Desde la sombra

Juan José Millás: "Espero morirme al mismo tiempo que el papel"

El escritor y periodista presenta su nueva novela, la historia de un hombre que vive escondido en el armario de una familia.

El escritor y periodista Juan José Millás.

El escritor y periodista Juan José Millás. EFE

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Hay una dualidad en Juan José Millás (Valencia, 1946). Está el hombre cortés, dialéctico, imperturbable; el del discurso atado. El que medita un par de segundos la respuesta y habla después con una paz extraña en la cara, como quien viene ya de regreso. Pero está también el autor de Desde la sombra (Seix Barral), que es el mismo pero girado: el que construye personajes neurasténicos, enfermos sentimentales, sátiros, inadaptados, salvajes revestidos de civismo. Cómicos, heridos, anulados. Los enreda hasta la crueldad, los pone frente al lector en forma de espejo y después -a unos y otros- los deja solos con su cabeza.

El protagonista de su nueva novela, Damián, ha perdido su trabajo y anda medio desdoblado: ha creado a Sergio O'Kane, una suerte de amigo imaginario que lo entrevista en un plató -también mental- con un público realmente interesado en su vida. O'Kane es la excusa que emplea Damián para narrarse a sí mismo, para sentirse comprendido y aplaudido en el insólito show televisivo que ha diseñado para sí. A O'Kane le cuenta las penurias: los traumas sexuales, las vergüenzas, los recuerdos infantiles. Con él saca el músculo de su elocuencia.

Un día, Damián comete un pequeño robo en un mercado de anticuarios y corre a esconderse en un armario. Éste es vendido y él va a parar a la habitación matrimonial de Lucía y Fede. Allí arranca su mutación. Allí comienza a fundirse con la vida de la familia, a explorarlos sólo con la escucha. Allí le da por ir arrancándose la cáscara del cuerpo.

Termina uno de leer a Millás y un pánico breve comienza a asaltarlo en la oficina, en el ascensor, en la espera del metro. Mira uno la humanidad -y a su peor versión: la gente- con renovada desconfianza. También con cierto asombro y una perspicacia nueva. Luego se sienta en el AC Recoletos a escucharle explicarse sobre Desde la sombra y -qué confuso- no hay rastro en él de la mirada oscura de Damián. Se escucha el crujir de un armario.

Abre usted el libro con una cita a David Foster Wallace y quería preguntarle precisamente por ella. ¿Todas las historias de amor son historias de fantasmas?

Bueno, no lo sé, pero esa frase me gustó tanto... seguramente sí, en la medida en que en el amor no nos relacionamos con la persona real, sino con la que imaginamos. Por eso dicen que es tan difícil pasar del enamoramiento al amor, porque en la primera etapa las personas que se comunican lo hacen, seguramente, mediante imágenes falsas. Lacan decía que el enamorado da algo que no tiene a alguien que no es. Es decir, es un juego de malentendidos. Y en ese sentido, yo creo que la frase de Foster Wallace... en fin, yo prefiero no explicarla (sonríe), pero si tuviera que explicarla iría por ahí.

He leído en otras entrevistas que tira de una obsesión cotidiana a la hora de escribir y que nunca sabe cómo va a evolucionar la novela en el siguiente capítulo. En este caso, ¿qué fue lo que le hizo arrancar? ¿Qué vio, qué pensó...?

Este es un caso un poco especial, porque esta es una novela que yo tenía en la cabeza desde hace muchísimos años. Cuando era joven escribí algunos cuentos de armario, cuentos donde los protagonistas eran los armarios que funcionaron muy bien y mi ambición era escribir un libro de cuentos de armario, y, aunque me faltó constancia, siempre imaginé esta novela. El armario tiene eso de que ahí habitan los monstruos infantiles, tiene también algo de útero materno o de un encierro que puede ser muerte. A lo largo de mi vida yo iba escribiendo una novela... ¿sabes? Hay novelas que escribes y novelas que no escribes.

¿La retomaba de forma intermitente?

No, no, en la cabeza. Anoté... escribí un cuento muy breve, como de folio y medio, hace muchos años y creo que estará publicado en algunos de mis libros de recopilaciones. Pero lo hice sólo para tomar nota de esto, para que no se me escapara, como un modo de fijarlo. Luego me di cuenta de que no era necesario porque tuve, durante todos estos años, una atención latente a esta historia. Incluso iba editando y haciendo cortes mentalmente... te metes en la cama y empiezas a pensar y te imaginas al sujeto en el armario, ves a la familia, lo ves cuando iba a pasear al parque... en esta novela tenía muchas cosas construidas cuando empecé a escribirla. Y, efectivamente, nunca lo hago así: siempre empiezo a escribir a partir de algo que me obsesiona y tiro de ese hilo. Doy por supuesto que si eso me obsesiona es porque hay algo con significado ahí.

