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América ha escrito un crimen y la Justicia es la víctima

'American Crime Story' arrasa en EEUU al recrear el caso de O.J. Simpson y devolver a la actualidad asesinatos reales, racismo y brutalidad policial. 

La serie plantea si la Justicia es igual para todos o la fama es inmune.

La serie plantea si la Justicia es igual para todos o la fama es inmune.

  1. O. J. Simpson
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Si el éxito en la vida es una combinación de trabajo duro y suerte, el triunfo en la pequeña pantalla se consigue con un producto atractivo emitido en el clima social oportuno. Esto es lo que le ha ocurrido a American Crime Story, la nueva sensación televisiva estadounidense de la que todo el mundo habla estos días. La fórmula del éxito está compuesta por el exitoso Ryan Murphy (autor de series de éxito como Glee, American Horror Story o Scream Queens), protagonizada por actores de la talla de Cuba Gooding Jr. o John Travolta e inspirada en el proceso de O. J. Simpson, uno de los más controvertidos de la Justicia norteamericana. Prueba de ello son los más de 5 millones de espectadores que ya la están siguiendo desde que se estrenara el pasado 2 de febrero.

Planificada como antología, cada temporada de American Crime Story se concibe como una miniserie independiente con un grupo de personajes y escenarios distintos y una trama basada en crímenes reales. El argumento de la primera temporada se centra en un asesinato que dio lugar a uno de los juicios más mediáticos de los años noventa y que da nombre a la miniserie, El pueblo contra O.J., proceso en el que el ex jugador de fútbol americano y actor O.J. Simpson fue juzgado por la muerte de su ex mujer y del amante de ésta.

Policía racista y procesos corruptos

Este caso real lo tenía todo de por sí para enganchar sin necesidad de recurrir a la ficción: detalles escabrosos y hechos vagamente esclarecidos; presencia de estrellas -el padre de las famosas Kardashians-; una buena dosis de racismo y una cuestionable actuación de la policía y los agentes de la justicia que generó críticas sobre la eficacia y credibilidad de los sistemas policial y judicial, llegando a afirmarse que Simpson hubiese sido declarado culpable de no haber sido por los fallos e irregularidades del proceso.

Pero, en lugar de replantear la historia como un mero procedimiento de doble homicidio frustrado, Ryan Murphy y su muy hábil equipo se enfocan en los detalles más fascinantes de esta historia. Esos que hasta ahora no habían salido a la luz. En un ejercicio de perspicacia presenta el caso como el resultado de la incapacidad de las autoridades de Los Ángeles de controlar los abusos de los policías racistas y los excesos de las celebridades, en lugar de como un crimen pasional.

El juicio de Simpson se convirtió a ojos del público en una batalla entre los fiscales blancos y los policías que machacaban a una celebridad negra

Y ese es precisamente el secreto de su éxito. En una parrilla televisiva en la que triunfa el drama criminal (How To Get Away With Murder, Making a Murderer, Criminal Minds) y un contexto social (racista y brutal), una propuesta como esta llevaba todas las de ganar. El juicio de Simpson se convirtió a ojos del público en una batalla entre los fiscales blancos y los policías que machacaban a una celebridad negra.

El caso que abre el debate

Esa es la historia en la que Murphy se centra y lo que la convierte a American Crime Story en la serie revelación de la temporada. No es la primera vez que se llevan estos hechos a televisión, por lo que era necesario crear un producto apetecible para una audiencia que ya sabía cuál era el desenlace, y utilizar el caso para abrir un debate sobre el racismo, la brutalidad policial y los problemas de los que adolece el sistema judicial en Estados Unidos, ha sido sin duda una acertada decisión.

O. J. Simpson

O. J. Simpson Getty Images

La serie se empeña en ser lo más fiel posible a la realidad y en fundamentarse en hechos probados o, en su defecto, en acusaciones que fueron reales. Este enfoque objetivo se aprecia especialmente en el tratamiento imparcial que se hace de la figura de O.J., a quien en ningún momento se refieren como asesino, dejando que sea el espectador quien juzgue si debe creer en su inocencia o no.

Cuba Gooding Jr. contribuye a esta tarea, ya que muestra a O.J. como un buen hombre que se ve sobrepasado por las circunstancias y que, o bien no mató a Nicole Brown y Ron Goldman o, si lo hizo, fue sólo porque la quería demasiado. Gooding está impresionante, mostrándose encantador un instante, iracundo a continuación, entrañable al siguiente. Su O.J. es tan débil y explosivo a la vez como se mostró el auténtico O.J. en el juicio real, lo que aporta aún mayor credibilidad al relato.

Ricos inmunes

Otra actuación estelar es la de John Travolta, quien además es productor ejecutivo de la serie. Travolta hace uno de sus mejores trabajos de las dos últimas décadas encarnando al pomposo e inseguro abogado de O.J. (Robert Shapiro) en una de esas brillantes representaciones en las que el actor se mimetiza perfectamente con su personaje. David Schwimmer (Friends) en el papel del patriarca de los Kardashian e íntimo amigo de O. J., y Sarah Paulson (American Horror History) en el de la Fiscal Marcia Clark cierran un magnífico reparto.

American Crime Story ofrece una reflexión final: ¿es la justicia igual para todos, o la fama, los títulos y la riqueza son sinónimos de inmunidad? 

Además de una historia interesante, un director y un elenco de renombre, y un fuerte componente de crítica social, la primera temporada de American Crime Story ofrece una última reflexión que, precisamente estos días, se cruza por la mente de muchos españoles: ¿es la Justicia igual para todos, o la fama, los títulos y la riqueza son sinónimos de inmunidad? O.J. Simpson, gracias a su popularidad y sus medios económicos, terminó saliendo indemne. Aquí tendremos que esperar para ver si también en nuestros tribunales pesa más, o no, la notoriedad que la ley.