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Un vecino de Villanueva de la Serena debuta con los Lakers

José Manuel Calderón, uno de los mejores bases de la historia del baloncesto español, se estrena en su 12ª temporada en la NBA

José Manuel Calderón, en su debut con los Lakers.

José Manuel Calderón, en su debut con los Lakers. Getty Images

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No es normal ser un tipo tan normal cuando la vida te ha colocado en un pedestal, cuando sabes que eres una referencia y lo has ganado casi todo. Hace diez años, por ejemplo, la Selección Española de baloncesto celebraba la épica conquista del Campeonato del Mundo de Japón. José Manuel Calderón, que volvía engalanado de su primera temporada en la NBA con Toronto Raptors, estaba allí. Como jugador novato había conseguido hacerse hueco en la liga con 23.2 minutos por partido, dirigiendo bien al equipo pero lanzando poco a canasta. Firmó unos números de 5.5 puntos, 4.5 asistencias y 2.2 rebotes cada noche en su curso de estreno.

En aquella celebración del famoso “Ba-lon-ces-to” de Pepu Hernández, en la madrileña Plaza de Castilla, Calderón también dedicó palabras a los aficionados. Según él, un poquito de esa copa correspondía a cada aficionado. Bien entrada la madrugada, al fondo del local en el que tenía lugar la obligada fiesta privada de la Selección, algún aficionado trasnochador le recordó con sorna la frase, pero hablando de otro tipo de “copas” –sí, algo tan grande se estaba celebrando a lo grande–. Le pedían generosidad con esas copas que se estaban tomando por allí. Calderón, amable, cordial, sonriendo, entrando en el juego, pero bastante alejado de las inevitables exageraciones de la celebración que le rodeaba, respondió al instante: “Claro, ahí lo tenéis, serviros lo que queráis.” Estaba enormemente feliz, aunque sin perder la compostura. Se controlaba como si estuviera en la fiesta de cumpleaños de cualquiera de sus hijos. Ni un solo exceso.

Lo excesivo, claro, el summum de cualquier amante y practicante del baloncesto –excepto para él, que lo lleva como la cosa más normal del mundo– es comenzar ahora la duodécima campaña en la NBA, habiendo pasado por equipos gloriosos como Detroit Pistons, Dallas Mavericks o New York Knicks, y recién aterrizado en Los Angeles Lakers. La NBA post Kobe Bryant, Tim Duncan y Kevin Garnett. El base extremeño analizaba para EL ESPAÑOL esta nueva era en la última rueda de prensa antes del comienzo del show: “Son jugadores con los que hemos crecido en los últimos quince o veinte años. Lo bueno de esta liga es que se han ido tres grandes pero es que ahora hay otros tres de los que hablaremos dentro de otros quince años. Lebron o Curry llegarán a ese nivel, o muy cerca.”

IRSE DE CASA CON TRECE AÑOS

Los que ahora vibran con Lebron y Curry, y miran de reojo a Calderón, con 35 años recién cumplidos, quizá no conozcan la historia de uno de los mejores bases de la historia del baloncesto español. Una historia que comienza en su pueblo, en el Colegio Miguel de Cervantes, y avanza en la selección extremeña, en la cual era uno de los habituales. “Jugando un Campeonato de España de selecciones autonómicas le vio un ojeador del Tau. Les interesó, les llamó la atención, y apostaron por él”, cuenta a este periódico su hermano Carlos, tres años menor que él.

“Se fue de casa, a Vitoria, cuando era muy niño, con 13 años, pero siguió ejerciendo de hermano mayor. La decisión era dura. Yo era muy pequeño y quizá no lo sufrí tanto, pero mis padres, sí.” Su hermano, ahora, es consciente del riesgo de la situación. “Fue una decisión muy difícil la que tomaron, luego se vio que acertada. Era una apuesta importante de toda la familia. Él estaba muy ilusionado con ir y a mis padres siempre les ha gustado el baloncesto. Por suerte salió bien todo”.

El único profesor que queda en el colegio de los que le dieron clase es casualmente el profesor de inglés, Antonio Rubio, cuyas lecciones le habrán venido de perlas todos estos años. Ya por aquel entonces “no tenía ningún problema con el idioma”, recuerda el maestro. “Había una canción que trabajábamos y que le motivaba mucho: Basket case, de Green Day. Le hicimos un homenaje uno de los veranos de sus primeros años en la NBA, cuando aún estaba en Toronto, y esa canción sonó. Se emocionó mucho.”

