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Neil Young, un clásico con el corazón nuevo

El veterano músico canadiense firma un soberbio concierto de rock ante 40.000 personas en la última jornada del festival Mad Cool.

Un momento del concierto de Neil Young.

Un momento del concierto de Neil Young.

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Se sabe lo que hace, también se sabe cómo lo hace, pero sólo lo hace él. En el friso de los setenta, Neil Young firmó anoche un concierto memorable que está al alcance de pocos artistas. El veterano músico canadiense, acompañado en esta gira europea por el joven grupo Promise of The Real, desembarcó como estrella principal del nuevo festival Mad Cool. Y aunque ya no es sorpresa, no defraudó ni a sus seguidores de siempre ni al público más amplio de un macroconcierto en un recital que bien vale por todo un festival.

Durante dos horas y media, Neil Young dejó de lado el repertorio más habitual de esta gira y en su concierto de regreso a Madrid después de ocho años optó por repasar algunas de sus piezas clásicas. Canciones incontestables, ya sean interpretadas en acústico o sobre un torrente eléctrico, que mantienen su capacidad de emocionar intacta. Muy lejos de la fórmula repetitiva del concierto de estadio en la que algunos de sus colegas están cayendo desde hace demasiado.

Porque Neil Young no quiere ser Bruce Springsteen, y sus conciertos tardan muy poco en demostrarlo. Arrancó en solitario con un momento acústico, primero a guitarra y armónica y luego sentado ante un piano de pared para cantar cuatro joyas de su ancho repertorio: After the gold rush, Heart of gold, The needle and the damage done y Mother earth. Veinte minutos que ya devolvían el precio de la entrada. Pronto se incorporó la banda de Lukas Nelson, hijo de su amigo Willie Nelson y guitarrista que decidió formar el grupo Promise of The Real después de conocer al baterista Anthony LoGerfo precisamente en un concierto de Neil Young. Poco a poco la última noche de música en Mad Cool empezó a volverse eléctrica.

Como un rayo anunciando el verano sonaron Out on the weekend, Human highway y la deliciosa From Hank to Hendrix ("He andado estas calles contigo, aquí estoy yo con mi vieja guitarra haciendo lo que hago"). Para entonces el encaje de Promise of The Real en el cancionero de Neil Young se defendía con solvencia. Con los jóvenes de Los Ángeles, el canadiense demostró sentirse siempre bien arropado, cómodo y hasta con un buen humor que no es muy frecuente. O eso al menos dice la leyenda de un tipo adusto, con fama de arisco y de trato seco con propios y ajenos. Pero que vive como predica y que no suele defraudar. Que se lo pregunten a Donald Trump, que acaba de llevarse un sonoro: "¡Fuck you!", después de que Neil Young le advirtiera de que no le gusta nada que el político republicano utilice en sus mítines la canción Rockin' in the free world.

Pesadillas aparte, lo mejor estaba aún por llegar. Y con Neil Young lo que más espera su público, y es lo que llama a que su concierto sea el más visitado de Mad Cool, es ese despliegue indescriptible del rock contundente que ya es marca de la casa. Ocurrió con una terna de canciones también inapelables: Down by the river, que se extendió como réplicas de un terremoto durante veinte minutos de reloj; Mansion on the hill, otra dosis de guitarras como si fueran una legión de leñadores; y la crucial Like a hurricane, que supero ligeros problemas de sonido en la que era la primer vez que Neil Young la tocaba con su nuevo grupo de jóvenes aprendices. Normal que ellos, los cinco de Promise of The Real, no pararan de mirar con arrobo al maestro cuando este daba su satisfecho visto bueno.

Para la traca final quedaron Western hero y una extensa versión de Rockin' in the free world, quizá su canción más conocida y origen de la controversia última con el inefable Trump. Para entonces pocas dudas quedaban sobre el valor del concierto de Neil Young. Aunque se alargó durante 150 minutos, el de ayer fue un set corto propio de festival. Más escueto que los atracones de rock genuino que el canadiense suele darse junto a su grupo de siempre, los añorados Crazy Horse.

Porque en el sonido de Neil Young, una tormenta ardiente, pesada y pegajosa, música siempre fuerte pero siempre limpia y franca, están algunos de los pilares en los que se ha mantenido en pie el rock en las últimas décadas. Se entiende que el canadiense sea todo un santón para los seguidores de, y la lista sería interminable, bandas contemporáneas como Pearl Jam, Soundgarden, Wilco, Sonic Youth, Violent Femmes, Nirvana o Pixies.