Champions League

Griezmann bien vale un pase a octavos de final

Dos goles del francés contra el Galatasaray (2-0) clasifican al Atlético. Se jugarán el pase como primeros contra el Benfica y en Lisboa.

Griezmann celebra el primer gol / Kiko Huesca / EFE

Griezmann celebra el primer gol / Kiko Huesca / EFE EFE Vicente Calderón

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Puede que el Atlético no enamore con su juego. Quizás, incluso, no sea el conjunto más divertido de ver sobre el césped. Eso sí, posiblemente sea el equipo más pragmático del continente. Las cosas hay que contarlas como son. Para qué andarse con rodeos. Y lo cierto es que así le va bien. Se puede discutir su estilo, pero no los resultados. A estas alturas, después de conversaciones sesudas en los periódicos sobre la falta de gol o la poca creatividad del centro del campo, el conjunto del Cholo Simeone aparece como segundo en la Liga y se jugará el pase a octavos de final de la Champions como primero de grupo contra el Benfica y en Lisboa. Y lo hizo, obviamente, después de una nueva victoria, esta vez contra el Galatasaray (2-0). Lo dicho, sin brillar, pero con una productividad que sería la envidia de cualquier empresa alemana -puede que hasta de alguna española-.

Esta vez, le bastó con controlar a los turcos, mover la pelota sin fallar los pases y esperar el momento adecuado para meter mano a su rival. O lo que es lo mismo, para hacer el primero, que llegó en el minuto 12, con la firma del de siempre: Antoine Griezmann, que recibió un buen centro en el corazón del área y la puso dentro con la testa. Y ya está. Después, el Atlético sólo tuvo que cumplir con su deber: mantener la solidez defensiva, presionar a la salida del balón y buscar incesantemente el segundo gol. Y con eso fue suficiente. Porque lo cierto es que el Galatasaray no está en sus mejores días. Ni siquiera lo aparenta. Eso hay que aceptarlo. Por mucho que en otro tiempo presumiera de ser dueño de un infierno en su estadio y de un equipo competitivo; la realidad es que ahora no les queda nada de aquello. Tan solo Sneijder y Podolski infunden algo de respeto, pero ambos perdieron su esencia hace tiempo.

En ese contexto, y ante tal rival, el Atlético, algo espeso durante el primer tiempo, perdió los complejos en el segundo. Esta vez, hasta acabó con su único mal esta temporada: la falta de acierto de cara a puerta. Contra el Galatasaray sí cerró el partido. De nuevo, con un gol de Griezmann. Eso sí, esta vez sólo tuvo que empujarla. Gabi le tiró un caño a su par, lo dejó mirando a la grada y se la puso al francés para que rematara la faena. ¿Y después? Al banquillo. El Cholo le dio descanso a él y a Tiago; y dio entrada a Óliver y a Vietto. Y el equipo ni lo notó. Si acaso, le echó más ganas. Incluso, estuvo a punto de aumentar la ventaja en un disparo de Koke que atajó Muslera.

Con el partido resuelto, poco más le quedó por hacer al Atlético, que se fue a dormir con la clasificación en el bolsillo y la posibilidad de colocarse primero en la última jornada. Aun así, eso da igual. Lo realmente importante es que el equipo sigue creciendo. Cada partido, cada minuto y contra cada rival. La evolución es tan real como evidente. Ante el Galatasaray, creó ocasiones, sentenció el partido y, de nuevo, dio muestras de una solidez defensiva al alcance de pocos en Europa. Y quizás no sea el Bayern de Múnich o el Barcelona. Y puede que no juegue tan bien ni dé tanto espectáculo. Pero el Atleti infunde respeto y, a veces, eso es suficiente para que a uno lo tomen en serio.