POLIDEPORTIVO

El escocés que ganó 407.000 euros en una partida de dardos

Gary Anderson se embolsó dicha cantidad al proclamarse campeón del mundo en Londres ante 9.000 personas.

Gary Anderson, en el campeonato del mundo.

Gary Anderson, en el campeonato del mundo. Getty Images

  1. Deportes
  2. Londres

Usted, muy probablemente, haya echado una partida de dardos. Incluso, puede que haya pagado dos o tres euros en el pub de su pueblo o en el bar de la esquina para jugar. Eso, al fin y al cabo, es lo habitual. Pero difícilmente habrá estimado la posibilidad de convertirse en jugador profesional. En primera instancia, por lo inviable del asunto; y en segunda, por desconocimiento. Sin embargo, fuera de España no es algo tan extraño. El ejemplo: Gary Anderson, que se proclamó campeón del mundo de dardos del torneo organizado por la PDC (Corporación Profesional de Dardos) el pasado fin de semana. Y, de paso, ingresó en su cuenta 407.000 euros.

En España, Gary Anderson es un completo desconocido. Sin embargo, el pasado fin de semana, salió del Alexandra Palace (Londres), recinto con capacidad para 9.000 personas, ovacionado como si fuera un jugador de la NBA. ‘El escocés volador’, como se le conoce dentro del circuito, se proclamó campeón del mundo por segunda vez consecutiva. A sus 45 años, está muy lejos del prototipo de futbolista profesional: sin ser tan guapo como David Beckham o tan divo como Cristiano Ronaldo. Pero, eso sí, con una puntería que le reporta cantidades ingentes de dinero (según Darts Database más de dos millones de euros desde 2010).

Gary Anderson, con la copa de campeón del mundo.

Gary Anderson, con la copa de campeón del mundo. Getty Images

Gary Anderson, gracias a su destreza, puede dedicarse profesionalmente a jugar a los dardos. Tras proclamarse campeón del mundo, es segundo en el ránking de la PDC. Según dicha lista, el escocés habría ganado en los dos últimos años alrededor de 1.200.000 euros en premios (aquí no se incluye lo percibido por los patrocinadores) y sólo sería superado por el alemán Michael Van Gerwen, número uno actual, que se ha embolsado casi un millón y medio de euros en los dos últimos cursos.

Su leyenda está lejos de la de Phil Taylor, considerado el Pelé de los dardos, ganador de ocho torneos consecutivos (entre 1995 y el 2002) y seis veces mejor jugador del año para la PDC (2006, 2008, 2009, 2010, 2011 y 2012). Él –que es el ejemplo para cualquier aspirante– llegó a ingresar más de tres millones de euros desde 2010 hasta 2016, según Darts Database, y es cuarto en el ránking actual. Es decir, no es imposible vivir de los dardos, aunque depende mucho del país. 

España, un oasis

Gary Anderson se proclamó campeón del circuito convencional (en el que las puntas de los dardos son de acero). Pero, en España, es más común disputar competiciones en los torneos organizados con máquinas electrónicas y donde las puntas son de plástico. En este segundo caso, la final se celebra en Las Vegas.

En España, donde no hay una Federación al uso, hace las labores correspondientes la FEDE, una empresa que lleva más de 25 años organizando torneos y que tiene más de 50.000 asociados (personas inscritas en la Liga y que pueden acceder a la final en Las Vegas).

No obstante, según reconoce Juan José Frutos, responsable de competición, es imposible que alguien se dedique exclusivamente a vivir de ello: “Puedes llegar un fin de semana y ganar 1.000 euros o puedes perder dinero. Aquí no hay patrocinadores ni casas de apuestas. Algunos tienen acuerdos con bares, pero no es suficiente. Por ejemplo, si te tienes que ir a disputar un campeonato a Burgos, pues te tienes que pagar un hotel, el viaje… Y luego no siempre ganas”.

Tanto es así que en España sólo hay una persona que vive de los dardos: Cristo Reyes. El jugador canario lleva tan solo un año en la PDC, pero esta misma temporada estuvo compitiendo en el campeonato del mundo y, según el ránking oficial, habría percibido unas ganancias de 71.000 euros desde entonces. Es decir, si quieren dedicarse a esto, ya tienen un espejo donde mirarse. Aunque, como ven, no se antoja fácil.