de la joven de 22 años minutos después de caer en el partido más importante de su vida. Pese a llegar a su primer encuentro decisivo en un Grand Slam, ceder con Serena Williams (número uno del mundo y campeona de 21 grandes), escuchar las esperanzadoras palabras de la estadounidense ("confía en mí, vas a tener este título muy pronto") y marcharse tras una emocionante ovación de la pista más prestigiosa del planeta, Garbiñe se cruzó de brazos enfurruñada. Esa ambiciosa exigencia, casi una insatisfacción constante, forma parte del ADN de Muguruza, un trampolín en el último objetivo del año. Desde este domingo, la número cuatro del mundo busca en Singapur lo que ninguna española ha conseguido antes: ni Arantxa Sánchez Vicario ni Conchita Martínez lograron convertirse en maestra de maestras.

"He visto a muchas jugadoras hacer grandes cosas y luego caer", reflexionó Garbiñe durante los meses posteriores a su eclosión, consciente de que es más difícil mantenerse que llegar. "Yo no quiero ser como ellas", avisó sin poner ejemplos, aunque pensando posiblemente en la canadiense Bouchard, protagonista de un 2014 mercurial y devorada por sus propias expectativas en 2015. "Ahora todo el mundo está pendiente de mí. Nunca he estado en una situación como ésta tras llegar a la final de un Grand Slam. Estoy tratando de fijarme en otras tenistas que han estado en esta situación para entender cómo se comportaron", confesó Muguruza, que logró su plaza para estar entre las ocho mejores de la temporada gracias a una formidable gira asiática. "No tengo expectativas de cara al torneo. Simplemente, estoy contenta de ser una de las mejores jugadoras del año. Creo que es un gran logro, algo especial".

Clasificarse para Singapur, convirtiéndose en la primera española en hacerlo desde Arantxa Sánchez-Vicario (2001), le exigió un desafío mental enorme, casi un proceso de reciclaje completo. Tras despedirse de Wimbledon en la final, Garbiñe sufrió dos derrotas a la primera ante rivales sin sus galones en Toronto y Cincinnati (Lesia Tsurenko y Yaroslava Shevoda). Con claros síntomas de fatiga mental, enfangada en la exposición mediática que llegó junto a su fabulosa actuación en Londres, la española rompió con Alejo Mancisidor, su entrenador de toda la vida (desde 2010, cuando todavía no era nadie en el circuito) y contrató a Sam Sumyk (el hombre que llevó a Victoria Azarenka al número uno del mundo). El cambio, una decisión sorprendente, abrió un abanico de interrogantes. ¿Podría el francés apagar la ansiedad de Muguruza? ¿Conseguiría rescatar a una jugadora a la deriva? ¿Estarían a tiempo de subirse al tren de Singapur? La final en Wuhan y el título en Pekín sellaron el debate.

Nuevo entrenador en el mejor año de su carrera

"Los cambios pueden ser positivos, pero hay que ver la evolución", explica a este diario Conchita Martínez, la capitana de los equipos de Copa Davis y Copa Federación. "Es algo que no se puede valorar en dos torneos. Detrás de todo, en la clasificación para Singapur, hay un trabajo muy bien hecho por Alejo que está dando sus frutos ahora. Son muchos años de persistir en la misma idea. No es que de repente lo haya dejado con él y ahora todo el mérito sea del nuevo entrenador. Su nuevo técnico me gusta mucho, pero ya se verá con el paso del tiempo", continúa la ex número dos del mundo, una enamorada de las virtudes de Muguruza.

"Garbiñe es diferente a todas las demás", subraya la seleccionadora nacional, que disputó la Copa de Maestras en individuales y dobles (1999), como Muguruza este año (jugará con Carla Suárez, soportando la carga de ambas modalidades). "Hay que fijarse más en Sharapova o en Ivanovic para entender su estilo de juego. Tiene una gran envergadura, aprovecha bien el saque y le pega bastante más plano a la pelota que el resto. Es un ciclón".

Lo que Conchita desgrana es lo mismo que las contrarias llevan tiempo diciendo. Garbiñe no juega como una española, juega "como una rusa". Traducido sobre la pista, Muguruza tira plano y fuerte desde las dos alas de su juego. Sin arrugarse nunca, aunque sea Serena la que está enfrente, la número cuatro compite sin medianías. Busca el punto en dos o tres tiros, acortando siempre los intercambios. En consecuencia, manda ella, sin vértigo a vivir en el riesgo continuo. Todo lo contrario a lo habitual en España, justo lo necesario para pelear de tú a tú con las más grandes.

