BALONCESTO

Cinco razones por las que la sanción de la FIBA queda en entredicho

La entidad de los castigados y sus posibles sustitutos, las audiencias o el impacto económico de las últimas grandes citas impiden pensar en unos Juegos y en un Eurobasket sin el caché habitual.

La selección masculina de baloncesto fue campeona en el pasado Eurobasket.

La selección masculina de baloncesto fue campeona en el pasado Eurobasket. Reuters

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En un arrebato de autoridad nunca visto, la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) lanza un órdago de dimensiones considerables en su particular guerra contra la Euroliga. 14 federaciones nacionales han sufrido las consecuencias de que sus principales equipos apuesten por la actual máxima competición europea de clubes y no por la de nueva creación de la FIBA: España, Serbia, Croacia, Turquía, Rusia, Lituania, Grecia, Italia, Israel, Montenegro, Macedonia, Bosnia, Eslovenia y Polonia.

Sus respectivas selecciones han sido sancionadas sin la disputa del Eurobasket 2017 y, en los casos correspondientes, quizá tampoco los Juegos Olímpicos de Río 2016. No obstante, la medida, aunque invite al susto, goza de poca profundidad. Sobre todo teniendo en cuenta cinco factores que pueden resultar capitales para que la FIBA acabe reconsiderando su decisión antes del verano.

1. La entidad de sancionados y sustitutos

Se hace muy difícil pensar en un Eurobasket sin participantes de la entidad de España, Serbia, Grecia o Italia. Estas selecciones, junto a otras de las señaladas por la FIBA como Croacia, Turquía, Lituania, Rusia o Montenegro (cuando competía con Serbia), aparecen en el podio de las 10 últimas ediciones del torneo.

Pero la importancia de la inmensa mayoría de los señalados por el ente internacional en la idiosincrasia del Europeo no se reduce a la época reciente. Teniendo en cuenta a la Unión Soviética y a Yugoslavia, al menos una de las selecciones de renombre ahora sancionadas tocó medalla en cada una de las 39 ediciones del evento. Aquí también entran en juego conjuntos de mayor envergadura en el pasado, como Polonia (cuatro medallas) o Israel (plata en 1979). Y la cosa no termina aquí, porque Eslovenia y Macedonia fueron cuartas en Eurobaskets recientes.

En resumen, la FIBA pretende eliminar del mapa a las tres selecciones de mayor éxito en el escenario continental a nivel histórico: URSS/Rusia (25 medallas), Yugoslavia/Serbia (18) y España (12). Además de a otros países con tanto caché en Europa como Italia (10), Lituania (7) o Grecia (5). ¿Quiénes quedarían en liza para disputarse el oro europeo de 2017? Alemania y Francia.

Serían los dos 'cocos' en un torneo donde cobrarían importancia equipos como Finlandia, Bélgica, Estonia, Georgia, Gran Bretaña o Letonia, pero en el que también podrían competir otros como Suiza, Rumanía, Luxemburgo, Suecia, Bielorrusia, Chipre, Albania, Irlanda… Estos últimos, participantes en los Eurobasket B que se organizaron hasta 2011.

¿Qué pasaría con el caché de los Juegos Olímpicos? Más de lo mismo. Desaparecerían del torneo ocupantes habituales del podio en 16 de las 18 citas con el Olimpo. Y con una presencia importante de la URSS/Rusia, Yugoslavia/Serbia, España, Italia y Lituania en el medallero histórico.

2. El balance de las últimas grandes citas

El Eurobasket de Eslovenia 2013 generó un impacto de unos 37 millones de euros. Alrededor de 31.500 turistas visitaron el país durante la competición, con 182.126 entradas vendidas. En el siguiente torneo continental, Francia, que organizó toda la fase final, estimó unos beneficios de 17 millones de euros, procediendo 13 de la venta de tickets.

Sin embargo, la palma se la lleva el Mundial organizado por España, que precisamente podría quedarse sin celebrar este torneo en su modalidad femenina (2018) debido a la sanción de la FIBA. Según la FEB, se vendieron 407.000 entradas y hubo un 79% de ocupación de los pabellones en la primera fase.

De hecho, el Nueva Zelanda-Finlandia fue el partido que albergó mayor asistencia de toda la Copa del Mundo (15.483 espectadores). Más de 55.000 turistas extranjeros visitaron nuestro país, destacando las aficiones finlandesa y turca, y el impacto económico total del evento fue de 408 millones de euros (33 para el Estado).

Nueva Zelanda baila la haka antes de jugar contra Finlandia en el Mundial 2014.

Nueva Zelanda baila la haka antes de jugar contra Finlandia en el Mundial 2014. EFE

¿Llegaría el Eurobasket 2017 a rozar los 20 millones de euros de beneficio sin selecciones como España, Serbia o Grecia en liza? Las dudas son razonables. Y eso que el torneo iba a tener como sedes algunos países capaces de movilizar a grandes aficiones baloncestísticas. Es el caso de Israel y de los triunfadores en la batalla de las aficiones del pasado Mundial, Turquía y Finlandia.

