Bundesliga

Uli Hoeness, el corrupto más amado de Múnich

El expresidente del Bayern sale de prisión en libertad condicional tras 637 días en la cárcel por evasión fiscal (28'5 millones de euros). Se especula con su regreso como máximo mandatario del club.  

Uli Hoeness le da la mano a la Canciller Angela Merkel.

Uli Hoeness le da la mano a la Canciller Angela Merkel. Getty Images

El 13 de marzo de 2014, la Audiencia Provincial de Múnich condenó a Uli Hoeness –por entonces presidente del Bayern– a tres años y medio de cárcel por evasión fiscal (28’5 millones de euros). Este lunes, tras pasar casi dos años entre rejas, ha recibido la libertad condicional sin que nadie le reproche nada. Todo lo contrario, la afición del conjunto bávaro le volvería a dar mañana mismo el control del club y una buena parte de la prensa, como el diario germano Die Welt, en una columna de opinión escrita por su redactor jefe Lars Wallrodt, le pide que regrese por el bien de la Bundesliga. ¿Por qué? En gran parte, por su labor en el apartado económico –aunque pueda sonar contradictorio–, pero hay mucho más.

Para explicar las razones toca volver al principio. Un día después de ser condenado, Uli Hoeness se declaró culpable. Aceptó la pena, asumió su error y dimitió. Ese fue el primer gesto que le honró ante la sociedad bávara. El segundo llegó desde el club. El 14 de marzo, Guardiola saltó a la palestra y apoyó al expresidente, máximo responsable de su fichaje y quizás la persona que más le ayudó a su llegada: “Nunca he visto a un dirigente que sea tan querido en estos nueve meses. He comprobado lo importante que es para el club y el gran equipo que ha construido. Merece un respeto por el trabajo que ha hecho. Es mi amigo”, concluyó.

Tras las palabras de Guardiola, 24 horas más tarde, en el partido contra el Leverkusen, el Allianz Arena respaldó a Hoeness. La afición bávara coreó su nombre en el descanso y al final del encuentro. ¿Raro? Quizás. De hecho, buena parte de la sociedad alemana criticó aquel gesto. Pero poco le importó a los seguidores muniqueses que, una vez más, salieron en apoyo de su expresidente. ¿Por qué? Para comprenderlo hay que echar la vista aún más atrás.

En concreto, toca volver a 1979, año en que toma el cargo. Entonces, Uli Hoeness (Ulm, 1952), hijo de un padre carnicero y dueño de una fábrica de salchichas en Núremberg, se convierte en presidente. Y lo hizo siendo una incógnita en lo económico, pero con un buen aval deportivo a sus espaldas, como exdelantero del Bayern y campeón con Alemania de la Eurocopa del 72 y el Mundial del 74. Sin presión, con la conciencia tranquila y un reto gigantesco por delante: acabar con la deuda de siete millones de marcos que tenía el club.

Uli no hizo mucho ruido a su llegada. Se encerró en su despacho y se puso a trabajar. Como buen alemán, sin prisas, pero cumpliendo con los objetivos año a año. Logró acabar con las deudas, aumentar el número de socios (más de 100.000 actualmente) y, antes de ingresar en prisión, levantó dos Champions como presidente (2001 y 2013). Sin embargo, su gran obra fue el Allianz Arena, cuyo patrocinio expira en 2041. Un estadio, por cierto, que tuvo un coste de 340 millones de euros en 2005 y que Hoeness dejó completamente pagado antes de entrar en prisión (llegó a un acuerdo con Allianz para hacerla tercera máxima accionista del club y que a cambio terminara de pagar el recinto deportivo).

Ahora, en libertad condicional, podrá regresar si quiere a hacer lo que le gusta. De hecho, desde 2015 sólo tenía que pasar las noches en la cárcel y trabajaba en las categorías inferiores del Bayern durante el día. Eso sí, tras su salida, parece que se tomará unas vacaciones y se alejará de las cámaras, aunque se especula con que podría estar en el Allianz el próximo miércoles en el partido contra Mainz. ¿Y luego? En principio, el 13 de marzo debería reaparecer en el homenaje a Heynckes en Mönchengladbach. Allí, pronunciará un discurso, tal como se lo ha pedido el exentrenador del Bayern, con la esperanza (para algunos) de que vuelva. A pesar de sus manchas…