FC Barcelona

La dictadura de Luis Suárez

Marca los dos goles en la victoria contra Las Palmas (2-1). Messi se retiró lesionado.

Luis Suárez

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Hay una ley, la implantada por Messi, que no se discute mientras él está en el campo. Él manda desde la medular, llega al área, mete los goles, tira las faltas y hace de líder. Eso, con él sobre el terreno de juego, no se pone en duda. Pero claro, sin el argentino, que se marchó lesionado en el minuto nueve, la otra ley la impone Suárez. De cabeza, por abajo, llegando desde atrás o apareciendo en la frontal. Da igual. Él, él y él. Con dos goles, el uruguayo aplastó a Las Palmas, que, a pesar de no perderle la cara al partido, fue incapaz de meterle mano a la defensa del Barça, demasiado dubitativa todavía en determinados momentos del partido.

Poco importó el planteamiento inicial. O lo preparado durante la semana. O que Mascherano hiciera de Iniesta. O lo que fuera. Luis Enrique tuvo que cambiar sus planes nada más empezar y cambiar a Messi, lesionado, por Munir. Y el Barça, que lo habría echado de menos otro día, no lo hizo contra Las Palmas. Su figura la sustituyó un Luis Suárez sin control, que apareció en la punta del ataque, en la frontal del área y, sobre todo, devoró a la defensa de Las Palmas. Sus dos goles podrían haber sido cuatro o cinco de no ser por Javi Varas.

Obviamente, como cuando el argentino comparece sobre el campo, Suárez también necesitó socios. El primero de ellos, Sergi Roberto, cada vez más seguro como lateral derecho, que le puso a Luis un balón medido en la cabeza para que comenzara su recital. Y, ya en la segunda parte, asociándose con Munir, que le sirvió el balón del doblete en bandeja.

Todo lo anterior, escrito en positivo, sucedió en ataque. La cruz se forjó en defensa. Ya en los minutos finales, con un balón perdido por Mascherano en el centro del campo que acabó en gol de Jonathan Viera. Los hombres de atrás tiemblan de nuevo cuando llegan hombres al contraataque. Porque sí, el Barça, arriba, sigue funcionando. Pero, claro, abajo no para de dar disgustos. Sucedió en Vigo y estuvo a punto de hacerlo contra Las Palmas. ¿La duda? Hasta cuándo puede aguantar el Barça con la enfermería completa y los fichajes esperando en la grada hasta enero.