El Blog de Kubelick

Shonda Rhimes tiene la serie que necesitas

Me siento muy sola en mi shondismo, en mi shondería, en lo que me gusta de Shonda Rhimes. Nunca conseguí engancharme a Anatomía de Grey, Scandal me satura y Cómo defender a un asesino me aburre. Yo soy más del soft Shonda, de sus subproductos. Por ejemplo, estoy viendo The catch y me está encantando. Es una serie en la que sólo ejerce de productora ejecutiva, pero su voz es tan potente que todo lo impregna. The catch es una tontada, lo reconozco, pero alguien tendrá que revestir de frivolidad nuestras pedanterías. En eso, no hay quien gane a Shonda.

Nadie como ella es capaz de reducir cualquier dilema, una crisis de misiles nucleares, una disfunción hepática, a una riña de enamorados. De enamorados adolescentes, además. En su universo, da igual que seas una neurocirujana virguera o el Presidente de los Estados Unidos, cualquiera está dispuesto a tirar todo por la borda, a corromperse, mentir, a matar, si hace falta, por la persona amada. La que toque según las renovaciones de contrato de la temporada. Con Shonda, el amor se vive con vehemencia púber. No podrán acusarla de no ir de cara: el logo de Shondaland, su productora, es un fondo rosa en el que se ve un corazón atrapado en una montaña rusa. Esto es lo que hay: si no te gusta, ya sabes.

Parecidos, no copiados

En The catch, la pareja central la forma una experta en seguridad que interpreta Mireille Enos y el hombre con el que estuvo prometida durante un año, al que da vida Peter Krause. En realidad, el tipo era un timador que planeaba dar un palo a la millonaria compañía de ella. Como todas las series de Rhimes, ésta se parece bastante a otra historia que ya hemos visto. The catch está confeccionada con los personajes de El secreto de Thomas Crown, la versión que dirigió John McTiernan, la de Pierce Brosnan y Rene Russo. Una inteligente investigadora pelirroja que corre fenomenal con tacones y un encantador trapacero, más bonito que un San Luis, que busca una excusa para retirarse. ¿Será ella esa razón? Por supuesto.

Fotograma de The catch, la nueva serie de Shonda Rhimes.

Fotograma de The catch, la nueva serie de Shonda Rhimes.

Ojo con sentirse tentado de llamarla copiota. Shonda tiene una firma rotunda, inconfundible. Ella elige así: ve algo que le llama la atención y piensa “mi versión va a molar mucho más”. Con un par. Lo hizo con Urgencias y lo hizo con El ala oeste de la Casa Blanca. Y de cada una de ellas ha sacado auténticas y genuinas shondadas.

Shonda ve algo que le llama la atención y piensa “mi versión va a molar mucho más”. Con un par

La otra serie suya que me vi entera es Sin cita previa, una fantasía de médicos guapísimos que desayunaba zumos detox y pasaban más tiempo analizando su última ruptura que trabajando. O sea, como Anatomía de Grey, pero sin fingir que tenían veinte años. Sin cita previa era un spin off de Grey y era también un Melrose place pasivo agresivo. Es, de lejos, la serie más convencional de Rhimes, qué vulgaridad la mía. También tenía en papeles secundarios a la pareja más sexi de la tele del momento, Paul Adelstein y KaDee Strickland. Hay que poner las cosas en perspectiva: en aquellos años (circa 2008), el punto álgido de la libido televisiva pasaba por asumir que Evangeline Lilly, o sea, Kate, volviera loco de deseo no a uno, sino a dos personajes de Perdidos.

La Nobel y Grey

Rhimes ha incorporado a sus historias las cosas que a ella le interesan: una representación racial decente (irreal, pero maravillosa: ojalá la vida en las oficinas fuera tan heterogénea y ecuánime como en sus series), protagonistas ambiguos, temas polémicos. Es fantástico que sea capaz de combinar todo eso con entretenimiento de primera, pero para mí, lo más importante en The catch es si Mireille le cogerá el teléfono a Peter. El resto, lo mismo me da. Estimula mi lado más superficial, afortunadamente.

Hace un par de años, a Shonda Rhimes la invitaron a dar el discurso de graduación en su alma mater, la Universidad de Darthmouth. Allí contó que creció soñando convertirse en Toni Morrison y que, cuando años después por fin cenó con ella, al parecer la premio Nobel sólo quería hablar de Anatomía de Grey. No sé qué le diría, pero tiene toda la gracia imaginar a la octogenaria escritora, autora de alguna de las imágenes más descarnadamente conmovedoras de la historia de la literatura, estremecida por la muerte de McDreamy. Shonda para todos.