Euroliga de baloncesto

El CSKA pide la hora ante el Fenerbahçe para aparcar su maldición europea

Los rusos necesitaron una prórroga para acabar con los turcos (96-101), que estuvieron a punto de arrebatarles el título remontando una diferencia de 21 puntos.

El CSKA de Moscú celebra su victoria en la Final Four de la Euroliga.

El CSKA de Moscú celebra su victoria en la Final Four de la Euroliga. EFE

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El presidente del CSKA de Moscú, Andrei Vatutin, se convirtió en un hombre nuevo nada más sonar el bocinazo final en Berlín. Su rostro, gélido como el hielo durante toda la final, esbozó por fin una sonrisa. Se abrazó con sus allegados, gesticuló y, sobre todo, gritó. La rabia acumulada martillazo a martillazo tenía que salir por algún sitio. No sólo por los golpes físicos que le propinaron varios desconocidos en diciembre, con heridas de gravedad en cabeza y brazos, sino también por los mazazos mentales del pasado. Sobrevivió a Printezis, Rice, Spanoulis y también a Bobby Dixon. Sí, los rusos volvieron a llorar, pero esta vez de alegría. Porque, ocho años después de su último título continental y tras siete de travesía por el desierto en la Final Four, el CSKA volvió a levantar la Euroliga (96-101 ante el Fenerbahçe).

Demasiado vodka que beber para olvidar. Tanto que quizá Vatutin haya pasado a aborrecerlo después de una buena temporada desayunándolo día sí y día también. Harto de que la suerte le fuese esquiva a su equipo, dejó claro que esta vez no aceptaría una derrota por respuesta. Nada más acabarse el tiempo reglamentario, saltó como un resorte de su butaca y se dirigió al banquillo del CSKA. Se plantó junto a los jugadores y el cuerpo técnico moscovitas y, sin mediar palabra, siguió el tiempo muerto de los suyos como uno más del equipo.

Entonces, algo cambió. Los hombres de Dimitris Itoudis afrontaron los cinco minutos extra con energías renovadas. De Colo demostró el porqué de su MVP, Teodosic fue el 'crack' de las grandes ocasiones, Hines recuperó sus hechuras de coloso en la zona y Khryapa actuó como gran capitán que se le presupone. Quizá fuese por respeto al hombre abnegado y sufridor de cada uno de los fracasos europeos de los últimos siete años. O quizá por miedo a las consecuencias de una nueva bala fallida. Pero aquella mirada impasible de su presidente, tan heladora como Moscú en sus mejores días invernales, provocó justamente todo lo contrario: el deshielo de la expedición rusa.

El partido había tenido un guión muy parecido al de la semifinal ante el Lokomotiv durante la primera parte. Incluso con mayor suficiencia en la victoria del CSKA, que amasaba cada vez más y más renta sin que el Fenerbahçe reaccionase. Había tan poco que contar que, al menos en el caso del baloncesto español, el consuelo en forma de emoción estuvo en la lucha por el descenso. Porque sí, por increíble que parezca hubo jornada de la ACB en plena Final Four. Y, rizando el rizo de la incredulidad, con el Estudiantes volviendo a pelear la salvación al ganar al Barça y perder el Manresa una ventaja más que cómoda ante el Gipuzkoa Basket. Aun con polémica final en el Nou Congost, hubo milagro para la parroquia estudiantil.

El mismo que, volviendo a lo que realmente nos ocupa, sobrevoló la capital alemana durante una segunda mitad digna de 'Hoosiers' o alguna buena película de baloncesto. Aunque para película, la que montaron ciertos 'vips' del CSKA al darle un empujón a Kalinic en la banda. Su despropósito tenía explicación: el gran favorito se relajó y el tapado (si es que algún equipo entrenado por Obradovic puede serlo) entró en acción. Iba a costar recuperarse de otra exhibición para olvidar de Jan Vesely desde el tiro libre. Pero, aunque el checo se tenga que hacer mirar su nula contribución en el 4.60, sus compañeros taparon bien sus vergüenzas.

Los 21 puntos de renta que llegó a atesorar el CSKA no tardaron en convertirse en algo anecdótico. La final cambió a un ritmo vertiginoso. Concretamente, al que marcaron Antic, Datome, Udoh, Hickman, Sloukas y, sobre todo, Bobby Dixon. Cada uno de los triples del norteamericano parecía un nuevo martillazo para el presidente Vatutin. También para el resto del conjunto ruso, que veía en Dixon a un nuevo verdugo. Aquél capaz de prolongar el maltrato psicológico moscovita en la Final Four un año más.

Sin embargo, esta vez el filme tuvo una conclusión feliz para los intereses rusos. Los turcos acusaron el desgaste de su extenuante remontada en la prórroga y los rusos, aun con conato de reaparición de Bogdanovic, volvieron a gobernar el encuentro. Todas sus estrellas reencontraron el norte a la hora de la verdad para cerrar un triunfo que rozó el sadomasoquismo. Porque se jugueteó mucho, muchísimo, con el abismo. Aunque, a la vez, los martillazos no pudieron ser más dulces para Vatutin y compañía. Del hielo al deshielo, del infarto a la vida, con tan sólo una mirada digna de la mayor de las criogenizaciones. Por fin, habrá que beber vodka para celebrar.

Ficha Técnica

96. Fenerbahce (20+10+23+30+13): Sloukas (10), Bogdanovic (6), Kalinic (3), Datome (16), Vesely (7) - cinco inicial -, Hickman (5), Udoh (16), Mahmutoglu (0), Antic (16), Dixon (17).

101. CSKA (22+28+19+14+18): De Colo (22), Higgins (12), Kurbanov (4), Vorontsevich (11), Hines (15) -cinco inicial-, Kulagin (0), Teodosic (19), Fridzon (0), Nichols (0), Jackson (8), Korobkov (0), Khryapa (10).

Árbitros: Lamonica (ITA), Lottermoser (GER), Javor (SLO). Eliminaron por faltas a Kalinic, Datome y Vorontsevich.

Incidencias: encuentro correspondiente a la final de la Euroliga celebrado en el Mercedes Benz Arena de Berlín ante 12.250 espectadores.