Eurocopa de Fútbol 2016

La Eurocopa pone a prueba la transición de España

Han pasado dos años desde el Mundial de Brasil, pero la selección sigue sin encontrar relevos indiscutibles a sus estrellas jubiladas. Casi todo genera dudas: el estilo, la portería, el mediocampo y hasta Vicente Del Bosque. 

Del Bosque reflexiona en el banquillo durante el partido contra Georgia.

Del Bosque reflexiona en el banquillo durante el partido contra Georgia. Reuters

Lo dijo esta semana el seleccionador del país anfitrión, Didier Deschamps: “España no domina como antes, pero sigue como favorita”. Fuera de España, nadie se atreve a descartar al campeón de las dos últimas ediciones. Dentro de España, el pesimismo es general. Hay una duda que atraviesa a una afición mal acostumbrada y crecientemente desencantada: ¿Es responsabilidad del seleccionador este debilitamiento progresivo del equipo, o será que los jugadores llamados a reemplazar a Xavi, Alonso, Villa o Puyol sencillamente no son tan buenos?

Desorientada por amistosos estériles, la selección no emociona. Su juego viene siendo una pálida copia del estilo que maravilló al planeta fútbol durante cuatro años. Falta también nervio, profundidad, precisión en los mecanismos colectivos y líderes sobre el césped. La red de jugadores utilizados sigue perteneciendo a la élite del fútbol mundial (Ramos, Piqué, Busquets, Iniesta, Silva, Cesc), pero desde que se marchó Xavi la selección parece una orquesta desvaída tocando partituras repetitivas a falta de director. Se puede golear a Corea y perder en casa cuatro días después contra Georgia. O jugar mal durante 90 minutos seguidos, como en el amistoso contra Italia de marzo, y demostrar que ya no somos necesariamente mejores que ellos.

La principal crítica a Del Bosque es su renuencia a ‘jubilar’ a futbolistas con los que llegó a lo más alto: un código de lealtad que mantiene a Casillas, a Cesc o a Pedro en lugar de dar la oportunidad a savia nueva con el hambre intacta. Los capitanes del grupo siguen siendo veteranos: Casillas y Ramos. Hace una década, Luis Aragonés despidió a la generación de Raúl, lo que le deparó críticas feroces durante mucho tiempo. Un mes antes de la Eurocopa 2008 su nombre era pisoteado en media España: insultos que desaparecieron milagrosamente tras la final contra Alemania. Había sido fiel a una idea (el toque, la escuela barcelonista) y a una ambición: romper el techo de cristal que siempre condenaba a la ‘Roja’ a fracasar en el instante decisivo.

OLVIDAR MARACANÁ

La ambición del prudente Del Bosque en esta Eurocopa está aún por ser manifestada, pero el campeonato ha de servir para rematar la renovación iniciada tras aquella dolorosa derrota contra Chile, en Maracaná, el 18 de junio de 2014. Hay jugadores llamados a abanderar esa regeneración que no han dado la talla, como Isco, y otros que han sido víctimas del conservadurismo del salmantino, como Saúl. Entre los presentes, este campeonato deshojará definitivamente la margarita sobre si el fútbol español puede confiar definitivamente en Thiago y Koke para reemplazar a Xavi y Alonso… O si debe seguir buscando.

El debate en la portería parece cerrado, aunque la obstinación del seleccionador en colocar a Casillas (que terminó la temporada siendo suplente en el Oporto) sólo le da problemas. En la delantera, cada día se echa más de menos a David Villa. El magnífico Aduriz difícilmente será una solución de futuro, pero podría condecorar su carrera con un torneo explosivo si ha llegado en óptimo estado físico. España se aferra al genio de Nolito, debutante a sus 29 años, y a la posibilidad de que Morata cierre por fin un debate eterno: jugar con un ‘nueve’ o dos (incluso ninguno) y saber por fin quién es ese delantero centro titular de garantías.

Nolito se lamenta tras la derrota contra Georgia.

Nolito se lamenta tras la derrota contra Georgia. Reuters

La inyección de esperanza de la goleada contra Corea recibió muy pronto el antídoto de la derrota contra Georgia. Ramos, siempre valiente ante los micrófonos, afirmó que el toque de atención les viene mejor antes de comenzar los partidos oficiales. España perdió su primer partido del Mundial 2010 contra Suiza y no le sucedió nada: había sido fiel a su estilo y siguió siéndolo hasta el final. Contra Georgia no hubo ni resultado ni estilo: apenas una versión desmejorada y rancia de aquella ‘Roja’ emocionante.

Aun jugando mal, la selección figura entre las cinco favoritas para ganar la Eurocopa (casas de apuestas como William Hill la señalan como favorita de su grupo y la colocan en dos de las tres finales más probables del torneo). Es una muestra del respeto conquistado desde 2008. Será quizá ilusorio esperar una tercera victoria encadenada en un torneo que sólo España ha ganado dos veces seguidas, pero el aficionado sí puede y debe reclamar que de Francia salga una selección rearmada, renovada, identificable, vistosa y con nervio. Algo que permita soñar con un buen Mundial 2018 y que haga a Del Bosque recuperar el justo crédito que lentamente va perdiendo entre la hinchada. Como dijo al aterrizar en la Rochelle Sergio Ramos, “tenemos que volver a ilusionar a la gente”.