Vela

La vela olímpica pasará por encima de los clásicos rusos

La competición de vela revoluciona la Bahía de Guanabara, cuyas polémicas aguas guardan tesoros culturales: Dostoiévski o Tolstoi. 

La bahía de Guanabara.

La bahía de Guanabara. EFE

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Entran en escena, por fin, el mar y sus misterios. La Bahía de Guanabara, mientras los demás se reparten las culpas respecto a su estado de salud, recibe ya a los mejores regatistas del mundo, incluidos los rusos, con suspense, tras la decisión de la Federación Internacional de Vela.

Precisamente los siete regatistas rusos (Stefania Elfutina en categoría RS:X, Maksim Oberemko en RS:X, Liudmila Dmitrieva en 470, Alisa Kirilyuk en 470 Women, Sergey Komissarov en Laser, Denis Gribanov en 470 Men y Pavel Sozykin en 470) recibirán ayuda extra durante la competición. Tranquilos, no se trata de ninguna sustancia prohibida. Es algo que va más allá, algo místico. Un secreto (uno de tantos) que guardan las maltratadas aguas de la bahía.

Ahí abajo, en el fondo de la mar, los rusos encontrarán la fuerza y el ánimo que les enviarán algunos de sus más importantes compatriotas. Porque aquel fue uno de los lugares elegidos por el Régimen Militar (que dirigió con mano dura Brasil entre 1964 y 1985) para arrojar miles de ejemplares de títulos de autores soviétivos prohibidos por la dictadura. Un auténtico tesoro.

Y allí navegarán sobre Dostoiévski o Tolstoi, con doble trabajo: demostrar que pueden competir limpiamente y honrar a sus grandes intelectuales, humillados en aquellas aguas, como se humilló toda la cultura de la Unión Soviética con la excusa de la frialdad de una guerra que nada tenía que ver con Brasil. La macabra anécdota queda relatada por Eduardo Galeano en “Las venas abiertas de América Latina”. Hay otras obras imprescindibles como “Repressão e Resistência: Censura a Livros na Ditadura Militar”, de Sandra Reimão, que hacen referencia a esta represión cultural sobre todo en la década de actuación del AI-5 (Acto Institucional 5, de 1968 a 1978, los años más rígidos del régimen). Se llegó a prohibir incluso la emisión por televisión del montaje de “Romeo y Julieta” del Teatro Bolshoi.

La sede de la competición de vela, situada en la Marina da Glória, respiraba durante las horas previas al estreno un aire mucho más tranquilo que el de esta historia. Era una mezcla de pausa y ansiedad. No se sentía tanto el viento que azotaba la Lagoa Rodrigo de Freitas, y que obligó a aplazar las pruebas de remo, pero la tarde se estaba estropeando a la misma velocidad con que anochecía, siempre en torno a las cinco y media de la tarde en este duro invierno carioca de 25ºC. Por el carril bici del Aterro de Flamengo, el interminable parque urbano que bordea toda la bahía, los paseantes curioseaban y tomaban fotos de los aros olímpicos, el logo y la pantalla gigante. Al otro lado de la batería de carriles de la avenida, un tradicional mercado de domingo recogía los restos de la faena. Mucho más glamurosa es la feria de los regatistas olímpicos que se ha instalado justo enfrente. Vienen para pocos días, abandonarán pronto la ciudad, aunque todos sus artilugios son más caros y su logística, extraordinaria. Por eso una doble valla de seguridad los protege de los viandantes.

La participación española en las distinas categorías de la competición de vela cuenta con 14 regatistas, y es una de las esperanzas de nuestra delegación. Marina Alabau e Iván Pastor en RS:X, Joaquín Blanco en Láser Standard, Tamara Echegoyen-Berta Betanzos en FX, Jordi Hammar-Joan Herp en 470, Bárbara Cornudella-Sara López en 470, Diego Botín-Iago López en 49er, Fernando Echávarri-Tara Pacheco en Nacra17 y Alicia Cebrián en Láser Radial. Tres de ellos son campeones olímpicos: Marina Alabau, Fernando Echávarri y Tamara Echegoyen.

La Vela, a lo largo de la era olímpica, se ha convertido en una verdadera mina para España. La cosecha suma ya 19 medallas: 13 oros, 5 platas y 1 bronce. En las aguas de la Bahía de Guanabara nuestros regatistas tendrán que luchar contra los históricos dominadores mundiales: Gran Bretaña, Estados Unidos, Noruega y Francia.

Una de nuestras campeonas, Marina Alabau, se ve con fuerzas para volver a intentarlo: “Me gustaría una medalla. No me voy a poner exigente con el color, pero una medalla sería un gran éxito. Todo el mundo se prepara para ello y yo ya he sido campeona. Eso es algo que ya queda para mí. Desde entonces vivo la competición un poco diferente”.

En la delegación rusa, salvados de la quema de la sanción por dopaje, destacan Stefania Elfutina, con una buena actuación en el último Campeonato de Europa en la clase RS:X; y sobre todo Denis Gribanov y Pavel Sozykin (el último en ser liberado para competir), pareja que fue bronce en el Campeonato del Mundo de Haifa el año pasado en 470.

Llega la feria ambulante de embarcaciones a la bahía más mencionada en los últimos meses. La bahía que debería seguir siendo una mina olímpica para nuestro país. Eso sí, si los rusos consiguen arañar alguna medalla, estará claro de dónde les habrá llegado la inspiración.