Eurocopa de Fútbol 2016

Löw se ‘ríe’ de los periodistas (y quizás lleve razón)

En su penúltima rueda de prensa (a la última no acudió por un dolor de garganta) recriminó a la prensa buscar de nuevo una polémica efímera tras el empate contra Polonia (0-0). Necesita reaccionar ante Irlanda del Norte para evitar la caída. 

Joachim Löw, en el empate contra Polonia.

Joachim Löw, en el empate contra Polonia. Reuters

El siglo XXI, cada vez más, es una búsqueda de resultados a la que le importa poco el método. Da un poco igual que el ámbito de actuación sea el de la empresa o el del deporte. La paciencia, bendita en algunas ocasiones, ha dejado de ser una virtud, sobre todo, cuando se habla de fútbol. Esa ‘enfermedad’ llamada inmediatez la ha sufrido Del Bosque y trae de cabeza a Joachim Löw, ese técnico que hace apenas dos años se proclamaba campeón del mundo con Alemania en Brasil -y al que ahora no se respeta como se debería-. Entonces, obviamente, consumió loas en papel de periódico. Sin embargo, ahora, tras un partido más que mejorable de su equipo contra Ucrania (2-0) y un empate contra Polonia (0-0) el runrún de las polémicas, los debates etéreos y las dudas han regresado. ¿Hasta cuándo? Dependerá de su resultado ante Irlanda del Norte (18:00 horas).

Joachim Löw, a estas alturas, después de 10 años al frente de la selección, no puede hacer otra cosa que 'reírse' de lo que publican sus compatriotas. Y así lo dejó entrever en la penúltima rueda de prensa (en la última, en la previa ante Irlanda del Norte, cedió el testigo Thomas Schneider, su segundo). Y lo hizo porque no es la primera vez que escucha las mismas críticas. Alemania, con él como entrenador, disputa su quinto torneo. Pues bien, sólo ha ganado un segundo partido, en la Eurocopa 2012, cuando derrotó a Holanda (2-1). Por tanto, a nadie le debería preocupar en demasía ese empate ante Polonia. Sin embargo, el técnico germano no se ha librado de las quejas ajenas, no sólo por su 'tocamiento', sino también por el juego de los suyos.

La principal polémica es tan etérea que tiene que ver con el liderazgo en su equipo. Una vez que Lahm decidió cerrar su etapa en la selección y que Schweinsteiger está en horas bajas, la prensa busca un líder, pero no lo encuentra. Algo, por supuesto, que no comparte Joachim Löw: “Este debate siempre se repite, pero no me interesa. En 2014 también se decía lo mismo y luego todos los jugadores se convirtieron en líderes. Aquí basta un empate para que se cuestione el rendimiento...”, sentenció.

En realidad, en cualquier gran selección ocurre lo mismo. Un mal resultado (sea empate o derrota) hace saltar todas las alarmas. Y así es en Alemania, donde se habla, también, del cansancio de los jugadores. “No hay ningún problema físico”, confesó el técnico. Y lo cierto es que, sea como fuere, el problema de la Mannschaft tiene más que ver con lo futbolístico que con lo físico. O, al menos, así lo dejó entrever en su último partido. Con Polonia encerrada en su campo, los germanos no encontraron la llave para hacerles daño. ¿Y cuál es la opinión de Löw respecto a eso antes del partido contra Irlanda del Norte? No se conocerá hasta después, pues el técnico no acudió a la rueda de prensa previa por un dolor de garganta.

En cualquier caso, todas las polémicas se cerrarían con una victoria contundente ante Irlanda del Norte, lo que le aseguraría a Alemania el pase como primera de grupo. Y para ello necesitan a Thomas Müller, que todavía no ha conseguido abrir su cuenta anotadora en esta Eurocopa. Delantero, por cierto, que también fue crítico con el runrún levantado en torno a la selección. “En Alemania sólo se estuvo feliz con el 1-7, claro que entonces era difícil no estarlo”, reconoció. Ya saben, la inmediatez, la paciencia o lo que quieran. Esa ‘enfermedad’ llamada siglo XXI que sólo es capaz de curar el presente. La misma que estuvo a punto de acabar con Luis Aragonés antes de la Eurocopa de 2008, con Guardiola tras el primer partido de Liga contra el Numancia o con Luis Enrique tras la debacle de Anoeta. Lástima que el futuro, a veces, se encargue de recordar el pasado. Por eso, quizás, la mejor receta consiste en 'reírse' de todo, como Joachim Löw.