FÓRMULA UNO

Mónaco: lujo, champán, excesos y más famosos que pilotos

Los yates, las fiestas y los desenfrenos del paddock protagonizan el Gran Premio del glamour.

Nico Rosberg durante el Gran Premio de Mónaco de 2014.

Nico Rosberg durante el Gran Premio de Mónaco de 2014. Getty Images

  1. Mundial de Fórmula 1
  2. Mónaco
  3. Nico Rosberg
  4. Lewis Hamilton

El Gran Premio de Mónaco es la joya de la corona de la Fórmula 1 gracias a una carrera que ha marcado la historia del automovilismo mundial desde antes incluso de que la máxima categoría tomara forma en 1950.

Desde 1929, los coches más potentes, rápidos y caros jamás construidos por el hombre han recorrido las calles del Principado, convertidas en un circuito imposible donde la velocidad y la adrenalina se mezclan con el glamour en un cocktail único y exclusivo que tan sólo unos pocos privilegiados tienen la fortuna de catar una vez al año.

Mónaco es una de las pocas pistas del Mundial que perduran desde la primera edición del campeonato en 1950 y la única donde los monoplazas pasan rozando los pies de los aficionados. Éstos se agolpan en las gradas para sentir de cerca la sensación de pilotar a 280 kilómetros por hora en unas calles donde raramente se puede superar el límite de 30 km/h un día cualquiera.

El Principado, situado en la soleara Riviera francesa, conquista y seduce rápidamente a golpe de una ostentación y riqueza que se acumula en sus escasos dos kilómetros cuadrados. Mientras las luces del Festival de Cannes comienzan a apagarse, a pocos kilómetros de distancia las estrellas se encienden en el firmamento monegasco, que durante el fin de semana fija los focos de la atención mediática mundial sobre el pequeño Principado.

En él, Hollywood al completo se mezcla con billonarios, empresarios, políticos, magnates, famosos, modelos y personalidades vigilados por un ejercito de paparazzis, fotógrafos y periodistas que no dan abasto ante la avalancha de ‘famoseo’.

El despilfarro económico que el mítico Gran Premio genera bastaría para colmar los presupuestos de más de un pequeño país. La carrera de las estrellas llega a suponer unos ingresos superiores a 26 millones de euros al famoso Casino de Montecarlo durante los cuatros días que dura el evento.

Las cifras del lujo se disparan a mayor velocidad que los monoplazas que vuelan sobre las calles del Principado. Mientras que un coche de Fórmula 1 puede costar alrededor de 10 millones de euros tras combinar sus más de 80.000 componentes, un roce o un despiste puede suponer chocar contra Ste-Devote. Lo que, por tanto, dispararía la factura del equipo en más de un cuarto de millón en concepto de reparaciones por parte de los mecánicos.

En paralelo, las cifras que se pagan por una habitación o un amarre en el puerto más caro del mundo no desmerecen las de los equipos. Con el presupuesto en champán, fiestas, modelos y glamour, muchas escuderías podrían pagar evoluciones aerodinámicas que les ayudarían a ganar posiciones vitales en la parrilla de salida.

Durante el fin de semana de carrera, la Fórmula 1 sirve de imán para una serie de acontecimientos que completan la agenda de un fin de semana como ningún otro. Protagonizados, entre otros, por el show ante las puertas del Casino, donde se improvisa un salón del automóvil a cielo abierto. Allí se dan cita los coches más exclusivos, esos que para el resto de mortales sólo pueden verse en la portada de las revistas y que nunca estarán en el atasco camino del trabajo.

Entre competiciones de vehículos clásicos que muestran el paso de la historia que las calles han protagonizado durante 87 años y otras carreras de contorno, a pocos metros del Casino se celebra otra prueba. Ésta, entre los mejores yates del mundo. Compiten entre sí durante la noche por atraer a ‘la gente más guapa’ a sus cubiertas.

Allí se celebran las fiestas más exclusivas entre champán, caviar y lujo desmedido, que se mueven bajo el ritmo de la música de los mejores DJ’s, como la que protagonizó Mark Ronson el año pasado. En ella, las modelos Kendall Jenner, Poppy Delevingne o Cara bailaron sin parar y sin zapatos (requisito obligatorio para no dañar el delicado suelo de los exuberantes yates) durante toda la noche.

El precio del glamour

Esos yates están llenos de mujeres en bikini en sus cubiertas tomando el sol mientras los bólidos ruedan al límite en la improvisada pista. Vivir entre ‘gente guapa’ un fin de semana, que en Mónaco dura cuadro días completos, tiene un precio. Por un poco más de 25.000 euros por persona, una empresa especializada permite protagonizar tu propia aventura en un viaje de cuatro días con origen en Mayfair (Londres).

