Copa del Rey de Fútbol

El Celta, a semifinales de la Copa del Rey 15 años después

Da la sorpresa ante el Atlético de Madrid en el Calderón (2-3). Guidetti y Pablo Hernández, con un doblete, marcaron los goles. 

El Celta celebra el gol de Guidetti.

El Celta celebra el gol de Guidetti. EFE

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El aficionado del Atlético, durante esta temporada, podría haberle echado en cara a su equipo la excesiva dependencia de Griezmann para resolver los partidos. O la falta de claridad en ataque. O cualquier otra cosa. Pero nunca se le hubiera pasado por la cabeza acusar a los suyos de fallar en defensa. Y seguramente tampoco se lo echará en cara después de que éstos cayeran en la Copa del Rey contra el Celta (2-3). Sería injusto. Pero lo cierto es que sorprende la actuación de la retaguardia por un motivo en particular: hasta ahora, el conjunto del Cholo Simeone había recibido ocho goles en la Liga, pero ante los vigueses, en el Calderón, se llevó tres (dos de Pablo Hernández y uno de Guidetti). Una barbaridad para lo que establece la rutina.

Y lo cierto es que pocos se lo hubieran imaginado. El Atlético, desde el principio, adelantó la línea de presión, controló y creó ocasiones. En concreto, dos de Saúl -de largo el mejor de su equipo en la primera mitad- que merecieron mejor suerte. Sin embargo, golpeó primero el Celta. Pablo Hernández se fajó de la marca de Gabi y remató a puerta. Quizás la peor noticia para los colchoneros. O la más extraña, pues llevaban sin recibir un gol en casa desde el 13 de diciembre. Pero da un poco igual. Los rojiblancos se tuvieron que colocar el mono de trabajo, echarse la manta a la cabeza y buscar el empate antes del descanso. Y así lo hicieron. En una acción aislada, Carrasco se sacó un disparo desde fuera del área, la pelota botó delante de Rubén y el rechace le cayó a Griezmann, que no falló, tal y como acostumbra.

No cedió el Atlético en el arranque de la segunda, pero tuvo que frenar en seco. O mejor dicho, lo paró el Celta con dos golazos. El primero, de Guidetti, que recogió la pelota lejos del área, la controló, sacó un zambombazo y colocó la pelota en la escuadra. Un tanto que, por ósmosis, dejó callado al Calderón, tan aletargado como su equipo. Pues poco después, de nuevo, apareció Pablo Hernández dentro del área para marcar el tercero de cabeza. Y fin de la historia. Porque de poco le sirvió al Atlético la entrada de Óliver Torres, desaparecido durante un buen tiempo y recuperado para la causa en esta vuelta de Copa del Rey. Ni tampoco el gol de Correa en los últimos minutos. No era el día para el milagro ni el equipo rival estaba dispuesto a permitirlo.

En definitiva, el Celta, que un día fue sorpresa y al siguiente revelación, ha dejado de ser todo lo anterior para convertirse en un equipo firme de cara a luchar por la Copa del Rey. Estará en semifinales 15 años después. ¿Demasiado tiempo? Quizá el justo para que la proeza forme un poso donde anticipar una gesta aún mayor. Quién sabe. Lo cierto es que el conjunto de Berizzo va camino de hacer historia. Y, sobre todo, cree que la puede hacer. Y a ver quién se atreve a quitarles la ilusión a estos tíos…