Liga 123

Esnáider: “Ante la muerte de un hijo, no tiene cojones nadie”

El entrenador del Getafe repasa para EL ESPAÑOL la difícil vuelta del club a 2ª, su pasado como futbolista y el drama familiar que le marcó.

Esnáider durante un entrenamiento.

Esnáider durante un entrenamiento. Getafe CF

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Ver al Getafe en la parte baja de la tabla de la Liga 123 duele en el alma. La primera alegría no llega y eso se nota en el rostro de Juan Eduardo Esnáider, que intenta controlar la nave. Este domingo esperan en casa al Real Oviedo de Fernando Hierro. El entrenador del primer equipo, exdelantero de Real Madrid, Real Zaragoza, Atlético de Madrid, Juventus y River Plate, entre otros clubes, recibe a EL ESPAÑOL en el feudo getafense. Tiene ganas de explicar el presente y recordar su pasado, incluso el capítulo más cruel, el que le golpeó hace cuatro años.

En los entrenamientos del Getafe, charlando con Toni, el director deportivo, y con Ángel Torres, el presidente, se le ve serio, preocupado. Las cosas no van nada bien.

Es evidente que no es el inicio de campeonato que yo me esperaba, y que necesita el club, y que necesita la afición. Normalmente soy una persona seria, pero suelo crear un ambiente más distendido. La situación no está bien, el tema es lo suficientemente serio como para estar así. Los estados de ánimo uno no los puede manejar. Lo que no podemos perder son las ganas de revertir la situación, y eso está intacto.

¿Se lleva los enfados para casa?

Es imposible no hacerlo. El que logra ese cambio de humor del trabajo a casa será “un distinto”. Yo no puedo. Todo lo que a mí me preocupa en el equipo repercute en mi humor diario y en mi casa también.

¿Nota más presión, según su experiencia, por conseguir títulos en el Real Madrid o por lograr el necesario ascenso a Primera del Getafe?

Creo que la presión se la pone uno mismo. Y cada uno tiene sus objetivos. La presión es mayor dependiendo de cómo lo tome uno. Nosotros tenemos mucha presión encima, pero tenemos que ser capaces de trabajar y jugar con esa presión. Yo mismo me exijo muchísimo, y exijo a los que tengo al lado, porque creo que tenemos futbolistas con nivel importante, y me incluyo, como para dar más de lo que hemos dado hasta ahora.

Dos imágenes se me vienen a la mente de Juan Eduardo Esnáider como jugador. La primera, el debut en el Real Madrid, sustituyendo a Alfonso, y dándole dos besos. Se me quedó grabado.

En Argentina esos besos son muy normales. Lo sigo haciendo. Es muy nuestro. Me llevaba muy bien con Alfonso, teníamos casi la misma edad, jugábamos juntos en el filial.

La otra imagen es su golazo en la final de la Recopa [Arsenal-Zaragoza, 1995], con un remate surgido de la nada, de repente, casi como usted.

Fue un control no demasiado bueno, pero logro que la pelota quede en mi poder y golpeo. La pelota sale a donde sale. Salió ahí. Un muy buen gol. Un momento de mi vida extraordinario.

Desde esa época, en Zaragoza, ídolo total.

En Zaragoza, todos los de aquella plantilla, Nayim por el gol que hizo, y yo por haber participado en algunos otros, tenemos una relación con la ciudad y con la gente extraordinaria. Nos juntamos mucho y cuando nos juntamos nos lo hacen ver.

Y esta temporada, en la Liga 123, Getafe y Real Zaragoza grandes rivales. ¿Imagina un playoff y arruinar el ascenso a su Zaragoza?

Ojalá que no. Ojalá que estemos los dos con situaciones tranquilas cuando nos enfrentemos.

EL CAMPEONATO DE SU VIDA, Y SUS EQUIPOS

Viajemos un poquito más atrás en el tiempo. Antes de la Recopa, antes del debut. Aquel Campeonato Sudamericano Sub20 de 1991 en Venezuela, donde explota. ¿Cómo explicaría a los aficionados españoles lo que significa ese torneo?

Para mí era la oportunidad de mi vida. No había otra cosa más importante que ese torneo. No había otra cosa más importante que la selección argentina. Aparte de lograr el objetivo de ser futbolista profesional. En ese torneo vi la oportunidad de poder hacer lo que yo quería, además de salir de una situación económica muy baja y poder ayudar a mi familia. Se mezclaban muchísimas cosas en ese torneo y en esa selección.

Había compañeros y rivales ilustres en aquel Sudamericano Sub20 del 91. ¿A quién recuerda mejor?

Mauricio Pochettino, Mauricio Pelegrino, Nacho González, que jugó en Las Palmas. Había un grupo importante. Muchos lograron jugar a nivel nacional. Como rivales, Paolo Montero, en Uruguay. Tuvimos guerra ahí pero después terminamos siendo grandes amigos en la Juve. El Milán fichó a Élber, delantero brasileño que luego jugó en el Bayern de Munich muchos años. Fuimos los dos máximos goleadores del torneo. El entrenador de Chile era Pellegrini. Me lo recordó él una vez que nos encontramos. 'Me hiciste dos goles en un Chile-Argentina', me dijo.