Hablamos en pasado porque tras la sanción de la FIBA se daría una paradoja catastrófica: tan sólo la selección báltica y Rumanía podrían ejercer como anfitrionas del torneo en la cancha tras quedar señaladas las federaciones israelí y turca. Si el castigo del ente internacional ya se tambaleaba en lo económico, ¿qué previsiones pueden hacerse a este respecto cuando ni siquiera los países que albergarán el Eurobasket están claros?

3. Las audiencias

Centrándonos en el caso español, la pasada final europea ante Lituania reunió ante el televisor a más de seis millones de telespectadores (casi ocho y medio en su minuto de oro). El segundo mejor dato de audiencia recae en otro encuentro del pasado Eurobasket: las semifinales contra Francia, con más de cinco millones y medio de televidentes.

Cómo no, las finales olímpicas contra Estados Unidos también aparecen entre los eventos más vistos. Primero, la de 2012, con 5.4 millones de audiencia, y después, la de 2008, con más de dos millones y medio. Entre medias, la final del Mundial 2006 contra Grecia, con 3.6 millones de espectadores.

Teniendo en cuenta que la final más deseada torneo tras torneo es un España-USA, un partido por el oro olímpico que no protagonizasen ambos quedaría resentido en cuanto a seguimiento televisivo. A buen seguro que ocurriría lo mismo con el encuentro por el título de un Eurobasket privado de buena parte de la élite europea. Por mucho que en él se midiesen Francia y Alemania. Con tantas ausencias ilustres, el eco mediático tanto de los Juegos como del Europeo sería mucho menor que el previsto inicialmente.

Marc Gasol protege el balón en la última final olímpica ante USA.

Marc Gasol protege el balón en la última final olímpica ante USA. EFE

4. La presión de las estrellas

En España se oye desde hace mucho tiempo que estos Juegos Olímpicos serán el último baile de la generación dorada del baloncesto español. Podrían resultar una ocasión estupenda para la reválida de Serbia, vigente subcampeona mundial. O para la confirmación de la joven pero sobradamente preparada Lituania. Incluso para que Italia o Grecia, vía preolímpico, hiciesen saltar la banca.

Serían tantos los grandes jugadores que el planeta de la canasta perdería para la causa que pensar en un gran torneo sin ellos genera absoluto pavor: Gasol, Teodosic, Bourousis, Valanciunas, Hezonja, Datome… De ahí que resulte probable que los grandes talentos del baloncesto mundial, hambrientos de triunfos a nivel de selecciones, aboguen en común por una solución para el problema.

Los ánimos empezaron a estar que trinan cuando se anunciaron las temidas ventanas (encuentros internacionales en plena temporada de clubes) también para el baloncesto masculino a partir del verano de 2017. Tras la sanción, todavía se levantan más suspicacias acerca de la presencia de las estrellas en el baloncesto FIBA.

Si es que hay algún beneficiado en toda esta polémica, ése puede encontrarse en Estados Unidos. Porque quizá los directivos de las franquicias de la NBA estén frotándose las manos con este asunto. Siempre reticentes a ceder a sus jugadores internacionales a las selecciones, la guerra abierta entre la FIBA y la Euroliga, con los equipos nacionales como chivo expiatorio, podría favorecer sus intereses.

Pero, a la vez, la ausencia de tantos 'cracks' en los Juegos no resultaría nada halagüeña para los seleccionados estadounidenses, ya que la competición de los cinco aros siempre fue la más importante para ellos.

Pau Gasol realiza un mate ante Francia en semifinales del Eurobasket 2015.

Pau Gasol realiza un mate ante Francia en semifinales del Eurobasket 2015. EFE

5. El 'farol' de los Juegos

¿La FIBA realmente tiene la última palabra en cuanto a los participantes de un torneo sujeto a un conglomerado organizativo dirigido por el Comité Olímpico Internacional (COI)? Cuando desde un ente deportivo como el Consejo Superior de Deportes (CSD) se afirma que el concurso de la selección española en Río 2016 no peligra, la respuesta parece más negativa que positiva.

Así se lo reconocieron fuentes del ente presidido por Miguel Cardenal a EL ESPAÑOL este sábado. Según las mismas, el epicentro del problema radica en el Eurobasket de 2017. Ése es el evento en torno al cual se concentra la mayor incertidumbre y que más necesidad requiere de acuerdo entre las partes implicadas.

Quedan tres meses para los Juegos y más de un año para el próximo Eurobasket. Sin embargo, el foco ya está absolutamente centrado en estos torneos. Y no por lo deportivo, como sería el deseo de todos, sino por lo que se cuece en los despachos. Aunque, por las razones expuestas aquí, ni las sanciones son definitivas ni la FIBA ha ganado la guerra.

El trofeo del Eurobasket en primer plano antes de la final de 2015 entre España y Lituania.

El trofeo del Eurobasket en primer plano antes de la final de 2015 entre España y Lituania. FIBA