recibirá 601.000 euros

La codicia de Dolores Redondo gana el Premio Planeta

La novela que relata cambiar riqueza material por “servidumbre del mal para siempre” resulta vencedora del premio con mejor recompensa de las letras españolas.

Dolores Redondo y José Crehueras, presidente de Planeta, en la entrega.

Dolores Redondo y José Crehueras, presidente de Planeta, en la entrega.

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“Es la proposición de codicia, de riqueza material, con las que el demonio invita a una servidumbre del mal para siempre”. De ahí ha salido el título de la nueva novela de Dolores Redondo, Todo esto te daré, de un fragmento del Evangelio de Mateo (4-9). Planeta relanzará el libro con el premio mejor pagado de las letras españolas, dotado con 601.000 euros. Al menos hasta que el poeta Daniel Leo García ganó 1.866.000 euros jugando al Pasapalabra. La televisión siempre ofrece más, como el demonio.

“No es que todo esté decidido, sino previsto”, escribió Fo en El amor y la risa, frase de fácil aplicación al fiestón que organiza el Grupo Planeta para presentar su apuesta del año, aunque viendo el temblor de la ganadora aún hay quien lo dudaría. “La trilogía de Baztán sirvió para ganarme el cariño del público”, explicó Redondo en la rueda de prensa, mientras a Carmen Posadas se le escapaba un bostezo.

Es una novela, escrita bajo la sombra de Agatha Christie, sobre "la codicia, y sobre los que se alían en torno a ella, pero también sobre la búsqueda de la verdad y contra la impunidad, sobre el amor y, sobre todo, sobre la amistad entre hombres". En nombre del jurado, Juan Eslava Galán señala sobre la obra que es "una novela negra, con toques propios de la narrativa de Agatha Christie, encierra una intriga policial perfecta".

Durante la rueda de prensa, Redondo habló de la Ribeira Sacra gallega donde ubica su novela ganadora. "La elección del escenario nunca es casual en mis novelas, no son lugares de postal, porque la belleza, para mí, puede proceder de la rudeza, del esfuerzo y el trabajo", dijo la autora.

Vividores sin trabas

La trama arranca con Manuel, el protagonista, recibiendo la noticia de su familia política al llegar a Lugo para identificar el cadáver de Álvaro, su marido, aparentemente muerto en un accidente, cuya investigación se cierra de manera prematura. La autora describe "la frialdad con la que es recibido Manuel y, de hecho, lo único que le mantiene allí es la sospecha de que se ha cometido un asesinato". La familia de su marido es descrita como “ese tipo de vividores que siempre sale libre, impune de todo lo que hace".

Redondo y Chicot repetían, cuando se les preguntaba, que estaban contentos, pero se les notaba poco, mientras recibían los halagos de jurados y cronistas. Estos últimos, lisonjeros hasta extremos que cualquier asociación de prensa moriría de vergüenza.

Algo abochornado, Fernando Delgado tomó la palabra: “Yo he sido periodista, así que pido, por el bien de todos, que se haga un uso racional de la palabra. Para no estar aquí hasta las cuatro de la madrugada”. Hubo aburrimiento también en los rostros de Rosa Regás y de Pere Gimferrer, a quien sólo se le vio mostrar algo de atención cuando Chicot nombró la Grecia Clásica.

Democracia corrupta

“Sócrates no querría intervenir hoy en política porque sabría que no serviría de nada imponer el criterio de la verdad entre los políticos”, dijo el finalista del premio y autor de El asesino Sócrates, que consiguió quitarle algo de protagonismo a la ganadora al trazar un hilo entre su obra, aunque corto e hilvanado, con la actualidad.

Con su anterior novela, El asesino de Pitágoras, Chicot estuvo entre los cuatro finalistas del Planeta 2012. Lo autoeditó y consiguió que fuera el ebook más vendido en todo el mundo. “Dejé la psicología clínica para dedicarme a escribir”, contó y se mostró agradecido.

Ambos escritores se presentaroncariñosos al recordar a sus familias. Redondo a su marido y Chicot a su hija de siete años, con síndrome de Down, a la que atribuye su decisión de dedicarse de lleno a las letras. Amor hubo, humor poco. Y sin él, también lo dijo Fo, no hay desafío. Pero anoche nadie salió de casa para saltarse el guion.