CICLISMO

Todos los caminos llevan a San Remo

El primer Monumento de la temporada e inicio de la Primavera se disputa este sábado con un amplio ramillete de favoritos.

John Degenkolb se impone en la Milán-San Remo de 2015.

John Degenkolb se impone en la Milán-San Remo de 2015. Getty Images

  1. Alejandro Valverde
  2. Peter Sagan
  3. Vueltas ciclistas
  4. Italia

¿Qué es Milán-San Remo? “La carrera más bonita”, contesta Vincenzo Nibali. “La clásica más fácil de acabar y la más difícil de ganar”, dice Mark Cavendish, ganador en 2009. “Nunca sabes qué va a pasar, y ahí radica su belleza. Da igual que corredores o equipos estén en la pomada: no sabes cómo va a resolverse hasta el último kilómetro”, abunda el británico. “Es una lotería”, resume Fabian Cancellara, que la domó en 2008.

Los italianos la llaman La Classicissima por ser la clásica entre las clásicas, la más larga, la primera de la serie de cinco Monumentos (le siguen Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja e Il Lombardia) en torno a los cuales enfocan su temporada los especialistas en pruebas de un día.

También La Primavera porque su celebración coincide con el final del invierno y supone a la vez la primera gran cita de una campaña en la que, según los puristas, todo es entremés hasta que el pelotón emboca la Cipressa en el camino hacia la Via Roma de la turística San Remo, donde acaba la fiesta.

Milán-San Remo son 300 kilómetros, pero en realidad todo se decide en los últimos 30. Antes sólo hay tanteo, una travesía desde el corazón de Lombardía a la costa de la Liguria simbolizada por el ahora abandonado túnel del Turchino, una subida que se corona en el ecuador de la carrera y desde cuya cima se ve el mar. Es el anticipo de un in crescendo a la vera del Mediterráneo, siete horas que se resuelven en poco más de media.

Tres repechos denominados Capos dejan paso a la Cipressa, que se inicia a 27 kilómetros de meta y se corona a poco más de 21. Es una subida blanda, poco más de un 5% más un tramo de falso llano. Sin embargo, es la más dura de la carrera: llega cuando el pelotón lleva mucha tralla en las piernas, está precedida por una aproximación donde la lucha por la posición obliga a una velocidad frenética y la sigue un descenso complejísimo donde un riesgo de más lleva al ciclista al suelo.

Entonces llegan nueve kilómetros de llano. “Son interminables”, contó Vincenzo Nibali en La Gazzetta dello Sport; “Si estás solo, mueres”. Como bien sabe Lo Squalo, las ofensivas desatadas en la Cipressa suelen morir en ese tramo. La última vez que un ataque lanzado allí llegó a meta fue en 1996.

Y sin embargo, los corredores lo siguen intentando porque saben que endurecer la carrera es la única forma de mermar a los velocistas de cara a la última y definitiva subida, el Poggio, una ascensión si cabe más amable que la Cipressa, pero mortífera porque los menos rápidos la afrontan a fuego. Se corona a poco más de cinco kilómetros de meta; 5 herraduras de vertiginoso descenso después, los ciclistas arriban a la Via Roma. Ahí se sacan los últimos números de la lotería de la gloria.

De Cancellara a Valverde

La gran virtud de la Milán – San Remo es su aura. Un triunfo aquí justifica una carrera deportiva. Filippo Pozzato es un buen ejemplo de esto: un dechado de virtudes que ganó esta carrera en 2006, con 24 años, y desde entonces sólo ha ganado una clásica de primera división, el menor GP Ouest France de Plouay. Ahora apura sus últimas pedaladas profesionales en el modesto Southeast-Venezuela, en el cual compite para promocionar su marca de ropa.

Es una lotería, y todos los corredores de primera línea mundial se consideran capaces de ganarla. Eso explica la presencia de vueltómanos como el citado Nibali (Astana) o como el murciano Alejandro Valverde (Movistar Team), que esperan imponer su clase en Cipressa o Poggio frente a motores de gran cilindrada como los de Cancellara (Trek-Segafredo) o el campeón del mundo Peter Sagan (Tinkoff), que recientemente conmocionó en La Gazzetta que no sabía que esta carrera existía hasta que pasó a profesionales. El actual maillot arcoíris es un hereje y lo proclama a los cuatro vientos por afán de travesura.

Pese al ramillete de atacantes que aspiran a la Primavera, los grandes favoritos suelen ser los sprinters. Superar el millar y medio de vatios con 300 kilómetros y una decena de milimoles de lactato en las piernas es un reto titánico sólo al alcance de los mejores y más fuertes.

Ahí puntúan alto Alexander Kristoff (Katusha), ganador en 2014; Greg van Avermaet (BMC), uno que llega en estado de gracia tras endosarle el sambenito de segundón a Sagan; el insolente Nacer Bouhanni (Cofidis), número uno entre los outsiders; o el brillante Michael Matthews (Orica-GreenEdge), favorito del pelotón toda vez que el vigente campeón, John Degenkolb, no participa por mor de la desgraciada caída que arrasó en enero a su equipo, Giant-Alpecin.

Entre los aspirantes a la sorpresa destacan dos jóvenes veloces: Fernando Gaviria (Etixx-Quick Step), campeón de la pista que está impresionando en la carretera, y Niccolo’ Bonifazio (Trek-Segafredo), uno que sube el Poggio 200 veces al año aprovechando que le pilla a sólo 40 kilómetros de casa.

Por parte española, un nombre: Juanjo Lobato (Movistar Team), que cuando debutó en esta carrera hace dos temporadas fue capaz de terminar cuarto y puede aparecer pese a haber comenzado la temporada menos fino de lo esperado. Milán – San Remo será retransmitida este sábado a partir de las 14:30 horas por Eurosport y Teledeporte, con su final previsto a las 17:00.