BALONCESTO

Las bodas de oro de Aíto: de Andrés Jiménez a Porzingis

Epi, Navarro, Gasol o Ricky Rubio son algunos jugadores que han crecido con el madrileño a lo largo de sus 50 años en las canchas: 38 como entrenador, 10 como jugador y dos como General Manager.

Aíto García Reneses antes de los cuartos de final de la última Copa.

Aíto García Reneses antes de los cuartos de final de la última Copa. ACB Photo

  1. Aíto García Reneses
  2. FC Barcelona baloncesto
  3. Kristaps Porzingis
  4. Pau Gasol
  5. Entrenadores

El baloncesto español rinde el homenaje que se merece a una de sus leyendas este miércoles: Aíto García Reneses. Con 50 años a sus espaldas entre balones naranjas y canastas, el madrileño lo ha vivido prácticamente todo en las canchas.

Como jugador, sufrió el frío de 'La Nevera' en sus propias carnes siendo base del Estudiantes y asistió a la inauguración del Palau Blaugrana ya en las filas del Barça. Como entrenador, todavía no ha dicho su última palabra. Aíto ha pasado por seis equipos a lo largo de su trayectoria en los banquillos: Círculo Católico/Cotonificio de Badalona, Joventut en dos etapas, FC Barcelona, Unicaja, Baloncesto Sevilla y su actual club, Gran Canaria.

En todos ellos ha tenido a sus órdenes a jóvenes promesas que acabaron convirtiéndose en sólidas realidades gracias a él. También a estrellas indiscutibles a las que hizo aún mejores. Esta es la historia de los talentos moldeados por 'Don Alejandro', que, a su vez, también es la del baloncesto español.

Andrés Jiménez, el gran hijo deportivo

'Jimix' tuvo que dejar su Andalucía natal para poder ganarse la vida con el baloncesto, pero su decisión no pudo ser más acertada. Con 15 años, aterrizó en Badalona avalado por Aíto, que empezó a darle minutos de peso en su Cotonificio. Campeón de España junior con el equipo en 1981, acabaría acompañando a García Reneses al eterno rival, el Joventut, en 1983. Tres años después, volvería a cambiar de destino influido por su técnico fetiche: el Barça.

Allí jugaría hasta su retirada en 1998. Entre medias, éxitos de todos los colores con los azulgranas, una plata europea y otra olímpica con la selección española. Además de una reconversión a alero (Jiménez siempre se consideró un ala-pívot) que cambiaría la historia de nuestro baloncesto.

“De joven, tuve mucha suerte de tener a Aíto como entrenador. Posteriormente, me ayudó a cuadrar como 'tres' alto en el Barcelona y, a nivel de equipo, eso nos dio muchos resultados”, afirmaba el exjugador a EL ESPAÑOL hace unos meses. Fue el primer diamante de los muchos que aún le quedaban por pulir a García Reneses, que incluso hizo debutar al hoy cantante Loquillo en el Cotonificio.

La primera etapa en el Joventut

Cuando Aíto llegó al conjunto verdinegro en 1983, Jordi Villacampa ya llevaba varias temporadas en el primer equipo. Sin embargo, su explosión tuvo lugar bajo la tutela de su nuevo entrenador. Tanto es así que el actual presidente del Joventut estuvo a punto de disputar los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, de tan buen recuerdo para nuestro baloncesto. Finalmente, su plaza la ocupó José Manuel Beirán. Aun así, uno de los jugadores españoles más destacados de los años 80 y 90 empezaba a apuntar maneras.

Justo a la llegada de García Reneses, se produjo el debut de otra leyenda de la Penya, Rafa Jofresa. El base jugaría sus dos primeras temporadas en la ACB con el madrileño guiando sus pasos. Volverían a coincidir en el Barça años después, como también ocurriría en el caso de José Antonio Montero. Junto a ellos, hombres como 'Matraco' Margall o Rafa Vecina, que ayudarían al técnico madrileño a disputar su primera final de Copa del Rey en 1985 (derrota ante el Real Madrid por 90-76).

Los años de vino y rosas en el Barça

Cuando Aíto se convirtió en primer entrenador azulgrana en 1985, el núcleo duro del equipo era temible: Epi, Sibilio, De La Cruz, Solozábal… Y bien que supo jugar esa baza a su favor, exprimiendo al máximo el rendimiento de las distintas plantillas que gestionó: nueve Ligas, cinco Copas, dos Korac y una Recopa de Europa. Incluso hubo algún que otro paso por los despachos durante los 90, con enemistad irreconciliable con Boza Maljkovic incluida.

Sin duda, hizo más 'Súper' a Epi, del que Aíto llegó a decir en 1986: “Hay que ser justo con su excelente historial, pero ahora, entrenando al máximo, no consigue ni la mitad de su mejor rendimiento. No jugará 40 minutos hasta que demuestre que puede”.

También fue el principal culpable de la llegada de Audie Norris en 1987. ¿Qué hubiera sido de la ACB sin aquellos duelos épicos bajo tableros entre el estadounidense y Fernando Martín? El mejor extranjero al que ha entrenado en su carrera, en palabras del propio García Reneses, reiteró su idilio con los hombres altos. Hizo debutar a Ferrán Martínez y, ya en los 90, encumbró a Roberto Dueñas.

