José Tomás

José Tomás dispara un furor nunca visto desde Manolete o El Cordobés

Españoles, franceses y portugueses cruzarán el charco para unirse a aficionados de toda América. Es la primera y única vez en la historia de la plaza que se han vendido 22.000 entradas de la zona general.

José Tomás.

José Tomás. Efe

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En el vuelo IB6409 con destino Ciudad de México se cruzaban las miradas. Un gesto cómplice nos descubría que el de enfrente también iba a ver a José Tomás este domingo. Nadie era capaz de ocultar las ganas por llegar al destino y hasta las azafatas se daban cuenta. “¿Usted también va a ver al torero? Nunca hemos tenido un vuelo en el que coincidieran tantas personas para ir a los toros”.

El revuelo levantado en torno a la fecha del 31 de enero es histórico. En México, a aficionados y periodistas les cuesta concretar alguna cita pasada que se viviese con tanto furor. Se habla de la época de Manolete o El Cordobés, los mitos que han precedido al de Galapagar, y también de la pasión que levantaba El Juli en los años de su alternativa, finales de los noventa, siendo el último torero capaz de conseguir un lleno en la Monumental Plaza México.

El vuelo despegó a las 12 de la noche pero nadie quería dormir, comienzan las tertulias entre aficionados e incluso familiares del torero. Unas 70 personas de la peña taurina “José Tomás” viajan desde Galapagar (Madrid), tierra natal del matador, hasta tierras aztecas. Entre ellos está Ángel de Juan, un hombre con la sonrisa permanente siempre que nombra a José Tomás. Es su sobrino del alma. Ángel viajó a México cuando su torero era aún novillero, hace 22 años, y ahora vuelve a cruzar el charco.

En el asiento de al lado viaja Paco, un director de banca prejubilado, que le ayuda a recordar a su amigo lo que han vivido con este torero convertido ya en mito. Ellos le enseñaron a jugar al mus, y cuentan que antes se fundían las horas engañándose a las cartas. José Tomás era frío y un gran estratega y si no ganaba se levantaba de la mesa y se iba. Siempre ha querido ser el mejor.

Queriendo pasar desapercibido había otro hombre en un asiento que esconde entre sus manos el gran secreto de un torero el día de una fecha importante. Antonio López, que regenta la sastrería Fermín, es sastre de toreros y la persona encargada de hacer cada vestido de luces de José Tomás desde sus inicios. Como era de esperar no desveló, en las 12 horas de viaje, ni el color ni el bordado de la joya del día. Pero sí confirmó que recordaría a los de Manolete cuando toreaba en México.

Arlindo Teles está cansado. Ya casi se le cierran los ojos. Él ha volado, con otros diez amigos, desde Isla Terceira, desde el archipiélago de las Azores. En esa pequeña isla, situada en medio del Atlántico, se creó hace 50 años la Tertulia Terceirense. La afición de sus socios es tal que organizan un gran número de viajes a la península para ver toros durante la temporada. Aunque ninguno tan especial como éste. Cada uno de ellos se ha gastado 1.500 euros en un paquete especial que han preparado varias agencias de viajes. Incluye el vuelo Madrid-Mexico DF, tres noches de hotel y la entrada a la corrida de toros. Ellos tienen que añadir además otros 300 euros por los vuelos que unen Azores-Lisboa-Madrid.

Desde Logroño también va Isidro, un procurador de unos 40 años que ha dejado organizado su trabajo para poder ir a ver a José Tomás a la plaza más grande del mundo. “Lo he visto torear desde hace muchas temporadas por España, siempre ha sido mi torero. Vengo a México porque siento que no volverá a esta plaza. Creo que nos queda poquito de ver torear al maestro.” Y al preguntarle qué otro torero le animaría a seguir viajando responde tajante: Diego Urdiales.

Españoles, franceses y portugueses cruzarán el charco para unirse a otros aficionados de toda América. Llegan desde California, Florida, la ciudad de Nueva York, Miami, Venezuela, Colombia o Ecuador. Es imposible poner coto a tanta expectación.

Exteriores de la Monumental Plaza México.

Exteriores de la Monumental Plaza México.

El propio empresario de la Plaza México, Rafael Herrerías, que lleva 25 años de trayectoria, se ha visto sobrepasado por una respuesta tan grande. Son 42.553 personas las que entrarán en el espectacular embudo de Insurgentes. Es la única vez en la historia de la plaza que se han vendido 22.000 entradas de la zona general, ubicadas a casi 40 metros del nivel del ruedo. Y han avisado que habrá un control exhaustivo de las entradas ante la posibilidad de falsificaciones o duplicados.

Por esta razón la empresa ha emitido un comunicado con algunas recomendaciones a los asistentes. La plaza se abrirá de manera excepcional dos horas y media antes del paseíllo y está prohibido el acceso con cualquier tipo de cámara fotográfica o de vídeo como exige, por contrato, el torero. Ninguna televisión podrá retransmitirlo y tan solo se podrán emitir tres minutos de sus faenas. Son más de 120 medios acreditados los que contarán la histórica tarde del 31 de enero en la Monumental Plaza México donde están anunciados José Tomás y Joselito Adame, primera figura azteca, con toros de Fernando de la Mora y Los Encinos.