Juegos Olímpicos 2016

Moussambani: de 'ahogarse' en Sídney 2000 a presidente de la natación guineana

EL ESPAÑOL habla con el exnadador, más conocido por su 'gloria' olímpica, y que ahora busca dar el salto al ámbito federativo. 

Moussambani, tras un entrenamiento en Sídney, en septiembre de 2000.

Moussambani, tras un entrenamiento en Sídney, en septiembre de 2000. RADIALPRESS

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"Conmigo al frente, la federación va a ir bien". Son las palabras de quien se sabe ganador antes de presentarse a unas elecciones. Éric Moussambani, el nadador ecuatoguineano que emocionó al mundo en Sídney hace tres lustros, se muestra tan optimista como cuando se tiró a una piscina olímpica por vez primera respecto a su próximo reto: presidir la FENA (Federación Ecuatoguineana de Natación).

Después de aquella carrera, se convirtió en uno de los nadadores más famosos del mundo -y sin haber pasado ni una serie eliminatoria-. Hoy es ingeniero informático además de entrenar a jóvenes ecuatoguineanos que quieren seguir su ejemplo. Aunque ahora, tal y como ha confirmado el propio Moussambani a EL ESPAÑOL, ha iniciado una campaña para convertirse en el próximo mandamás de la natación en su país.

Aún no se conocen rivales para el puesto, que se elegirá a la conclusión de los Juegos Olímpicos de Río. Es más, ni siquiera Moussambani tiene idea de quién podría disputarle los comicios. "Supongo que habrá otros candidatos, pero lo tengo hablado con la federación para ser el próximo presidente", asume el héroe de Sídney, quien considera que "eso de las elecciones no es tan importante".

Moussambani, héroe por accidente

El caso de Eric Moussambani siempre será especialmente recordado. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, el deportista originario de Guinea Ecuatorial apenas se había lanzado a una piscina. Escuchó por la radio que el Comité Olímpico del país había convocado unas pruebas para seleccionar a un nadador que podría competir por invitación en Australia y se presentó. Moussambani fue el único hombre.

Con un par de nociones básicas sobre cómo mover las piernas y los brazos para no ahogarse, Moussambani se subió a un avión para competir en unos Juegos. No había más objetivo que terminar los 100 libre. El miedo hizo acto de presencia cuando contempló la piscina olímpica. “Demasiada agua, demasiado grande para mí”, dijo el ecuatoguineano. Pero gracias a la solidaridad de un entrenador de otra delegación, que le prestó unas gafas y un bañador además de darle un par de consejos, el nadador africano reunió el coraje suficiente para afrontar su propia odisea.

Ante un estadio acuático abarrotado por 17.000 personas, Moussambani se lanzó a la piscina en solitario tras la descalificación de sus otros dos compañeros de fatiga. Sufrió lo indecible para recorrer los 100 metros (1 minuto y 52.76 segundos) cuando el ácido láctico invadió su cuerpo -“no sabía como respirar, solo podía quedarme con la boca abierta intentando tomar aire”-, pero se llevó la ovación más grande de aquellos Juegos poniendo a todo el público en pie. Esa gesta resume a la perfección el significado del espíritu olímpico.