El interior de Móstoles sería fundamental para que el Barça se llevase la Liga ante el Madrid en la temporada 96-97. Con una actuación sensacional en el quinto partido, y con el factor cancha en contra, fue elegido MVP de la final. La temporada siguiente, otro icono azulgrana, Rodrigo De La Fuente, sería elegido mejor debutante de la ACB después de que Aíto le diese la alternativa.

Curiosamente, su paisano madrileño acabaría levantando en 2003 la primera Copa de Europa (entonces ya Euroliga) que tanto se le resistió a 'Don Alejandro'. La mejor Jugoplastika de la historia (Kukoc, Radja, Ivanovic, Perasovic...) y el Olympiacos fueron los grandes culpables del que quizá es el único lunar de Aíto en la banda. El tapón de Vrankovic a Montero en el 96 todavía escuece.

Los dos juniors de oro por antonomasia

“Su hermano jugaba en el junior y en el descanso él salía al medio campo a tirar; la pelota era más grande que él, pero empezaba «bum-bum, bum-bum, bum-bum» y las metía todas. ¡Y eso que era un mico!”. Así hablaba Aíto de Juan Carlos Navarro en una entrevista con Jot Down. No le hizo debutar, pero sí guió su rápido impacto en el primer equipo del Barça. Se convirtió en una de las máximas referencias azulgranas y en candidato incluso para asaltar la NBA.

A esa misma competición acabaría emigrando su inseparable Pau Gasol, otro de los nombres indisolublemente unidos a Aíto. El ala-pívot empezó a prometer grandes alegrías en la Copa del Rey de Vitoria (2000) para acabar confirmándolas al año siguiente en Málaga. Con un doblete Liga-Copa que quizá hubiese sido triplete con la Euroliga de no ser por una inoportuna apendicitis, Pau marchó a Estados Unidos… desobedeciendo a su entrenador.

García Reneses creía que “primero tenía que ganarlo todo en Europa para marcharse al profesionalismo con todas las garantías”, como se cuenta en “El partido de mi vida” (Edebé, 2006), la autobiografía de Gasol. Sin embargo, la decisión del jugador acabó resultando acertada.

Años después, Aíto, Navarro y Pau volvieron a juntarse para ganar la segunda plata olímpica de España. Con sus más y sus menos, la gratitud fue patente entre el técnico y los dos mejores jugadores de la historia del baloncesto nacional.

Vuelve la ilusión al Joventut

Después de abandonar el Barça en 2002 y tomarse un descanso, Aíto regresó a Badalona con las pilas cargadas. Dejó claro que su segunda etapa en la Penya sería tan o más exitosa que la primera cuando convirtió al equipo en subcampeón de Copa en 2004. 20 años después, puso los focos sobre una nueva perla de la cantera verdinegra: Rudy Fernández. Con apenas 18 años, el mallorquín fue el primer MVP que no levantaba la Copa y debutó en unos Juegos Olímpicos.

Un año después, García Reneses hizo de Ricky Rubio el debutante más joven de la historia de la ACB: 14 años, 11 meses y 24 días. Le protegió tanto en la cancha como fuera de ella, le transformó en el jugador revelación de la liga y el Joventut saboreó la gloria tras unas cuantas temporadas en blanco.

Cayeron dos títulos europeos (Eurocup y ULEB Cup) en cinco años y una Copa del Rey (2008), que supuso el culmen de su segunda etapa al frente del Joventut. Además de llevar al estrellato a Rudy y Ricky, Aíto trajo a España a Marcelinho Huertas e introdujo entre los profesionales a Pau Ribas. También bajo su dirección, Álex Mumbrú regresó a la selección.

Una decepción y dos sorpresas

Tras dos temporadas y media para el olvido en Unicaja, Aíto sufrió la primera (y única) destitución de su carrera en enero de 2011. No había conseguido reverdecer los laureles de la mejor época de la historia del club malagueño ni en la ACB ni en la Euroliga y lo pagó caro. Con la final de la Copa de 2009 como mayor logro, el preparador madrileño decidió pasar otra temporada en la sombra.

Retomó la pizarra en verano de 2012, con un proyecto humilde, juvenil y de cantera, de los que tanto le gustan: Sevilla. Nada más llegar, subió al letón Kristaps Porzingis al primer equipo. “Me gustó su movilidad. Se entera de las cosas y tiene facilidad para aprender. También domina el pase, que es uno de los aspectos más difíciles de leer. Ha sido uno de los jugadores jóvenes más importantes con los que he trabajado por su proyección”, declaró García Reneses a EL ESPAÑOL.

Junto al actual jugador de los Knicks, otra retahíla de perlas: Willy Hernangómez (que llegó en su segunda temporada en San Pablo), Tomas Satoransky, Joan Sastre u Ondrej Balvin entre otros. Cuando nadie daba un duro por su plantilla, Aíto logró el más difícil todavía: entrar en los Playoffs de 2014 cuando el objetivo era la salvación, como el curso anterior.

Después de liarla con el 'Baby-Caja', García Reneses se marchó a Gran Canaria para tutelar a otro futuro NBA: Walter Tavares. A la primera, llegó el subcampeonato en la Eurocup. A la segunda, idéntico resultado en la última Copa del Rey, protagonizando la gran sorpresa de la edición.

Entre medias, nuevos jugadores que crecen al amparo de Aíto: Alen Omic, Pablo Aguilar, Eulis Báez, Xavi Rabaseda, Oriol Paulí, Albert Oliver… Está visto que el cuento de 'Don Alejandro' en el mundo del baloncesto será el de nunca acabar... hasta que él quiera, claro.