EUROLIGA

Al Madrid le basta con ser él mismo en el último cuarto

En un partido europeo de más sombras que luces, los hombres de Laso se impusieron al Unics Kazan acelerando en el tramo final (89-75).

Anthony Randolph penetra a canasta ante el Unics Kazan.

Anthony Randolph penetra a canasta ante el Unics Kazan. EFE

Hasta los estudiantes más aplicados tienen días de esos en los que las sábanas se pegan sin remedio, ir al colegio cuesta un mundo y las preguntas del profesor no dan pie a levantar la mano. De “¡Cinco minutitos más, mamá!”, sueño infernal y silencio sepulcral en clase. Pero, al final y aun perezoso, el alumno vuelve a aplicarse, aunque le cueste más que de costumbre. Con cara de póquer porque hoy no le apetece nada seguir la rutina diaria, pero cumpliendo a la hora de la verdad. A esa caraja del que se sabe bueno y suele demostrarlo, tan peligrosa, tuvo que hacer frente el Real Madrid contra el Unics Kazan ruso. Otra visita de un equipo situado en la zona baja de esta Euroliga, otra victoria con sufrimiento, como ante el Galatasaray. A regañadientes y para nada tan a pleno rendimiento como en otras jornadas, pero victoria al fin y al cabo (Narración y estadísticas: 89-75).

El que nos ocupa fue un encuentro feo. Mucho. En el Palacio se están abonando un tanto al bostezo en los últimos compromisos europeos domésticos. Y eso que el Madrid intentó poner la directa en el marcador en el primer cuarto. Se lo permitía el correr, lo que mejor se le da a los de Laso. Una velocidad ofensiva siempre posibilitada por la defensa, que mandó buenas señales para los blancos nada más arrancar. Los puntos de Maciulis y la sapiencia interior de Ayón y Reyes eran sustento suficiente.

Pero todo el buen trabajo de los primeros minutos, amenazando la decena de renta, se fue al traste en un segundo cuarto digno de una buena cabezada. La que se echó el Madrid, cuya perdición en ataque aprovechó el Unics para volver a meterse en el partido. Tan insulso que Llull (da espectáculo hasta con las 'mandarinas' que no valen) y Langford no brillaron en exceso. Por parte visitante, era un día más propicio para los Parakhouski, Banic y Colom de turno. Con mucho parón y tiro libre, el aburrimiento estaba definitivamente instaurado.

Tuvo que aparecer Anthony Randolph para mitigarlo (sólo un poco), a golpe de tapón y de su mucha clase bajo tableros. La que también pusieron en liza Othello Hunter y, por fuera, un Jaycee Carroll que no pudo encontrar momento más propicio para coger una buena racha en el tiro. A mitad del tercer cuarto, el encuentro, más blanco que verde desde el inicio, acabó decantándose para los locales. Todos los triples que habían escaseado en los 20 minutos iniciales sí entraron en los 20 restantes. Así rompe los partidos el Madrid. El Unics fue el enésimo rival incapaz de evitarlo. Acabó pidiendo la hora, mientras que el Madrid parecía querer seguir jugando porque empezaba a encontrarse a sí mismo. Tarde, pero lo hacía.

¡Y encima Rudy Fernández también apareció a última hora! Apaga y vámonos para los hombres de Pashutin, que bastante hicieron defendiéndose durante muchos minutos en una noche más bien gris de su jugador franquicia. El susto que le dieron al Fenerbahçe no se repitió en Madrid. Entonces, el estudiante aplicado se descarrió tanto que acabó suspendiendo por una vez. En esa trampa no cayeron los chicos de Laso. No alcanzaron el sobresaliente ni tampoco el notable, pero con un bien ya les sirvió para pasar el examen europeo de cada semana. E incluso con un mero aprobado raspado, que es lo que mereció el cómputo global del duelo. ¡Ay, esas sábanas!