CRISIS DE LOS REFUGIADOS

Los refugiados de Calais luchan contra el terror a través de la música

Los habitantes de 'La Jungla', el campo de refugiados francés, han grabado un disco para sobrellevar su estancia y recuperar la esperanza. 

Ensayo de los guitarristas de la orquesta de Calais.

Ensayo de los guitarristas de la orquesta de Calais. The Calais Sessions

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El campo de refugiados de Calais acoge desde 2015 a millares de personas que se han visto obligados a huir de sus casas, la mayoría de ellas están deseando cruzar a Reino Unido por el Eurotúnel. En septiembre del año pasado un grupo de músicos hicieron el camino inverso. Desde la isla británica cruzaron a la llamada ‘Jungla’ de Calais, querían hacer algo para luchar contra la crisis humanitaria que se desarrollaba a unos pocos kilómetros de sus casas.

El álbum mezcla géneros que van desde el pop oriental, a la música tradicional de los Balcanes o al rap iraquí, una fusión de estilos representativa de las nacionalidades y tradiciones de aquellos que habitan el campo

Los músicos buscaban gente que quisiese colaborar con ellos grabando, tocando instrumentos o escribiendo canciones. El resultado de 11 meses de trabajo se llama The Calais Sessions, un disco con 13 canciones grabadas en la propia Jungla entre refugiados y músicos profesionales. El álbum mezcla géneros que van desde el pop oriental, a la música tradicional de los Balcanes o al rap iraquí, una fusión de estilos representativa de las nacionalidades y tradiciones de aquellos que habitan el campo. El objetivo era implicar a las personas que viven en el campo en un proyecto que aumentase su autoestima, canalizando su talento a través de la música, cuenta la principal impulsora del disco Vanessa Lucas-Smith a The New York Times.

Lucas-Smith es chelista del Allegri Quartet de Londres y a través del álbum ha comprendido que cuando "le das instrumentos a la gente, se convierten en algo como el pan, el agua o el carbón, es algo que realmente necesitan". Los refugiados se han implicado mucho en el proyecto y ha supuesto un aliciente para superar las dificultades de su día a día. “Es un trabajo duro porque quieres hacer algo de calidad profesional”, cuenta Kasper un refugiad iraquí de 24 años. El muchacho rapea sobre el amor, pero en Bagdag se dedicaba a hacer joyas. Tuvo que huir de su casa y después de un agotador viaje de tres semanas llegó a Calais. “Aquí no puedo hacer nada de provecho” así que “espero que el disco cambie algo”, cuenta.

A Ismail los talibanos le metieron su brazo derecho en agua hirviendo por ser el brazo con el que tocaba

La esperanza de Kasper se cumple conforme los refugiados logran vencer sus miedos y sacar su fuerza interior a través de la música. Ismail es afgano y le gusta tocar la dambora, un instrumento de cuerda. Pero su afición no le gustó a los talibanes ya que “un día me oyeron tocar en casa, metieron mi brazo derecho en agua hirviendo y me dijeron que lo hacían porque era el brazo con el que toco”, cuenta al periódico americano. Ahora Ismail toca un instrumento parecido al chelo que han creado con piezas que encontraban en el campo y ha logrado vencer los malos recuerdos.

Actualmente viven en ‘La Jungla’ unas 4.500 personas, asegura The New York Times, y la situación no es muy halagüeña. Durante la grabación del disco el equipo se encontró con muchas dificultades ya que en febrero las autoridades francesas comenzaron a desmantelar el campo, lo que afectó a muchos de los implicados. Un grupo de mujeres eitreas, al principio un poco reticentes, se decidieron a grabar una canción religiosa llamada llamada ‘Yezus’. Al acabar estaban tan ilusionadas con el proyecto que quisieron grabar otra canción, pero a la mañana siguiente se levantaron y no pudieron ir a su iglesia para rezar, ensayar o inspirarse, la habían derruido.

Cinco días después de su lanzamiento el proyecto ya había recaudado 5.000 dólares, progresivamente esperan obtener más beneficios que se destinarán a los propios refugiados

El disco se ha grabado en un estudio casero que se alimentaba de energía solar, cerca de la biblioteca del campo. Los aspectos técnicos también han sido una odisea, pero Damien Barrière-Constantin un ingeniero de sonido de 23 años y cofundador de la iniciativa logró un sonido profesional. El ingeniero afirma que “al principio estaba muy preocupado por hacer una grabación mediocre”. Sin embargo, conforme avanzaba el proceso el resultado le iba convenciendo más, pero para él lo más importante no es que “la gente nos escuche”, sino que “los refugiados puedan escuchar lo que ellos mismos han heho”, cuenta. Cinco días después de su lanzamiento el proyecto ya había recaudado 5.000 dólares, pero progresivamente esperan obtener más beneficios ya que se destinarán a los propios refugiados y a una organización benéfica británica llamada Citizen UK. El álbum se puede comprar a través de su página web.