Balonmano

España pierde el billete olímpico ante Suecia con crueldad

Un penalti de Ekberg a cinco segundos del final deja sin Juegos a los 'Hispanos' (23-25) tras un encuentro lleno de altibajos. El balonmano masculino español no se perdía la cita deportiva por antonomasia desde Montreal '76.

Ekberg celebra el gol que ha dejado a España sin Juegos en balonmano.

Ekberg celebra el gol que ha dejado a España sin Juegos en balonmano. EFE

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Qué cruel es el deporte. España, subcampeona de Europa de balonmano, tuvo que jugar un Preolímpico en busca de una plaza para Río 2016. Y, para más inri, la perdió en los últimos cinco segundos del duelo trascendental ante Suecia. Cuando Niclas Ekberg convirtió el penalti que colocaba el decisivo 23-25 en el marcador y, por tanto, una diferencia de goles insuficiente para unos 'Hispanos' que necesitaban vencer por tres para clasificarse. Por lo tanto, los Juegos Olímpicos serán territorio vetado para los hombres de Manolo Cadenas 40 años después de no estar en la edición celebrada en Montreal.

No fue el día de los nuestros. Por mucho que Jorge Maqueda desde el lateral y Gonzalo Pérez de Vargas en la portería intentasen cambiar la suerte española en la segunda mitad, el encuentro pintó feo desde el inicio. Como se presumía, la anfitriona también lo dejó todo en su pista. Empezando por una defensa 6-0 durísima, que incomodó a España durante todo el encuentro. Y siguiendo por una notable actuación de hombres como el joven Nilsson, el sólido y veterano portero Mattias Andersson o el claro referente Jonas Kallman (hasta que se lesionó en el minuto 40).

Ellos mantuvieron la calma local incluso en los momentos de mayor zozobra, cuando España llegó a amasar el trío de goles necesario para estar en Río. Otros jugadores como Dani Sarmiento, que brilló en la primera mitad, o Valero Rivera, siempre solvente desde los siete metros, también tuvieron su incidencia en el juego hispano. Incluso Julen Aguinagalde mostró sus consabidas hechuras de crack desde el pivote en algunos momentos.

Julen Aguinagalde intenta anotar ante Suecia.

Julen Aguinagalde intenta anotar ante Suecia. EFE

Sin embargo, la consistencia del balonmano practicado por España nunca dejó de tambalearse. El ejemplo más claro de que la selección no se encuentra a sí misma de aquí a unas fechas es Joan Cañellas. Antaño emblema, sus problemas físicos ya no dejan entrever la grandeza que atesoraba su juego no hace mucho tiempo. Su concurso es un quiero y no puedo, por mucho que su casta siga estando dispuesta a salir a relucir en cualquier momento.

Así lo evidenciaron a nivel colectivo (y no sólo fue patente entonces) los últimos minutos. Con el sueño olímpico acariciado gracias a los enérgicos Maqueda y Pérez de Vargas, con ayuda de Raúl Entrerríos, la renta española murió tan pronto como nació. Suecia fue más regular en un día que ni mucho menos fue el mejor de ambas selecciones y acabó llevándose el preciado botín olímpico. Con crueldad, sí, pero a la vez con cierta justicia.

Porque el combinado nórdico supo remar mejor ante la adversidad cuando el balón más quemaba. Siendo fiel a la estadística, sumó su séptima victoria de 12 posibles ante España jugando en Suecia. Y, de nuevo sin piedad, aparcó en el olvido que la última vez que los Hispanos ganaron en tierras suecas lo hicieron por el +3 de tan triste incidencia este domingo. A la par que dejó en anecdótico el triunfo de los 'Hispanos' en el pasado Europeo (24-22), también bajo el arbitraje de los macedonios Nachevski y Nikolovski.

Los mismos colegiados que determinaron, a la hora de la verdad, que la plaza olímpica se decidiría en el cara o cruz de un solitario penalti. Hubo alegrón para Suecia y tristeza con sabor a fracaso para España. Con un palmarés repleto de medallas en lo transcurrido de siglo XXI, pero a la vez con dos sinsabores consecutivos demasiado recientes en el imaginario colectivo, tocará ver los toros olímpicos desde la barrera. Unos que, por plantilla y aun con malas sensaciones en este Preolímpico, habrían podido ser lidiados en agosto. E incluso pensando en el oro. En fin, porca miseria.