Literatura e infancia

Consejos para sobrevivir al colegio leyendo a Bukowski

El libro '75 consejos para sobrevivir en el colegio' reabre el debate sobre si es preferible mostrarles el verdadero peligro a los jóvenes o es mejor escondérselo bajo simples estereotipos. 

El escritor y poeta Charles Bukowski.

El escritor y poeta Charles Bukowski.

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De pronto, sin que lo esperáramos, la actualidad literaria, tan anodina en época estival, se ha visto sacudida por un huracán llamado 75 consejos para sobrevivir en el colegio (Alfaguara). Este libro de María Frisa coloca sobre la mesa ciertas conductas con las que el niño al que supuestamente va dirigida la obra puede convivir. Entre esas conductas nos encontramos con "salir con alguien, con quien sea", el cuidado que se ha de tener al fijarte en otros chicos porque tu novio "se pone celoso", y con varias recomendaciones como no "vestir mal por si acaso no le gustas", buscar un amigo que "sea mucho más tonto que tú" y "no seguir jamás las sugerencias de tus padres". Visto el revuelo provocado, la editorial salió al paso de las críticas argumentando que se trata de un libro de ficción.

Pues bien, dado que se trata de un libro de ficción y que sólo pretende suscitar en los lectores una reacción al futuro que ha de encontrarse un niño de doce años, quizás habría que elegir escenas que preparen de una manera más sólida al referido lector para lo que viene, que dibujen una realidad mucho más descarnada que la simple "amiga que te halaga porque quiere tu camiseta". Hemos venido a pasarlo mal, a que la página escueza. Así que, ¿quién mejor que Bukowski para facilitarnos el trazado cuando éste venga con curvas? ¿Quién mejor que su álter ego Chinaski para azotarnos con el látigo de la adolescencia?

Hemos venido a pasarlo mal, a que la página escueza. ¿Quién mejor que Bukowski para facilitarnos el trazado cuando éste venga con curvas?

Puede que Bukowski no sea el escritor más inocente, pero retrató como nadie los peligros a los que se enfrenta un joven cada día. Es aquí donde se alimenta el debate: ¿Le mostramos el verdadero peligro al joven o preferimos escondérselo bajo simples estereotipos? Si el lector se decanta por la primera opción, Bukowski no se atreve a dar consejos pero sí advertencias. He aquí ocho de ellas.

8. Crisis económica

No nos podemos engañar, la posibilidad de caer en el derrumbe económico está hoy más al alcance de la mano que nunca. Bukowski, que se fijó tanto en una generación destruida por la Gran Depresión, nos deja frases como ésta en Se busca una mujer: "Todavía sufríamos la depresión y ninguno de nuestros padres trabajaba. De dónde sacábamos el dinero, era un misterio, aunque se puede decir que teníamos el ojo siempre avizor a cualquier cosa que no estuviese pegada al suelo con cemento. No robábamos, cogíamos nuestra parte". Es la crónica de una verdadera supervivencia, con la necesidad constantemente presente. Una manera de gritarle al mundo que aquellos muchachos intentarían salir del paso como fuera.

7. Alcohol

Las adicciones irán paseándose por la mirada del joven y, claro, hablar de Bukowski es hablar de adicciones de todo tipo. De todos ellas, la que se manifiesta con mayor fuerza es claramente la atracción por el alcohol. Los adolescentes bukowskianos necesitan experimentar, protegerse de una realidad que no ha sido generosa con ellos. Él lo define perfectamente cuando, al escupir una serie de recomendaciones en su poema Consejos amigables para muchos jóvenes, finaliza con un verso meridiano: "Vive en un barril". Aunque su filosofía, esa que se basa en la necesidad etílica, queda todavía más clara en su célebre cita en Mujeres: “Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para que hacer que algo pase”.

6. Ludopatía

El juego también sirve como vía de escape para los jóvenes personajes de su obra, así que el lector debe ser consciente de los peligros que acarrea. Bukowski descubre muy pronto qué significa la ludopatía a través del hipódromo y así se lo hace saber a sus protagonistas. En esa mezcla de emoción, beneficios y soledad se mueve mejor que nadie este escritor. Eso sí, hay algo que se escapa del simple interés monetario, una atracción por el azar que habría firmado el mismísimo Dostoievski. Como siempre, él lo define a la perfección: "Siempre había una docena de hombres en el hipódromo, [...] esperaban vagamente algo sin estar muy seguros de qué. Estaban poseídos y enloquecidos por el vértigo, ¿quién podía odiarles?".