Dos meses después aterrizaba en Barajas, porque en ese campeonato estaba con la libreta un tal Vicente del Bosque. ¿Le llegó a conocer en persona allí?

Sí, allí estaba él. No le llegué a conocer en ese momento, pero fue el que pasó el informe positivo mío. Cuando llegué me dijeron que había sido él el que había pasado la información para que me contrataran. Tengo la suerte de mantener la relación con él. Son tipos que para el crecimiento de uno mismo son buenísimos. A mí particularmente me llena de orgullo conocerlo, y a parte me interesa cada cosa que dice.

Conoce bien al pasado dorado del madridismo, Del Bosque, y al rabioso presente, Zidane, con quien compartió vestuario en la Juventus. ¿Esperaba un rendimiento tan rápido de él como entrenador o con una plantilla tan buena lo hace cualquiera?

Lo sencillo sería decir que entrenar al Madrid es fácil. No, no lo es. Tienes facilidades en algunas cosas, técnicas, tácticas, que los jugadores te resuelven, y eso en algunas plantillas tienes que trabajarlo mucho más. Pero saber llevar ese vestuario, manejar los egos de todos esos nenes, no es fácil. Él tiene una personalidad muy clara, es muy sincero, entrañable. A través de esa forma de ser va a llegar y llega a los futbolistas. Con su honradez y enfrentando las situaciones de cara.

Esnáider da indicaciones desde la banda técnica.

Esnáider da indicaciones desde la banda técnica. Getafe CF

¿Lo de sentir los colores es cosa del pasado? ¿Ha sentido los colores de todas las camisetas que ha vestido?

En cada equipo por el que pasé tuve una historia particular. Importante en algunos y en otros muy importantes. Por ejemplo, mi paso por el Oporto fue breve, no me llegué a sentir importante en el equipo. Es normal que no tenga sentimiento de pertenencia con ellos. El Real Madrid fue mi casa durante mucho tiempo, fue el equipo que me trajo a España y me dio la oportunidad de ser futbolista. Tengo muchísimos amigos allí y un gran cariño por el club. Pero en el Atlético de Madrid solo estuve un año y también me sentí muy bien. Sentía una conexión con la gente que no sentí en muchos equipos. En Zaragoza, porque ganamos títulos y la relación con el equipo era única, aún hoy tenemos contacto entre nosotros. En el Espanyol viví un año y medio extraordinario. En la Juve jugué poco, sí, pero estuve dos años y me hicieron sentir muy importante. Conocí un club que en aquel momento era el más grande en el que había estado. Lo imposible es sentir los colores del Madrid como Sanchís, Míchel y Butragueño. O como sienten el Barça tipos como Xavi o el mismo Messi. La profesionalidad, eso sí, está por encima de eso.

¿Y por qué nunca jugó en Racing de Avellaneda, su equipo del alma?

Estuve a punto y, por una decisión errónea –ahora lo veo pasado el tiempo– no fui. Tuve la oferta y yo quería ir a Racing. Pero se metió River Plate de por medio.

¿Con más plata?

No, no, al contrario. Lo que pasaba es que River jugaba la Copa Libertadores, y era una competición que quería disputar, sentía curiosidad.

EL DURO GOLPE DE HACE CUATRO AÑOS

Al sentarse cerca de Juan Eduardo Esnáider y compartir con él unos minutos, es fácil descifrar el significado para él de las palabras amistad, compañerismo y familia. Él defendería a su gente con pintadas de guerra y un cuchillo entre los dientes. Por eso es inevitable tantear su estado de ánimo después del duro golpe familiar que hizo tambalear la garra que siempre le ha caracterizado.

Se acerca el cuarto aniversario del desgraciado fallecimiento de uno de sus hijos, Fernando, con tan solo 17 años.

Sí, y para mí no es fácil hablar de ello.

¿Se llega a superar alguna vez?

Ante la muerte de un hijo, ahí yo creo que no tiene cojones nadie. En una situación como esta no hay persona que pueda soportar. No se llega a superar jamás. Yo creo que no lo voy a superar en mi vida.

¿Y su mujer?

Bueno, ella tiene más cojones que yo. Es muy fuerte. Pero no, no lo superaremos nunca más. Lo que estamos tratando de hacer, a día de hoy, es aprender a convivir con eso. A no tener a Fernando, a no tenerlo con nosotros.

¿Se había parado a pensar alguna vez en lo que venía después de la muerte?

No, soy bastante escéptico en ese sentido.

Él nació en Zaragoza, y sentía los colores. ¿Siente su presencia todavía?

Lo que siento es su ausencia. Su ausencia es dolorosísima. El extrañarlo, el no tenerlo, el saber lo que se ha perdido todos estos años. Lo que me he perdido yo. Eso no se supera nunca más. Eso es así.