BALONCESTO

El liderazgo inagotable de Felipe Reyes a los 35 años

Logra sus mejores números anotadores de las últimas siete temporadas, a la par que su tope reboteador desde hace cuatro.

Felipe Reyes captura un rebote en un encuentro ante su ex equipo, Estudiantes.

Felipe Reyes captura un rebote en un encuentro ante su ex equipo, Estudiantes. EFE

Felipe Reyes es el prototipo de jugador de baloncesto del siglo XX. Mientras otros compañeros de profesión de su edad (35 años) parecen más cerca de la retirada que de la contribución activa en la pista, el pívot cordobés se mantiene impasible. Partido tras partido, sigue mostrando la misma pasión por el juego e intensidad en la pista que el primer día. Sea titular o suplente, marque la edad que marque su DNI, hace tiempo que Felipe dejó de ser “el hermano de Alfonso” para labrarse su propia identidad baloncestística.

Su carácter ha sido el mejor baluarte para ser insustituible año tras año tanto en Estudiantes como en el Real Madrid. También sus números, que no conceden ni tan siquiera un atisbo de duda al respecto de si merece la jerarquía ganada con cada acción sobre el parqué. Es más, confirman libra por libra la confianza depositada en Felipe a lo largo de los años.

Lo demuestra el hecho de que, cuando la tendencia natural sería bajar peldaños en cuanto al rendimiento, Felipe continúa subiéndolos. Está logrando su mejor marca anotadora de las últimas siete temporadas, con 11.6 puntos por encuentro entre la ACB y la Euroliga en estos momentos. También sus mejores guarismos reboteadores de los últimos cuatro cursos, con 5.9 capturas por partido hasta la fecha.

Hay que remontarse a la temporada 2008-2009 para encontrar a un Felipe tan efectivo en anotación. Los 15.2 puntos que consiguió entonces fueron la segunda mejor media de su carrera en puntos. Por delante, los 15.8 tantos por encuentro (entre ACB y Copa ULEB) que logró en la temporada 2002-2003, aún en Estudiantes. Entonces, conseguía casi 10 rebotes por encuentro (9.7), por los 6.1 de la campaña 2011-2012, su último tope hasta este curso.

En su etapa en el Ramiro de Maeztu, al menor de los Reyes se le tenía más por un especialista bajo tableros. Un héroe escondido entre las sombras del trabajo sucio, que parecía tener un imán para cada rebote que entraba en su área de influencia. A Felipe le apodaban 'La Escoba' por algo en las categorías inferiores de la selección española. Y es que nadie le ganaba, o se atrevía a hacerlo, recogiendo balones sueltos.

No obstante, su sobrenombre fetiche siempre ha sido 'Espartaco'. Y es que al cordobés nunca le ha costado ser el ídolo de la afición precisamente por esas dotes de gladiador romano que lleva por connotación el susodicho mote. Si Felipe no musita el “Ave César, los que van a morir te saludan” antes de cada envite, poco le falta. Aunque la comparación con el esclavo tracio parecía más tirada a colación de su poderío defensivo, la percepción general sobre Reyes ha cambiado con el paso de los años.

Una evolución constante

Lo ha hecho a la par que su juego ha evolucionado. En nuestros días, las cualidades ofensivas de Felipe son mucho mayores que en sus inicios. Ya nadie parece recordar que sus porcentajes de acierto desde el tiro libre no alcanzaban ni el 70% de efectividad hace años. Tampoco que su rango de tiro no incluía la media distancia y, ni mucho menos, la larga, como hoy en día.

Ahora, no es raro ver a Felipe lanzar algún que otro triple durante los partidos. Las inmediaciones del aro no han dejado de ser su hábitat natural, pero Reyes ha sabido añadir otros recursos a su juego para aportarle mayor consistencia. En vez de ser conformista y aprovechar las virtudes que ya poseía, las ha potenciado aún más a la par que añadía otras nuevas y que pulía sus defectos.

Quizá tenga algo que ver con su carácter. Posiblemente, mucho. Si hay algo que no ha cambiado en Felipe durante sus 18 temporadas en la élite, eso es su liderazgo. El que le convirtió en capitán del Real Madrid prácticamente desde que fichó por el equipo blanco y en jefe del vestuario de la selección española en sustitución de Navarro. En Estudiantes también fue digno de los máximos galones, pero otro trabajador nato como Carlos Jiménez tenía amarrada la capitanía.

La retahíla de líderes interiores y carismáticos de Estudiantes, Real Madrid y selección española es enorme: Clifford Luyk, Walter Szczerbiak, Fernando Martín, Arvydas Sabonis, John Pinone, los hermanos Gasol… Entre todos ellos, la presencia de Felipe Reyes no resulta ni descabellada ni menor. Todo lo contrario. A partir de su trabajo diario, se ha ganado un puesto en los cuadros de honor de los tres equipos cuyas camisetas le ha tocado defender.

Ese profesionalismo tan nítido en Felipe también ha enamorado a sus entrenadores. Probablemente, Messina y Orenga sean los únicos con los que no ha tenido un feeling absoluto. El resto de técnicos que le han tenido a sus órdenes siempre han dedicado palabras y gestos de admiración hacia el menor de los Reyes, empezando por Pepu Hernández y terminando por Pablo Laso.

Incluso su hermano Alfonso, con una dilatada trayectoria en el deporte de la canasta a sus espaldas, ha apuntado en alguna ocasión la mayor entidad baloncestística de Felipe. Sólo se puede hablar de grandeza cuando, a los 35 años, te suceden cosas como las siguientes: ganar todos los títulos en liza de la temporada con tu club y con tu selección, lograr el premio a Jugador Más Valioso de la ACB y, para rematar el año a nivel personal, ser padre por primera vez.

Todo eso le ha sucedido al pívot cordobés en este 2015 tan dulce y a caballo entre canastas y pañales. Pasan los años y los jugadores, pero a Felipe Reyes no se le agota la cuerda. Se le alarga, como el buen vino que lleva la mejora implícita con el paso de los años. Como un Gran Reserva del baloncesto español, de sobresaliente cosecha y genial conservación.