Regatas

La Regata del Infierno

Comienza la tradicional prueba navideña entre Sydney y Hobart, un recorrido que en 1998 dejó seis muertos y cinco yates hundidos.

El Wild Oats XI sale de la bahía de Sydney.

El Wild Oats XI sale de la bahía de Sydney. Getty Images

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Desde hace 71 años, a finales de cada mes de diciembre se pueden ver fuegos artificiales en el muelle de Hobart, Tasmania. Cuando los australianos y turistas allí presentes ven iluminarse la noche, saben que el fin de año está cerca. Esa pirotecnia marca el comienzo de las celebraciones de Año Nuevo. Pero los fuegos también simbolizan un final, la regata más difícil del mundo y una de las más famosas. No por nada los australianos la llaman Hell Regatta ("regata del infierno"). Días antes, cada 26 de diciembre, los marineros han partido de Sydney buscando una experiencia única en la vida.

Entre medias, 1.170 kilómetros de distancia (630 millas naúticas) recorridas al día después de que concluya la Navidad. Una etapa llena de peligros que sólo se puede completar con la mente clara y con reflejos de movimiento. Son necesarios para enfrentarse al viento y a las olas que alejan cualquier deseo de una navegación agradable. No hay tiempo para descansar pero si mucha distancia que recorrer.

Seis españoles entre los navegantes

La regata arranca en Nielsen Park, puerto de Sydney desde el 26 de diciembre de 1945. Es ya una fecha marcada en el calendario mundial para los aficionados a este tipo de competiciones. En esta ocasión una enorme flota de 109 barcos de 28 nacionalidades diferentes, lo que supone el máximo histórico, partirá el sábado a las 13:00, hora de Sydney (03:00 en España).

Seis de los navegantes serán españoles y entre ellos se encuentra Juan Vila, que el año pasado logró la victoria en tiempo real con su equipo, el Bob Oatley, a bordo del Wild Oats XI, un clásico en el recorrido entre Sydney y Hobart.

Ese yate será una vez más el máximo candidato a ganar. El Reichel Pugh 100 Wild Oats XI ha vencido ya en ocho ocasiones y es el más premiado históricamente. Es propiedad de Bob Oatley, propietario de una de las bodegas más caras del mundo. En 2012 el barco logró el mejor registro completando la regata en un día, 18 horas, 23 minutos y 12 segundos.

Dirige la nave Mark Richards, que no contento con lo conseguido hasta ahora, este año ha realizado cambios buscando mejorar. Con un plano vélico y un casco reconfigurado, más estilizado mediante el recorte de diez metros de proa y dos de popa. Está por ver cómo afecta la transformación a su rendimiento.

Su principal competidor será el Comanche estadounidense de Jim Clark. El año pasado hubo una diferencia de 50 minutos entre ambos, lo que ha propiciado los cambios del Wild Oats XI. Otro de los rivales es el Ragamuffin 100 de Syd Fischer.

Los peligros del mar de Tasmania

En 2008, durante la edición 64 de la regata, el velero Georgia, de 53 pies, golpeó contra un objeto flotante no identificado y acabó hundiendo. Como consecuencia de ello 14 personas tuvieron que ser auxiliadas.

No es sin embargo algo sorprendente de un recorrido en el que la mayor tragedia se produjo en 1998. En aquella edición de los 115 yates que partieron de Sydney sólo 44 alcanzaron el puerto de Hobart. El motivo fueron las fuertes condiciones climáticas con vientos de 70 nudos, el equivalente a un ciclón tropical de categoría menor. Se produjo una manga de agua y acabaron hundidos cinco marcos y murieron seis personas. Desde entonces las medidas de seguridad se hicieron más estrictas.

Ello no evitó que siguiese siendo una regata en la que se aceptan aficionados. Ser marinero no es condición necesaria para participar. Los que se rezaguen, no obstante, contarán con brisas poco favorables que retrasarán todavía más su llegada. Para la primera noche se esperan unos vientos de proa de 25-35 nudos de intensidad.

Este sábado el puerto de Sydney reunirá a sus ciudadanos y los turistas para apreciar un espectáculo visual con un mosaico de colores de las velas de cada yate. Todos los barcos aspiran a hacerse con la ya mítica Tattersall's Cup pero la lucha no es entre ellos, es contra el mar.