El Clásico

Toda la presión para Rafa Benítez

Si el Barça gana y saca 6 puntos al Madrid, ya no habrá estadísticas que salven al entrenador blanco de la insurrección.

Reuters

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Con la probable excepción del jefe de seguridad del Santiago Bernabéu, nadie sentirá más presión este sábado que el entrenador local, Rafa Benítez. La vida se reacomoda lentamente al grado 4 de alerta antiterrorista y en Madrid se vuelve a hablar de fútbol. El Real Madrid ni juega bien ni es líder ni es ya el único equipo imbatido de Europa. Sólo ha perdido un partido (el último, en Sevilla), pero su encuentro anterior contra el PSG (pese al milagroso 1-0) fue lamentable. Las discrepancias entre el entrenador y algunos destacados miembros de la plantilla han trascendido definitivamente en los días previos al choque entre Real Madrid y Barcelona.

En la correspondiente rueda de prensa previa al partido, Benítez tachó este viernes de mentiroso a un periodista radiofónico que certificaba la supuesta reunión mantenida recientemente entre las estrellas del vestuario blanco y el técnico para forzar un cambio en el estilo de juego madridista, en línea con la opinión mayoritaria: tengan o no razón, es innegable que jugadores, directivos y afición piden un juego “ofensivo”. El entrenador acudió dos veces este viernes a la frase “Llevo 25 años en esto y no me ha ido tan mal” para zanjar las preguntas sobre la presunta conspiración de su vestuario.

Hace sólo dos semanas el Madrid podía presumir en la Liga de su imbatibilidad, de no haber ido nunca por debajo en el marcador, de ser líder y de haber recibido menos goles que nadie. Hoy todavía es el máximo goleador de la competición. Sin embargo, el crédito del entrenador madrileño con fama de defensivo que nunca entusiasmó a la afición está seriamente dañado y se agotaría con una derrota, pese a su liderato en el grupo A de la Champions.

Al Bernabéu las segundas partes este año se le hacen largas. Carente de vistosidad, el Madrid ha sido ante todo un bloque consistente, un equipo donde todos (menos Cristiano) se vacían en el trabajo defensivo y que en algunos partidos (Bilbao, o París) emitió señales de auténtica compenetración en una fase todavía temprana del calendario. Ahora que emite las primeras señales serias de alarma en un club hiperexigente, Benítez habrá de decidir si mantiene el pulso con su entorno o renuncia a algunos principios para agradarle. 

Enfermería vacía

Nadie puede negar al entrenador que 12 jugadores han pasado por la enfermería de Valdebebas en estos tres meses; el Clásico será, de hecho, su segundo partido con toda la plantilla disponible. En público se muestra imperturbable: “Lo que más me preocupa es lo que está sucediendo a nivel mundial, solidarizarse con las víctimas, ya que es bastante grave y preocupante. En cuanto a los aspectos futbolísticos y al tema de Sevilla, es el primer partido que perdemos. Llegar a esa situación con un equipo con los problemas que hemos tenido y hacerlo tan bien como en el primer tiempo tienen que reafirmar cuál es el camino”.

El Barça aterriza en Concha Espina con tres puntos de ventaja y el impulso anímico de la vuelta de Lionel Messi después de dos meses, aderezada por el regreso de Rakitic. “El Madrid tiene juego corto, tiene juego largo, tiene transiciones, tiene estrategia, es uno de los mejores equipo de Europa y, por lo tanto, del mundo, pero no creo que sean superiores a nosotros”, afirmó Luis Enrique en su comparecencia ante la prensa.

El entrenador blanco atiende a los medios antes del Clásico.

