Tsonga frena en seco a Nadal

El español disputa un buen partido, pero cae en el tercer set por detalles (4-6, 6-0 y 5-7). Tsonga estará en la final de Shanghái.

El francés celebra durante el partido

El francés celebra durante el partido Damir Sagolj

El ser humano se pasa la vida intentando recuperar un pedazo de su pasado. Es algo natural, casi innato. La sociedad, en general, premia la juventud y desprecia la vejez. Incluso, pera mitigar los efectos de los años, el hombre se ha encargado a lo largo de su historia de fabricar productos estéticos que camuflen las heridas. Ocurre, sin embargo, que, por mucho empeño que se ponga, los años caen como una losa. ¿No lo creen? Pregúntenselo a Nadal, que, a veces, vive momentos de lucidez, como cuando era el número uno; pero, a ratos, es incapaz de resistir los envites del tiempo. O, mejor dicho, de sus rivales. Hoy, de Tsonga, contra el que cayó en tres sets (4-6, 6-0 y 5-7).

Nadal, fiable en pretérito, no lo es tanto en presente. Es capaz de lo peor –primer set (4-6)– y de lo mejor –segunda manga (6-0)–. En ese equilibrio, tan frágil como taquicárdico, se ha empezado a reencontrar. Con paciencia, nuevos argumentos y el coraje de siempre. Más moderado que en otras ocasiones, sin tanto gesto grandilocuente. Ni siquiera con esas celebraciones que en otros tiempos conjugó con su tenis. Ahora, no corre a celebrar con el público; gasta sus energías en vivir más centrado en lo realmente importante: recuperar porciones de su juventud sin cremas antiarrugas, tallando los partidos con la piqueta de la experiencia.

En esta tesitura, Rafa sufre ­–como siempre– cuando las piernas no le llegan para responder a los latigazos que le llegan desde el otro lado en pista rápida. Le ocurrió con Tsonga. Una vez más. Sin embargo, esos defectos, los compensan con esa psique prodigiosa que no le permite perder la concentración. Nadal aguanta. Y aguanta. Y aguanta. Y, a la larga, consigue tener opciones de victoria más por entrega que por juego; más por coraje que por talento. Trabajar, trabajar y trabajar. Él no entiende de otra cosa. Aunque a veces no sea suficiente.

Ante Tsonga, Nadal llegó al tercer set catapultado por una inmejorable segunda manga (6-0). Pero en ese equilibrio frágil en el que vive últimamente, la balanza acaba cayendo hacia un lado u otro por pequeños detalles. Y, esta vez, el francés precisó mejor. Consiguió romper el servicio de Rafa casi en la meta (5-6) y no abandonó. Ganó el punto, corrió hacia el público, gritó, estiró las manos para jalear a los asistentes y subió al escalón al que últimamente no consigue ascender. Tsonga cerró el partido y firmó su pase a la final.

Pudo ganar Nadal. Incluso, por momentos, tuvo la victoria en su mano. Pero, de nuevo, naufragó. ¿Por qué? En primera instancia, porque su físico no es el de antes, hay pelotas a las que no llega; y en segundo lugar, porque no supo contrarrestar el buen tercer set de Tsonga. No obstante, su tenis encuentra mejores sensaciones poco a poco. De un tiempo a esta parte, ha vuelto a semifinales y compite. Ya es más que antes y, sin duda, una gran noticia para el español, que busca utilizar este final de temporada como trampolín para volver a rendir mejor en la próxima. Y, teniendo en cuenta cual es el objetivo, progresa adecuadamente. Aunque todavía busca el sobresaliente. 

Djokovic, a la final

Djokovic, que derrotó al escocés Andy Murray en dos sets (6-1 y 6-3), se enfrentará a Tsonga en la final del Másters 1000 de Shanghái. Y lo hizo a lo grande: salvó tres puntos de ruptura (contra un 37% del escocés) y en la devolución ganó el 62%. Impecable, se mantiene número uno y está en disposición de conseguir su noveno título de la temporada (su mejor registro desde 2011, cuando se hizo con 10).