Premier League

Payet, el hacedor de obras de arte y golazos

El último lo anotó en el empate contra el Middlesbrough (1-1), pero no le permite a su equipo salir del descenso. Lejos quedan aquellos días en los que no se encontró a gusto sobre el terreno de juego.

Payet, en el un partido con el West Ham.

Payet, en el un partido con el West Ham. Reuters

  1. Dimitri Payet
  2. West Ham United FC

Las obras de arte no se producen todos los días. Aparecen, pero no avisan. Llegan como algo fortuito, como por sorpresa. Y sacan un ¡ooooh! de esos que suenan al unísono entre las paredes de una habitación, al finalizar un libro, en un teatro o en un campo de fútbol. Da un poco igual. Lo importante es que, de vez en cuando, el ser humano puede disfrutar de ellas. Así sea de aquellos pases inverosímiles de Laudrup, de las ruletas de Zidane o de los quiebros de Payet. El último, un gol ‘maradoniano’ de esos que no dejan descansar al bucle. Un tanto que tiene su origen en la banda y bebe de un control sublime, una arrancada sin control y hasta cinco regates. Todo para un empate, el del West Ham ante el Middlesbrough (1-1), que no le permite salir a su equipo del descenso.

Payet pinta ya canas, pero su fútbol no palidece. Suma dos goles esta temporada y es, sin duda, el líder de su equipo. Sin embargo, ahora es cuando aparece en la agenda de los grandes. Su vida, quizás, no le ha permitido explotar hasta hace poco, cuando ya busca los 30 con la mirada. Y él lo asume como algo normal. Sabe lo que le costó llegar a la élite, lo ‘vándalo’ que fue durante parte de su niñez y los disgustos que le causó a sus padres. En primera instancia, cuando abandonó Isla Reunión, a once horas de vuelo de París, para fichar por el Saint-Pierroise, donde coincidió con Horau y Sinama Pongolle. Allí, brilló, pero no lo suficiente. Eso sí, a los 16 años, el club lo mandó a su casa de nuevo. ¿La razón? No era tan bueno como para jugar en Segunda división.

Volvió junto a sus padres, pero no se rindió. Firmó por el Nantes y consiguió llegar al primer equipo. Y, desde entonces, fue avanzando. Muy lentamente, pero lo hizo. Encadenó goles y asistencias, motivó alabanzas y buscó quiebros. Sumó minutos y acumuló clubes: pasó por el Saint-Ettienne, por el Lille y dio el gran salto en el Olympique de Marsella. Cumplió con las expectativas y abandonó Francia con 65 goles en su cuenta. Y, a partir de ahí, se volcó en conquistar la Premier con su fútbol.

Payet fichó por el West Ham y explotó definitivamente el curso pasado. En su primera temporada, marcó 15 goles y, sobre todo, dio 17 asistencias. Y empezó a acumular frivolités cada fin de semana, buscando sin cesar la convocatoria para la Eurocopa de Francia. Y allí que acudió para marcar tres goles, como su compatriota Giroud, y, de paso derramar unas lágrimas en su debut, tras darle la victoria a su selección contra Rumanía (2-1). Y lo hizo, obviamente, como sólo sabe él, con un disparo que le quitó -literalmente- las telarañas a la escuadra.

Y, esta temporada, sigue en buen estado de forma. El francés ha acabado con todos sus fantasmas pretéritos y, además, lo ha hecho a base de buen fútbol. Y, sobre todo, con golazos, como el que anotó en la Copa de la Liga ante el Accrington (1-0). Una de sus muchas obras de arte. A veces, fortuitas, o casuales, pero siempre visualmente atractivas. Esas que, de momento, le sirven a su equipo para intentar eludir el descenso. Y a él, quién sabe, si el billete hacia otro destino. A sus 29 años o cuando desee. Lo importante, en este caso, es que el fútbol no lo pierda.