Giro de Italia

Greipel triunfa, saluda y se marcha

El dominador de las llegadas masivas del Giro se marcha a casa con tres triunfos en el zurrón para escaquearse de la alta montaña.

Greipel celebra su victoria en la 12ª etapa del Giro.

Greipel celebra su victoria en la 12ª etapa del Giro. EFE

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Este jueves en el Giro era el día del látigo. ¿Qué es el látigo? Cuando un grupo de ciclistas toma una curva, el primero lo hace sin apenas perder velocidad. El segundo también, pero deja de pedalear unas décimas de segundo antes para generar una distancia de seguridad con el primero. El décimo ya se ve forzado a tocar el freno para no frotar su rueda delantera con la trasera del noveno. El trigésimo tiene que frenar bastante más, y se ve obligado a acelerar al salir de la curva para no perder el rebufo del ciclista que le precede. Los últimos del grupo directamente tienen que esprintar tantas veces como curvas haya. Eso es el látigo.

En el circuito final por las calles de Bibione, un bello pueblo costero a las orillas del Véneto cuyo héroe local Franco Pellizotti no puede participar en este Giro porque su Androni Giocattoli no ha sido invitado debido a sus ‘affaires’ de dopaje, tenía 14 curvas en apenas 8 kilómetros. Por ellas el pelotón temía esta jornada pese a su perfil llano: por el látigo que generaría y por el peligro de andar todos compactos, a toda velocidad, peleando por la posición para evitar las caídas y con ello aumentando el peligro de sufrirlas.

Vistas las previsiones de lluvia, la organización de la ‘corsa rosa’ tomó la sabia decisión de neutralizar la carrera en la última vuelta. Esto es: los tiempos para la general se tomarían en el penúltimo paso por meta, permitiendo así a los corredores sin interés por el sprint ahorrarse ese rato de estrés. Así, sólo una treintena de corredores disputaron los últimos ocho kilómetros de competición mientras el resto del pelotón pedaleaba tranquilo hasta completar el trámite y marcharse a su autobús.

Lotto-Soudal tomó la cabeza del pelotón nada más llegar a Bibione pensando en André Greipel, pichichi de la carrera con dos victorias y dominador de los sprints desde que se retiró ‘Apolo’ Kittel. Pese a las acometidas de Lampre o Trek, el ‘treno’ de Lotto no descarriló; pese a la velocidad pura de Caleb Ewan (Orica-GreenEdge), el ‘Gorila’ no falló.

Greipel se anotó su tercer triunfo y, acto seguido, refrendó las intenciones expresadas en la víspera de marcharse a casa. “Ya he conseguido bastantes éxitos en este Giro y tengo muchísimos retos pendientes en lo que resta de temporada”, alegó en la tele italiana mientras los tertulianos le afeaban el hecho de se retirara portando la ‘maglia rossa’ de líder de la clasificación de la Regularidad. “Debería honrarla igual que se honra el maillot verde del Tour”, bramaba el seleccionador transalpino Davide Cassani.

No obstante, la retirada de Greipel es comprensible. Este viernes empieza la alta montaña, el terreno para los escaladores. Aunque queden dos o tres posibles sprints, arrastrar 80 kilos por los puertos alpinos y dolomíticos teniendo ya tres victorias en el palmarés y habiendo por delante un Tour, una Vuelta y un Mundial propicio para los velocistas es un desperdicio de fuerza. Los esprinters menores como Ewan o Hofland, así como los locales Trentin, Modolo o Nizzolo, continuarán en carrera buscando alzar los brazos.

El luxemburgués Bob Jungels (Etixx-Quick Step) llega así con la ‘maglia rosa’ al fin de semana definitorio del Giro d’Italia. La media montaña de mañana, la alta del sábado y la cronoescalada del domingo darán la oportunidad a la decena de contendientes que está a menos de tres minutos de su preciada posición de atacarle.