5. Sexo

Los inicios sexuales de los jóvenes que aparecen en sus novelas no tienen nada de relación idílica. Esto se escapa de la enseñanza clásica, lo cual no parece del todo idóneo si de mostrar las posibilidades que ofrece el futuro se trata. El amor de pago está muy presente en estos comienzos, casi siempre con una notable decepción final. Y, ¿qué decir del onanismo, esa puerta de entrada al sexo adolescente? Está tan presente en su obra que uno de sus libros exhibe un título de lo más sugerente: Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Estas decepciones juveniles suelen acarrear la frustración propia de la expectativa que no se ha cumplido, pero ¿qué es la juventud sino un fracaso continuo?

4. Psicopatía

Las novelas de Bukowski también exploran los rincones más oscuros del alma humana. Esta oscuridad, nos guste o no, convive con los jóvenes a diario. Por sus páginas circulan toda clase de perturbados, psicópatas y dementes. Como ya se ha dicho, los jóvenes e incluso los niños no se libran de esta plaga de trastornados. Por ejemplo, en uno de los relatos de la obra La máquina de follar, se narra cómo un anciano observa a una niña para terminar violándola antes de ser detenido por la policía. Todo bajo la mirada de un grupo de niños que contemplan escandalizados la escena. Se trata, sin duda, de una de las narraciones más crudas jamás escritas.

3. Acoso

El acoso escolar es otro de los rasgos característicos de la infancia y de la juventud y, por supuesto, no se escapa a las ideas proyectadas por Bukowski. A menudo, los niños que aparecen en estos relatos son cruelmente apartados por sus compañeros. A veces, incluso son maltratados y agredidos. Esto desarrolla en ellos una agresividad especial que les servirá, en algunos casos, para defenderse en un futuro de nuevos ataques y, en otros, para ser consumidos por su propio odio. Bukowski lo relata así en Se busca una mujer: "Nosotros pretendíamos ser tan fuertes y tan duros como para no pedir nunca clemencia [...] Yo me peleé con un tipo que luego llegó a ser un gran personaje en la marina U.S.A. Me peleé con él un día desde las ocho y media de la mañana hasta la puesta del sol. Nadie se preocupó de separarnos".

2. Maltrato

Los niños de doce años que podemos ver en sus novelas no tienen la posibilidad de "no seguir jamás las sugerencias de tus padres" como recomienda el libro de María Frisa, ya que en casa no suelen encontrarse con simples "sugerencias" sino con verdaderas palizas. En La senda del perdedor, considerada su propia autobiografía, Bukowski relata cómo su padre le golpeaba por cortar mal el césped: "Lo vi venir, pero no hice nada para esquivarlo. Me pegó por detrás en la pierna izquierda. El dolor fue terrible. La pierna se me encogió y tuve que forzarme a seguir andando. Seguí empujando la segadora".

1. Machismo

Las jóvenes de la obra bukowskiana se ven azotadas por el machismo en prácticamente cada escena. Tratadas como meros trozos de carne, ninguneadas, obligadas a servir como fuente de placer para el hombre. Esto se ve reflejado en la posterior actitud de los adultos. Es frecuente ver a los hombres golpeando a sus mujeres, e incluso el propio Bukowski retrata a su padre como agresor en su ya citada autobiografía  (La senda del perdedor). Por este motivo, el autor fue acusado de machismo y misoginia, aunque él se defendió como mejor sabía: escribiendo varios poemas y relatos que se basaban en todo lo contrario, es decir, la búsqueda de un amor ideal, una sensibilidad notable y hasta algo de cursilería romántica.

Y es que hay en la obra de Bukowski algo de realidad exagerada, aunque es precisamente en esa hipérbole donde el lector se encuentra cara a cara con los peligros de una sociedad que también tiende a la exageración. Esto nos lleva de nuevo a la pregunta con la que se abrió el texto: ¿Es conveniente mostrarles a los jóvenes la realidad o preferimos escondérsela bajo un cómodo estereotipo? Bukowski tuvo clara su respuesta.