Europa League

El arrebato del Sevilla lo hace campeón de la Europa League

Espectacular remontada de los andaluces ante el Liverpool (1-3) con un segundo tiempo de leyenda. Coke, con dos goles, salvador del equipo español, que gana el torneo por tercera vez consecutiva.

El Sevilla levanta la Europa League.

El Sevilla levanta la Europa League. Reuters

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Reza el famoso himno del Sevilla que su equipo nunca se rinde, que el arte de su fútbol no tiene rival. En Basilea, ciudad de la siempre neutral Suiza, pudieron comprobarlo. Los hispalenses volvieron a demostrar ante Europa que su compromiso con la Europa League es firme. Pasan de amantes a, oficialmente, la boda. El Sevilla es otra vez campeón de la competición.

Y lo hizo de la manera más meritoria y épica de todas. Remontando al Liverpool, que se presentaba favorito en la final, con una segunda parte de leyenda, de esas que se recordaran por tiempo. Una segunda mitad que pasará ya a la historia del fútbol europeo por una reacción de equipo grande.

Quinta Europa League (dos eran Copa de la UEFA, anterior denominación) y tercera consecutiva. Estas tres siempre con Emery al mando, que también se reivindica, tras un año en el que desde la capital andaluza se le volvió a señalar, sobre todo por su mal rendimiento fuera del Pizjuán.

La victoria es más celebrada por como se dio. El Sevilla resistió a un Liverpool que en la primera parte se pudo ir con un 3-0 y acabó con un 1-0 que acabó siendo más que insignificante. Perdonaron mucho los ingleses, sobre todo en los últimos quince minutos del primer tiempo, en el que los andaluces se agazaparon atrás, buscando un descanso que acabó siendo su salvación.

Gameiro celebra su gol en la Europa League.

Gameiro celebra su gol en la Europa League. Reuters

Fue una primera parte marcada por las manos que el Sevilla cometió en sus áreas. Hasta tres veces sus jugadores sacaron la mano, dos de manera clara, y ninguna las vio Ericson, el árbitro sueco del partido. De eso se salvaron los españoles. Pero lo que no pudieron evitar fue el gol de Sturridge, una obra de arte desde la frontal del área. En ese momento nadie hubiera pagado un euro por este Sevilla. Bien se equivocaron.

El fútbol es tan imprevisible, y a la vez tan bonito, que en veinte segundos cambió todo. Fue el tiempo que pasó desde que el árbitro pitó el inicio de la segunda parte y Gameiro empató el partido. Pocas veces un descanso sirve para tanto en lo referente a los equipos y para tan poco si hablamos de entrenadores, sobre todo para Klopp. Todo lo que pudo planear se le vino abajo a los veinte segundos.

Mariano, que había fallado en el primer gol al no estar pendiente de Sturridge, se marcó la carrera de su vida por la banda y regaló el gol a Gameiro, que como buen killer estaba ya preparado en el área para empujar el balón. Tanto cambio el partido, que el Sevilla empezó a 'maniatar' al Liverpool y le dominó de forma más aplastante que lo había hecho el equipo inglés en la primera parte.

La volvió a tener tres minutos después Gameiro y, cuando el Liverpool pretendía volver a controlar el partido y parar la sangría, se volvió a encontrar con otro mazazo ya imposible de superar. Coke se inventó otro golazo, precisamente en el mismo lugar en el que Sturridge puso el 1-0, tras una gran jugada de Vitolo, abandonado por Del Bosque en su lista para la Eurocopa.

El capitán Coke marcaba el gol más importante de todos, dando la vuelta a la final y dejando tocado a un Liverpool que firmó su defunción. Klopp no podía creer el bajón de su equipo, que se disolvio cual azucarillo en un desvanecimiento que le cuesta el título. Peor fue cuando seis minutos, otra vez Coke, confirmaba el arrebato.

Fue la jugada polémica que vio al peor Klopp, que explotó ante el árbitro, buscando mitigar el repaso táctico que le dio en la segunda parte. También contribuyó a ello la diferencia en el criterio arbitral. El linier pitó fuera de juego de Coke, pero la realidad es que el balón que le llegó al futbolista español venía precedido de un pase de la defensa del Liverpool. El colegiado sueco hizo gala de su poder y corrigió a su asistente. Era gol. Terminaban así los siete minutos maravillosos del Sevilla.

Coke celebra su gol en la Europa League.

Coke celebra su gol en la Europa League. Reuters

No quedó otra que dejar pasar los minutos y saborear su Europa League, la que mejor sabrá por la entidad del rival y por la forma en la que se ha conseguido. Los últimos diez minutos quedaron para el fervor de una afición que, con el himno por bandera, cayó también en las gradas a los siempre files hinchas ingleses.

Y así acabó. Con el Rey Juan Carlos en el palco, y Villar de maestro de ceremonias tras el adiós de Platini, el Sevilla levantó al cielo de Basilea su tercera Europa League consecutiva. Deberá plantearse la UEFA si a esta competición no la deben cambiar su nombre por la de, directamente, Torneo Sevilla Fútbol Club. 

Por ahora, la victoria en Basilea también les lleva a la Supercopa de Europa en agosto (ante Atlético o Real Madrid) y a la próxima Champions, con pase directo. Y, además, les hace soñar con otro Doblete que corone a este Sevilla como el equipo más exitoso de la última década en España. Porque después de la resaca de Basilea, vendrá Madrid y vendrá la Copa. Puede ser la borrachera total de un equipo histórico.