Eurocopa de Fútbol 2016

Las razones de la separación Del Bosque-Casillas

La transición en la portería española no fue tan dulce como parecía. Tras haberle sostenido durante años, el todavía seleccionador rompe su código de comportamiento y señala al portero por su mala asimilación de la suplencia.

Vicente del Bosque e Iker Casillas durante la concentración previa a la Eurocopa.

Vicente del Bosque e Iker Casillas durante la concentración previa a la Eurocopa. Efe

Ni España era tan buena como pareció contra Turquía, ni la transición en la portería española fue tan dulce, ni Iker Casillas se comportó como el capitán ‘ejemplar’ que sólo pensaba en el grupo durante la reciente concentración en Francia. Las declaraciones de Vicente Del Bosque a la cadena Ser en la madrugada del viernes produjeron estupefacción en la Federación Española de Fútbol.

El seleccionador, por primera vez en ocho años y a un mes de su retirada, señala en público a un jugador por su actitud y rompe su código de comportamiento. “Estuvo perfecto con los compañeros, pero no con el cuerpo técnico”, dijo el técnico. “Por eso al único que no le he mandado un mensaje ha sido a Casillas. Me sabe mal conmigo, pero también por Javier Miñano (preparador físico) o Toni Grande (segundo entrenador). Con el resto ha sido perfecto. El enfado ha sido con nosotros”.

La amargura del todavía seleccionador proviene del cambio de actitud del portero, a quien ha mantenido por encima de discusiones durante los dos años de ataque despiadado a su figura (suplencia en el Oporto incluida) e incluso antes, cuando Víctor Valdes aspiraba al cetro de mejor guardameta del mundo. Del Bosque estaba convencido de que Casillas sabría ser suplente, como le había dejado caer hace casi un año. A nadie le sorprendió más el vídeo de despedida que publicó en redes sociales (“No sé dónde, pero me voy”):

Casillas había mostrado continuamente su camaradería con los futbolistas durante la Eurocopa: bromas con jugadores del Barça, celebraciones efusivas, cercanía permanente en los entrenamientos. Empezó a labrarse piezas periodísticas que refrendaban su talante modélico. Por debajo, el resentimiento con el cuerpo técnico se cursaba en formato de distancia y silencio. Por si quedaban dudas sobre aquella extraña filtración antes del partido contra Croacia, Casillas se negó a jugar ese partido ‘de consolación’.

“El titular es De Gea”, le espetó a José Manuel Ochotorena, el preparador de porteros, cuando este le sondeó. Como la absurda polémica respecto al dedo de Piqué durante el himno, el presunto incidente fue olvidado en plena resaca de las quejas públicas de Pedro y tras la estocada de Perisic. Había bastante más en juego que la vieja amistad entre el portero y el seleccionador campeones del mundo.

Varias personas cercanas aconsejaron durante este año al técnico salmantino que no convocase a Casillas, como medida profiláctica: la exposición mediática del portero no traería nada bueno al equipo. Del Bosque reaccionó como en Brasil: ante todo, la lealtad. Sólo la falta de respeto a este código de honor explica su embestida postrera, envuelta (eso sí) en palabras de esperanza: “Casillas no me ha decepcionado. Le tengo mucho aprecio. Tengo un recuerdo desde que lo conocí a los 9 años. Conozco a sus padres desde los tiempos de la Ciudad Deportiva, cuando lo llevaban a entrenar”. Sin embargo, es el único jugador al que no ha enviado un mensaje anunciando su despedida. Ni siquiera se despidieron en Barajas.

El tortazo después de la euforia

“Me sabe mal”. Del Bosque nunca dudó de que Casillas colaboraría con un relevo fluido y pacífico para cerrar el mayor debate futbolístico de España. Durante una semana larga, entre Chequia y Croacia, España vivió en una nube: el prestigio recuperado, la armonía entre los jugadores, el cambio de portero y las dudas sobre el ‘9’ de España definitivamente resueltas. Algo se resquebrajó antes del partido contra los balcánicos: primero la ‘rajada’ de Pedro, después la chulería de Casillas con Ochotorena. Después el gol de Perisic. El equipo flaqueaba y el capitán ya no se sentía parte de él.

Apeado del torneo y de la 'Roja', las declaraciones de Del Bosque agrian la jubilación del seleccionador con mayor porcentaje de victorias en la historia del fútbol y la del portero que encabezó una Selección cuya forma de ver y jugar influyó en todo el planeta. Quizá 167 internacionales no debieron terminar así y, en efecto, “no hemos estado acertados o hemos metido la pata”, como aventuró el entrenador.

Quizá se equivocó otra vez, como en 2014, al no impulsar la renovación inmediata del equipo. En el entramado de lealtades que rige las relaciones en el fútbol, Casillas parece haber fallado en su último servicio a la Selección, que se preparaba ya para homenajearlo como lo que es: el hombre que aupó a España en 2008 con aquellos penaltis contra Italia y la salvó en el Mundial 2010 con el penalti contra Paraguay: méritos que ni su declive posterior ni la batalla del ‘mourinhismo’ contra su figura harán desaparecer. Su condición de ‘capitán ejemplar’, en cambio, sí queda en entredicho.