A través de un recorrido por Ascot, Reims, Lyon y La Provence, se llega a Montecarlo tras haber disfrutado de los mejores chateaus y la más selecta gastronomía a bordo de un Ferrari 458 Spider o un Lamborghini Aventador. Si estos bólidos no son suficiente atractivo, la empresa pone a disposición por un precio no declarado desde un Bugatti Veyron hasta el modelo más exclusivo del Cavallino, La Ferrari, del que sólo se han fabricado 499 unidades.

Una vez en el Principado, no hay que preocuparse por el aparcamiento, puesto que el servicio incluye a los aparcacoches para que los participantes puedan disfrutar del fin de semana desde la terraza del ático del Ermanno. Éste se considera el punto que ofrece la mejor vista de Montecarlo gracias a sus apartamentos de 65 millones de euros.

Desayunos con champán, pases VIP, pantallas privadas de vídeo de 3,5 metros para no perder detalle durante el Gran Premio y hasta sesión de autógrafos garantizada por un piloto son algunos alicientes para quienes contraten este servicio. Se busca que sus máximas aspiraciones sean satisfechas en un ambiente colmado de atenciones.

Con un paquete completo, los pudientes clientes estarán a salvo de la climatología y, en caso de lluvia, las millonarias terrazas garantizan que ésta no agüe las copas de la barra libre de champán gracias a una cubierta especial. Por supuesto, los 25.000 euros por persona incluyen fiesta en un yate el viernes por la noche y hasta tapones para los oídos en caso de que los motores de los Fórmula 1 sean demasiado ruidosos por la mañana tras una noche loca de champán, fiesta, yates y lujo.

Para quienes alquilar un deportivo resulte caro, siempre está la posibilidad de participar en la ruta Venecia-Montecarlo al volante del propio súper coche por 60.000 euros. En este caso, la carrera no se verá desde las alturas del Ermanno, sino desde un yate de cincuenta metros a pie de pista. La gran ventaja de Mónaco es que multimillonarios y celebrities pueden acudir vía súper deportivos, por aire vía helicóptero para quienes no quieren mezclarse en las colapsadas calles del Principado y también por mar.

En este último caso, el velero Le Ponant es un yate de lujo para 60 personas que navega hasta Montecarlo para ofrecer un paquete único a sus clientes, que son conducidos en los botes hasta el muelle del paddock,al que acceden directamente.

Más celebrities que pilotos

Si el paddock de la Fórmula 1 cuenta durante un Gran Premio normal con el mayor número de millonarios y personalidades importantes por metro cuadrado, en Mónaco esta concentración de millonarios se convierte en aglomeración. Junto a élites de los negocios y del espectáculo, eclipsan y monopolizan los focos de atención mediática por encima del propio espectáculo de la competición automovilística.

En las últimas ediciones del Gran Premio de Mónaco, no han faltado deportistas de alto nivel. El año pasado, Cristiano Ronaldo se unió a Fernando Alonso en el paddock dejándose fotografiar junto al monoplaza del piloto español. Otros asiduos al Principado han sido nombres importantes de la industria del cine, como George Lucas. Su presencia no es casualidad, puesto que Hollywood busca su lugar cada año bajo el calor del sol y los flashes de las cámaras de los paparazzi. También Leonardo DiCaprio o Cameron Diaz han podido ver en primera persona la trepidante vida del paddock de la Fórmula 1.

Raperos como Xzibit, actores históricos de TV como David Hasselhoff, presentadores míticos como Jeremy Clarkson e iconos de la cultura pop como Quentin Tarantino han protagonizado las imágenes que dan identidad propia a un Gran Premio que, pese a los intentos de otros promotores desde 1929, no tiene parangón a nivel mundial.

Glamour por la cara

Mónaco está lleno de recovecos, algunos de ellos insólitos, que pueden cambiar el destino de los pilotos. Ganar en Montecarlo supone una medalla en el currículum de los pilotos reservada a unos pocos y que todos ambicionan. A veces, la victoria en el Principado viene determinada por la fortuna y en la ciudad estado que tiene al Casino como estandarte el azar y la suerte están siempre en juego.

Durante una edición de esta mítica carrera, el empresario Mark Bickerton ganó en la ruleta monegasca al ser confundido con la megaestrella de Hollywood Russell Crowe. El parecido físico con el actor de Wellington le abrió las puertas de la zona VIP, donde fue recibido en volandas por los presentes champán en mano durante más de seis horas llenas de adulación, peloteo y un sin fin de atenciones sólo reservadas para los grandes del cine.

Mónaco es un circuito único donde la suerte saluda a los campeones, pero también donde los errores no perdonan y la realidad siempre se impone. Como fue en el caso del ‘impostor por accidente’, que relató sus sensaciones al sentirse mortal de nuevo: "El día siguiente fue bastante duro tras volver a la realidad de mi vida y sentarme en unos asientos normales para ver el Gran Premio”.