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Solange: algo más que la hermana hipster de Beyoncé

Solange Knowles publica 'A Seat at the Table', entre comentarios que la comparan siempre con su hermana.

Solange Knowles, la hermanísima que se reivindica con su nuevo disco.

Solange Knowles, la hermanísima que se reivindica con su nuevo disco. Thomson Reuters

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Se llevan cinco años. Una nació el 4 de septiembre de 1981. La otra, en junio del 86. Ambas, en Houston, Texas, en el seno de una familia que luchó por los derechos de los afroamericanos. Quizá por eso, las dos hermanas han trazado sendas carreras en las que el discurso político y reivindicativo está al orden del día. La principal diferencia, sin embargo, está en el éxito. La mayor, Beyoncé, es, a día de hoy, la estrella más grande del firmamento musical, arropada por un disco, Lemonade, que la ha catapultado definitivamente a convertirse en una voz ineludible a la hora de hablar de lo que es ser negra y mujer en los Estados Unidos. La menor, Solange, acaba de publicar su tercer álbum, A Seat at the Table, en el que ha contado con la colaboración de artistas como Kelly Rowland, una de las Destiny's Child, el grupo en el que creció (musicalmente hablando) su hermana Beyoncé.

Solange dio que hablar, por ejemplo, cuando comenzó a lucir sus rizos, al estilo de Assata Shakur. También hubo quien se refirió a ella como la hermana hipster. Y las alarmas saltaron definitivamente cuando se peleó con el marido de su hermana, Jay Z en un ascensor, luego afirmó que tan sólo quería proteger a su familia, y el tiempo pareció darle la razón cuando, en Lemonade, Beyoncé cantó en torno al desgarro que produce la infidelidad. Lo cierto, sin embargo, es que la relación entre las dos hermanas va mucho más allá del evidente vínculo fraternal, y deja en el terreno de lo anecdótico el famoso incidente entre Solange y Jay Z.

Los trasvases artísticos entre las dos hermanas son evidentes. Sin ir más lejos, Beyoncé siempre ha sostenido que su hermana siempre ejerció una fuerte influencia en ella, por ejemplo, a nivel estético. Beyoncé publicó Lemonade hace menos de un año. Solange se ha mostrado siempre paciente con la realización de sus discos, dejando que se cuezan a fuego lento: en trece años, ha realizado sólo tres. Lo que no se sabe es si el escaso tiempo entre la publicación de Lemonade y de A Seat at the Table es lo que ha generado la retahíla de comparaciones entre ambas.Solange, por su parte, ha saldado el debate con la siguiente declaración: “Tenemos la misma madre y el mismo padre. Crecimos en la misma casa, así que tuvimos que escuchar las mismas conversaciones... conversaciones con una importante carga política y social. No debería resultar sorprendente que dos personas que crecieron en la misma casa y con los mismos padres, que eran muy, muy conscientes de las desigualdades y del dolor y el sufrimiento de nuestra gente, creen un arte que refleja todo esto”.

Beyoncé convirtió el multitudinario Formation Tour como algo más que un concierto, como el espectáculo audiovisual definitivo. Y planteó Lemonade como algo más que un disco. El álbum estaba acompañado de una película, en la que la música, el baile y la puesta en escena se entremezclaban con referencias a la cultura y la historia de la lucha negra. Podría parecer que su hermana Solange Knowles ha hecho algo menos ambicioso. Sin embargo, esta voluntad de trascender lo musical también se encuentra en A Seat at the Table, un disco punteado por interludios en los que la melodía desaparece y se da paso a distintas voces, que hablan con espontaneidad y contundencia de lo que implica ser negro en Estados Unidos.

Solange ha logrado componer un disco en el que la exuberancia de su hermana dan paso a una suerte de melodías desnudas, a un tono vocal que tiene la elegancia de una confesión, y en el que la calma se mezcla con el R&B. Hay algo flotante en sus canciones, y a la vez una cierta densidad en la propuesta: se trata de un álbum con 21 temas, en el que las emociones se mezclan con el discurso político. En Cranes in the Sky, Solange compone una bella canción en torno a la dificultad de soportar y terminar con el dolor: “I tried to drink it away / I tried to put one in the air / I tried to dance it away / I tried to change it with my hair”. Y en uno de los interludios, la madre, Tina Knowles, dice, por ejemplo, que luchar en favor de los negros no implica ser antiblanco.

No se sabe quién influye más a quién. Eso sí: con la lucha racial de fondo, las hermanas Knowles han hecho dos de los discos más importantes de este 2016. Cada una a su manera, pero aprendiendo la una de la otra.