El entrenador blanco atiende a los medios antes del Clásico. Efe

El ambiente en Barcelona es relativamente distendido: Acosado por escándalos judiciales y la prohibición de fichar jugadores hasta diciembre, lastrado por la lesión del ídolo y el regusto de aquel 4-1 en Balaídos, los de Luis Enrique han sabido navegar el temporal bajo el comando de Neymar y Luis Suárez: veinte goles llevan entre ambos desde que la 'Pulga' se lesionase la rodilla. No se sabe aún si Messi será o no titular, pero la sola presencia del brasileño y del uruguayo provocarán taquicardia en unas gradas preocupadas por el hombro de Sergio Ramos, cada día más cerca de una operación pero empeñado en jugar infiltrado los grandes partidos.

El regreso de Marcelo, el mejor jugador blanco estos tres meses (con permiso de Modric y Benzema), tranquilizará seguramente a la línea defensiva y a Benítez. El parón de selecciones y los atentados de París han alejado el recuerdo de la última semana de competición para los blancos, que dejó un pésimo partido contra el PSG y la clara derrota frente a un Sevilla zarandeado durante 30 minutos que terminó siendo claramente superior. Benítez había logrado silenciar los bostezos de una afición hiperexigente con datos. Sus últimos 180 minutos agotaron sus comodines. Benítez insiste en que su equipo es el más goleador del campeonato (26 goles), pero la temporada pasada el Madrid había marcado 42. Casemiro, una de las revelaciones de este inicio de temporada, encarna su filosofía a la perfección: orden, solvencia, equilibrio defensivo y sencillez. El acusado protagonismo de la segunda revelación, Keylor Navas, es reflejo de los males que incubaba el equipo.

Cristiano, en horas bajas

Los sucesos de estos días han borrado también la figura de Cristiano Ronaldo, acechada por su apatía y sus gestos públicos de desafección. Su desconexión del equipo es aún más patente desde la lesión de su socio Benzema. Juega por deseo propio todos los minutos en Liga y Champions: no obstante, su peso en el equipo ha descendido de forma preocupante esta temporada. Tira a puerta bastante más que el año pasado, pero su acierto ha bajado notablemente. Mete un 50% por ciento de goles menos que en la última temporada (1,4-0,7 por partido), según datos de Opta Sports. Remata tres veces más a puerta que Benzema, por ejemplo, pero sólo ha metido dos goles más que el francés (habiendo jugado el doble de partidos). Contra el PSG no tocó un solo balón dentro del área francesa.

CR7 y su posible salida acentúan la incertidumbre blanca; el club empieza a aceptar la posibilidad de traspasarlo a los 31 años que tendrá en junio. Pero hay más factores: Benzema arrastra el rastro del escándalo sexual y su implicación en el chantaje a Valbuena; James Rodríguez (la ilusión del Bernabéu) dice que está muy bien, pero Benítez sólo lo confirma con la boca pequeña; Ramos intenta esquivar la operación de hombro; algunos jugadores están enfrentados con el cuerpo médico; Radio Marca perjura que los jugadores se reunieron con su entrenador para convencerle de un cambio. Y sólo se han jugado 11 jornadas.

Hay todavía mucha oscuridad en torno a las alineaciones titulares, alimentada por la incertidumbre respecto al estado físico de las estrellas que vuelven de lesiones: Messi, Benzema, James, Rakitic o Marcelo. Benítez no quiso dar ni una pista sobre su táctica prevista y Luis Enrique tampoco: sólo dijo que “Busquets es el jugador más inteligente que he tenido la suerte de entrenar” y que “el Bernabéu es el mejor escenario para un jugador culé. No hay nada más estimulante que ganar al eterno rival en su casa”.

El ex capitán blanco Manuel Sanchís afirmaba el viernes en la cadena COPE que “la continuidad de Benítez no pasa por este partido”: la aclaración refleja el ambiente enrarecido que hay en Chamartín, incluso algo brusco para ser noviembre, después de que el Madrid haya sido líder durante un mes. Para el preparador madridista estos 90 minutos son más importantes que para ninguna otra persona, con la probable excepción del jefe de seguridad del Santiago Bernabéu. Llega a Madrid el tridente más peligroso del mundo.