Y es que aunque Calderón huya de los excesos, el salto es excesivo a ojos de cualquiera. Ahora, en los Lakers, tras debutar en la temporada regular –no pudo estar presente en los dos primeros partidos por una molestia en un gemelo; se estrenó con derrota ante los Thunder de Westbrook, con cinco minutos muy malos. Por cierto, Westbrook se marcó otro triple doble–, analiza su momento con pausa e ilusión. “En los Lakers he notado una sensación de paciencia, porque han ganado muchas veces y conocen los periodos de reconstrucción, saben cómo se tienen que hacer las cosas, cómo se forma de nuevo un equipo con aspiraciones.” En estos Lakers recién salidos del horno ahora marcan el paso veinteañeros como Brandon Ingram, Jordan Clarkson o D´Angelo Russell –que lo dejó claro en el primer partido gritando tras anotar un triple con falta: “This is my house” [Esta es mi casa]–.

Será interesante ver también la pelea por el máximo de minutos posibles entre Calderón y Marcelinho Huertas, que ya estuvo el año pasado en Los Angeles. El tema de conversación favorito de todos los seguidores, en cambio, mira un poquito más al norte en la misma costa: San Francisco, los Warriors y el fichaje que riza el rizo. Calderón se deshace en elogios: “Han añadido a uno de los mejores jugadores de la liga, es otra arma más [Kevin Durant]. Serán mucho más difíciles de defender. Son agradables de ver, es increíble cómo lo hacen.”

SIEMPRE CERCA DE SU TIERRA

La normalidad de Calderón, explicándose, relacionándose, viene de serie. “Siempre fue y sigue siendo muy sociable, muy abierto. Sigue manteniendo sus amigos de aquí. Cada vez que viene se queda cuatro o cinco meses aprovechando el calendario de la NBA. Su segunda residencia es esta.” Esta normalidad, sin embargo, desaparece en cuanto se echa un vistazo a su curriculum –no el deportivo, archiconocido por todos los seguidores, sino el otro–: Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, Medalla de Oro de Extremadura, Medalla de Oro, por supuesto, de Villanueva de la Serena y Embajador de Unicef. Todo esto al margen de estar gestionando y desarrollando los proyectos de la Fundación José Manuel Calderón, junto con Inés Hurtado –su cuñada– y su hermano Carlos. “La Fundación nace de él, idea suya, y tiene todavía muchas más en la cabeza. Nos plantea esas ideas y a partir de ahí trabajamos los demás para que salga medianamente bien.”

En Villanueva de la Serena todo el mundo está encantado de verle pasear por allí. Es uno más del vecindario en esos meses de descanso entre temporada y temporada en los que José Manuel Calderón practica el tiro en las canastas del Polideportivo José Manuel Calderón. Lo que se siente en una paradoja como esa solo deben sentirlo él y otros pocos elegidos como él. Ya les tiene acostumbrados aunque muchas veces hay curiosos, de pueblos cercanos: “Siempre causa un poquito de revuelo, pero para la gente del pueblo es muy habitual verle de cerca”, dice su hermano. El Campus que organiza su Fundación es una de las principales actividades en las que invierte el tiempo, y ya se ha convertido en todo un referente a nivel nacional.

Teniendo en cuenta esta cercanía a su tierra y al país, en esa última rueda de prensa previa al inicio de la liga, EL ESPAÑOL le pidió una reflexión sobre la diferencia de formatos entre Estados Unidos y España, y si aquí podría funcionar lo de allí, para dar mayor sentido a una liga ACB que pierde poco a poco seguidores e interés. “Este formato en Estados Unidos funciona muy bien, cada año está mejor. Es difícil saber si funcionaría en España. Habría que cambiar todo desde la base, y eso es mucho cambio. En España se están intentando hacer cosas nuevas y ojalá vayan poco a poco enganchando más a la afición, porque la hay”. También hizo hincapié en un detalle que, aunque le duela, es real y se ha convertido en un arma de doble filo. “Ahora somos muchos españoles en la NBA y, sin querer, hacemos competencia a nuestra propia liga española”.

Que nadie sueñe de momento, por desgracia para nuestra liga, con un regreso a España de Calderón para sudar aquí sus últimos años en activo. Tiene cuerda para dos o tres años más en la NBA, según sus propias palabras, y el año que viene es agente libre, por lo cual podrá elegir destino con un objetivo –aunque sea con rol de veterano jugador de refresco–: el anillo de campeón. “Sería lo ideal para afrontar la parte final de la carrera deportiva”, comenta su hermano Carlos, esperanzado. “La parte económica, por suerte, no es lo más importante ni lo primordial para él, y luchar por ganar a todos los deportistas les gusta.”

Ganar es la profesión de este vecino de Villanueva de la Serena. Un vecino que por fin ha debutado con los Lakers. Un vecino normal y corriente, lejos de las fiestas vips, la fama y el falso glamour. Un jugador de baloncesto extraordinario, un tipo único.