El protagonista utiliza a Sergio O' Kane para hablar consigo mismo, y luego éste muta en Iñaki Gabilondo. ¿A quién utiliza usted, cómo es el amigo imaginario de Juan José Millás?

Yo no tengo ese recurso, yo tiendo más al monólogo interior clásico. Precisamente, lo que yo quería era encontrar -y esto fue una fórmula que me gustó mucho dar con ella-... quería huir de la formulación clásica del monólogo interior. Es una fórmula muy gastada y que en algunos aspectos a veces es muy confusa, pero quería encontrar un equivalente al monólogo interior. Di con este hallazgo que, sorprendentemente, cuando la gente lo ha leído, me ha dicho que se imagina en esa situación. Yo no lo sabía. No era mi caso.

El otro día, precisamente, estuvimos hablando de la novela en un programa de radio de la SER, con Gemma Nierga, y ella decía que cuando era adolescente y estaba en la bañera, así con los brazos apoyados en la bañera, se imaginaba que acababa de ganar el campeonato de natación y que la estaban entrevistando. Y alguien más que estaba en el estudio y también le sucedía algo así. O sea que he dado con algo más universal de lo que yo creía, pero que seguramente tiene que ver con esta cultura de la fama por la fama, de ser el centro de atención.

¿Las fijaciones sexuales se adquieren en la infancia?

(Sorprendido) Ah, pues... no lo sé. Seguramente sí.

Como edifica tanto a Damián la relación incestuosa con su hermana adoptiva asiática.... sus filias, sus fobias, su sentimentalidad.

Sí, como casi todo. Casi todo sucede en la infancia.

¿La vida de quién le gustaría escuchar desde un armario?

Del vecino de enfrente. Quiero decir... que a mi me parece que no hay vida que no sea interesante. Es decir, que no buscaría la vida de alguien estrambótico, sino la vida de alguien muy normal, porque no hay nada más raro que lo normal. Las familias corrientes son rarísimas. De manera que a mí me gustaría que fuese así, si tuviera ese privilegio... (se ríe).

El privilegio del espionaje.

Me encantaría ver a una familia sin ser visto. Elegiría a una familia absolutamente normal.

¿Qué cree que escucharía si estuviese en el armario de la casa de Rajoy?

No tengo ni idea. No sé cómo se comporta este hombre en la intimidad. La verdad es que me cuesta imaginar a Rajoy en su vida familiar... (ríe).

Damián, durante su suerte de entrevista en su plató imaginario, conoce el recurso de las lágrimas, el recurso de la masturbación... sabe que hay cosas que funcionan bien en televisión. Quería preguntarle qué le repugna a usted de la televisión actual.

Bueno, muchas cosas me repugnan. Realmente, digamos que la televisión de calidad es algo que escasea. La mayor parte de la televisión es una televisión muy banal, televisión basura que origina una cultura basura. Este personaje lo representa muy bien. Está obsesionado por la fama, pero por la fama barata.

Pero luego quiere sofisticarse, ¿no?

Claro, porque se mueve en esta ambivalencia entre la fama barata y sin respaldo o el prestigio. De repente, ve que el prestigio quizá tiene más valor que la fama. En todo caso, se mueve entre esos dos mundos. Pero seguramente la gente que hace televisión basura quisiera hacer televisión de prestigio y la gente que hace televisión de prestigio quisiera hacer, si no televisión basura, una televisión con más audiencia.

Me interesa esa cierta esquizofrenia de Damián, su doble cara, cuando se afeita y no se reconoce, cuando desdobla su personalidad. ¿Usted es Juan José Millás a tiempo completo?

Yo creo que todos sentimos en un grado u otro ese tipo de momento o de extrañeza. Si se alcanza un cierto grado hay que medicarse, claro, pero sin llegar a esos extremos ese desdoblamiento los tenemos todos y es bueno, porque es un desdoblamiento que nos permite observarnos desde fuera y hacer un juicio crítico sobre nosotros.

Usted recibió el Premio de periodismo cultural y político Manuel Vázquez Montalbán en 2010. ¿Qué es ser un periodista cultural independiente?

(Se ríe abiertamente) ¿Qué es eso, no? Es una excelente pregunta. ¿En qué consistiría...? Igual que en el caso político, yo creo.Consistiría en estar al corriente de las corrientes dominantes pero no dejarse controlar por ellas. Es decir, consistiría en tener una sensibilidad especial para lo pequeño, para lo fantasmal, para lo que casi no existe, ¿no? Y a partir de esa percepción de la realidad cultural, construir un lenguaje que fuera propio; un lenguaje que no fuera sacado de una tienda de todo a cien.

Primero, la mirada. Tener una mirada diferente a aquella a la que te obliga la realidad; y después de construir esa mirada, construir un lenguaje capaz de dar cuenta de esa mirada. En definitiva, estamos hablando de lo que en el mundo del cine se llama "el emplazamiento de cámara". Ser capaz de mirar la realidad desde un lugar diferente al que lo miran todos.

