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Benítez esquiva la destitución en Mestalla

Benítez salva su tercer ‘match-ball’ tras empatar 2-2 en Mestalla después de una primera media hora magnífica y de acabar con diez hombres por expulsión de Kovacic.

Rafa Benítez, en Mestalla.

Rafa Benítez, en Mestalla. Reuters

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Rafa Benítez, visto lo visto, comienza el año con buen pie: el entrenador madridista escuchó este domingo en Mestalla los primeros aplausos dirigidos a él en varios meses y moderó los rumores de destitución tras un partido muy intenso con fases de control. El partido comenzó entretenido y a buen ritmo, concentrado el Madrid y en tensión el valencianismo: Neville no ha cosechado ninguna victoria todavía y el equipo ocupa la peor clasificación en una década. Mestalla pidió penalti ya en el minuto 5, tras una jugada de Cancelo y Alcácer, y no dejaría de protestar durante el partido entero. Reservó, eso sí, modales de anfitrión para Benítez, el entrenador más laureado de la historia ché: el fondo norte desplegó una enorme pancarta agradeciéndole “los mejores años de nuestra vida”.

La primera media hora de juego mostró a un Madrid mucho más compacto, sin tanta distancia entre líneas, agobiando al rival en la salida del balón y aprovechando las pérdidas de balón locales para salir a toda prisa. Ronaldo escuchaba abucheos cada vez que tocaba el balón, Benzema se replegaba para participar más y Bale se afanaba en contradecir a los que denuncian falta de esfuerzo defensivo de la ‘BBC’.

Con Parejo de cerebro y André Gomes de pulmón, el Valencia dio la cara: el primero pudo incluso estrenar en el minuto 9 a la salida de un córner. Mestalla aplaudía el esfuerzo local. Pero los galácticos no venían de vacaciones y llegó el maravilloso gol de Benzema en el 16: apertura del francés a la derecha, taconazo de Bale a Ronaldo en la frontal del área y dejada sublime del portugués para la entrada del 9 por su carril. Una reivindicación de una ‘BBC’ muy cuestionada.

El gol desconcertó al equipo local, y durante el siguiente cuarto de hora cualquier pérdida de balón valencianista produjo taquicardia. Ronaldo esprintaba en defensa. Los visitantes se gustaban; llevaban media hora jugando como un equipo y Mestalla seguía obsesionado en polémicas menores para gritar “¡Así gana el Madrid”! Benítez, en la banda, hacía gestos de seguir juntando líneas. Un gran Kovacic encarnaba el cambio, pero resultaba casi conmovedor ver a Benzema ayudando como interior en defensa, la presión arriba, todo el equipo corriendo a la vez después de semanas indolente.

Una oportunidad clarísima de Cancelo en el minuto 30 recordó a los blancos que no habían conseguido nada. El ritmo, no obstante, empezó a descender, hasta que llegó el torpe penalti de Pepe a Gomes y Mestalla explotó con el gol de Parejo. Un minuto antes el árbitro había perdonado un penalti claro a Bale. El Madrid se iba con mala sensación al vestuario: no había vuelto a generar claras ocasiones pese a su dominioLa segunda parte comenzó exactamente igual que la primera: muchas pérdidas de balón valencianistas y un Madrid que volvió al foco, a la presión, al robo de balón y a la salida rápida, propulsado por Kovacic y con un Cristiano participativo y generoso mientras le duró la gasolina. Parecía un calco de lo ya vivido: al dominio del Madrid oponía Parejo la pausa y Cancelo la chispa. Los ches iban metiéndose en su área, pero el dominio blanco no se consolidaba.

Gomes dio un susto a Keylor Navas y Cristiano otro a Jaume tres minutos después, antes de que Benzema fuera reemplazado por Lucas Vázquez y el francés saliera del campo entre gritos de “Valbuena”. En el 68 llegó la jugada del partido: una dura entrada con los dos pies de Kovacic a Cancelo motivó la expulsión del joven croata, hasta entonces el mejor de su equipo, que ponía una enorme presión sobre Rafa Benítez.

Fue el momento de sacar a relucir la casta y el momento que eligió Luka Modric para adueñarse del equipo, en ataque y en defensa. En el minuto 81 el madridismo se hizo una piña en la banda después de que Bale rematase antológicamente una falta lanzada por Kroos y volviese a certificar su magnífico estado de forma. El Madrid rozaba la gesta en el peor momento para su técnico. Duró apenas unos segundos la euforia, lo justo para que Alcácer cabecease a bocajarro una cesión de Rodrigo y confirmase la endeblez de los centrales madridistas, un asunto que seguro ocupará a Benítez esta semana.

El partido terminó desenfrenado, con ocasiones para ambos equipos y un paradón salvador de Navas a Negredo en el minuto 92. El Madrid no aprovechó el resbalón del Barcelona, pero la buena noticia para Benítez es que sigue teniendo tiempo para trabajar. Sus hombres jugaron como un equipo durante casi una hora y ofrecieron señales de esperanza a su afición. El valencianismo terminó ovacionando a los suyos tras un partido de año nuevo a la altura de las expectativas.