Una jugadora contracultura

"Garbiñe no jugaba agresiva antes", asegura a EL ESPAÑOL Mancisidor, el entrenador que pilotó la carrera de la número cuatro hasta el pasado mes de agosto, momento en el que ambos rompieron la relación que mantenían. "Cuando empecé a entrenar con ella jugaba de forma inteligente, tras la línea de fondo e intentando no fallar, algo que es típico de la escuela española", prosigue el entrenador vasco, que le inculcó la valentía como argumento principal para competir. "Con el tiempo, se ha dado cuenta de que debía jugar muy agresiva, impulsada por el cuerpo que tiene. Se ha atrevido a cambiar la mentalidad para explotar el sistema de juego que realmente le va bien, que es jugar de esa forma tan agresiva", insiste sobre un esquema planificado a conciencia. "Lo más llamativo ha sido la facilidad que ha tenido para mejorar. Poco a poco, ha ido madurando, que era el objetivo final".

Cuando los técnicos vieron a Garbiñe competir por primera vez no dudaron un solo segundo en señalar que tenía mimbres de campeona. "No tiene límites", sentenciaron casi de forma unánime los expertos. Para llegar a esa conclusión, los preparadores se fijaron en su percha de jugadora moderna (1,82m), preparada para llevar la voz cantante en los debates sin tener que perderse en discursos enrevesados. En una era donde el tenis femenino se mueve al ritmo de la potencia, Muguruza puede decir que todo pasa por su raqueta, que ella decide el cómo y el por qué. Fiada a la envergadura que posee, con una planta imponente, la joven de 22 años es capaz de superar por la fuerza a sus rivales. Embestir. Maniatar. Derribar. El mensaje es claro: las contrarias saben que la victoria está en manos ajenas.

"Lo mejor que tiene esa forma de jugar es que los partidos dependen siempre de ella, no de la rival", apunta Anabel Medina, ex número 16 del mundial y medallista de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín. "Sus características físicas son totalmente diferentes a las que tenemos el resto de las españolas”, añade la valenciana, que no llega al 1,70m. "Tiene muchas palancas y bastante fuerza. Eso le permite ir directa a por los puntos y no necesitar tanto tiempo para ganar los intercambios, pero se mueve bien pese a la altura que tiene”, cierra Medina. "Es que con dos pasos está en todos lados", coincide Arantxa Parra, amiga y también pareja de dobles de Muguruza en el pasado. "Juega metida dentro de la pista, domina constantemente y eso es lo que marca las diferencias", asegura. "Cuando no está con confianza se le nota porque falla más de lo normal, pero no es el caso ahora mismo. Al nivel que está, e incluso jugando mal, puede perder con pocas rivales", se despide Parra, que como muchas considera a Garbiñe favorita para vencer en Singapur.

Candidata en mayúsculas

Esto, sin embargo, es lo que dice la historia: sólo tres debutantes han ganado el título desde que la Copa de Maestras se inauguró en 1972 y no son tres tenistas cualquiera. Serena Williams (2001), Maria Sharapova (2004) y Petra Kvitova (2011) tienen un privilegio que Muguruza busca hacer suyo. De entrada, tendrá que superar un grupo extraño porque todas sus contrarias son zurdas (Kvitova, Kerber y Safarova), una rareza en el circuito. Después, y si corona la liguilla, a la española todavía le esperará un cruce de semifinales y el partido decisivo. Casi nada.

"No veo a nadie llegando a Singapur mejor que Garbiñe", razona Conchita. "Tanto a nivel de juego como de confianza es la tenista que mejor está ahora mismo. No juega Serena, que es la que marca la diferencia habitualmente. Sharapova no ha competido prácticamente nada después de Wimbledon. Halep y Kvitova han tenido una gira asiática discreta. Pennetta y Kerber son muy competitivas, pero les ha ganado a las dos", continúa, repasando a las rivales de la española en Singapur. "Evidentemente hay nervios. Yo jugué en el Madison Square Garden y era un escenario impresionante, con mucha historia, pero seguro que sabrá gestionarlos”, cierra la aragonesa.

"Hay muchos factores", le sigue Mancisidor, prudente con la magnitud de la cita y conocedor de las debilidades emocionales de Garbiñe tras tanto tiempo juntos. "Son muchos partidos duros seguidos, la pista es bastante lenta y la fortuna en los cruces de semifinales influye, pero por la forma en la que llega es una de las posibles campeonas", asegura. "Le ha ganado con claridad a casi todas. De las 10 primeras, es de las que va a seguir creciendo. Seguirá madurando y siendo mejor cada vez".

Antes de debutar en Singapur, 2015 resume el futuro de Muguruza, que en el presente ya escribe las páginas más dulces de su carrera. El próximo lunes será número tres del mundo. Ya sabe lo que es jugar una final de Grand Slam. Hace unas semanas ganó el título más importante de su currículo en Pekín. Esta temporada suma siete victorias y cuatro derrotas contra tenistas del top-10, todo un aviso antes de cruzarse con las mejores en una competición a cara de perro. No hay mejor carta de presentación que ésta: Garbiñe ya ha dejado de ser una promesa, mañana es una maestra a la caza de un título al alcance de muy pocas.

Así han quedado los grupos de la Copa Masters tras el sorteo en Singapur.

Grupo RojoGrupo Blanco
Simona HalepGarbiñe Muguruza
Maria SharapovaPetra Kvitova
Agnieszka RadwanskaAngelique Kerber
Flavia PennettaLucie Safarova