¿Supone no tener muchos amigos?

(Duda) Eh... posiblemente.

¿Usted va a escribir en Zenda?

¿Perdona?

En Zenda. La web literaria independiente de Pérez-Reverte...

No tengo noticias.

Bueno, es muy reciente. Es un puente entre España y América Latina y van a escribir diferentes autores y periodistas. Su idea es crear un espacio cultural que vuelva a interesar a la gente ante la pérdida de lectores de los suplementos. También quería preguntarle a ese respecto, ¿por qué cree que estos suplementos han perdido fuelle?

Ah, pues no tenía noticias. Bueno, los suplementos han perdido lectores en parte porque ha surgido una competencia gigantesca con la aparición del mundo digital, donde el lector ve más satisfechas sus ganas de saber qué ocurre cuando sale un libro o qué ocurre con ese libro. Los suplementos se han quedado clásicos, por no decir antiguos. Y claro, cuando no había otra cosa, no había otra cosa, pero en internet ahora hay cantidad de páginas web, de gente que espontáneamente escribe... esto ha pasado en todos los terrenos, la pérdida de la jerarquía. Antes todo estaba muy jerarquizado.

Había un suplemento que marcaba el gusto, o dos, o tres, pero en todos los órdenes. También en la cocina. Esta es una de las cosas más complicadas del mundo que nos ha tocado vivir. Cuando la jerarquía te viene dada, dices "vale, esto es lo que me tengo que leer, esta es la música que tengo que escuchar...". Pero eso ha desaparecido. La jerarquización se ha perdido y el poder se ha repartido. El esfuerzo que tiene que hacer uno es mayor que el que tenía que hacer antes.

Con una mirada hacia la humanidad, ¿a quién admira, por quién siente ternura y quién le inspira asco?

Uh. Es complicado esto. El mundo actual es poco admirable. Me cuesta encontrar algo admirable, pero bueno, admiro por ejemplo a instituciones del tipo Médico Sin Fronteras. Son el Estado allá donde no hay Estado. Yo he hecho reportajes en Sierra Leona, entre otros... y ahí he visto que Médicos Sin Fronteras -de los que soy socio- cumplen, hacen el papel que debería hacer el estado.Siento ternura por mucho de estos voluntarios. Desde mi perspectiva son muy jóvenes. Muchos de ellos son críos.

Y me produce una ternura enorme ver que están haciendo un trabajo que no tiene un reconocimiento, una repercusión... con el que no se están construyendo un futuro, pero que han decidido durante unos años, en fin, convertir su vida en una cuota de solidaridad. Los he conocido de cerca. Como esta película de Fernando León de Aranoa, Un día perfecto. Y la verdad es que asco me producen los paraísos fiscales que estamos viendo estos días, o la política de desigualdad que hemos vivido... me produce un asco sin límites. Es demoledor, por ejemplo, que haya nombres de la cultura en los papeles de Panamá. 

Gay Talese dijo el otro día, en una conferencia, que no había mujeres periodistas que le inspirasen. Y explicó que es porque las mujeres educadas no se acercan a gente antisocial o maleante. ¿Qué opina usted?

Dicho así... me parece una tontería. No sé cómo lo habrá dicho ni en qué contexto, pero si es tal y como me lo cuentas, es una estupidez. No sé si quería llamar la atención o qué. En periodismo, uno de mis referentes es Oriana Fallaci. Piensa en Leila Guerriero... es enorme, es maravillosa. Unos reportajes que bueno... yo creo que ella es la mejor.

¿Qué cree que piensa la gente de usted, de su cabeza, cuando lee una novela suya?

¿La gente? No lo sé. Por lo menos, que es rara. Eso seguro. Les gusta porque es raro.

¿Y por qué busca la rareza?

No la busco. Para ser escritor seguramente... bueno, siendo escritor viene de serie cierta extrañeza. Uno se hace escritor porque no entiende la realidad y es lector por la misma razón, en esto se parecen mucho. ¿Por qué alguien con quince años empieza a leer? Porque les extraña la realidad y en la lectura encuentran respuestas que no le dan sus profesores ni sus padres ni nadie. Y uno empieza a escribir también porque tiene dificultades con la realidad, se escribe siempre desde el conflicto.

¿Cuál es el libro que leyó que le marcara en esa edad de la que hablamos?

La primera novela que yo leí se titulaba Cinco semanas en globo, de Julio Verne. La recuerdo perfectamente porque esa novela me convirtió en lector. Yo debía tener trece años o por ahí y pasaba mucho tiempo en la calle. Ya sabes, los críos. Y, para calentarnos un poco, porque en Madrid hacía mucho frío, nos metíamos en una biblioteca pública que había en mi barrio. Tuve la suerte de que en mi barrio había una biblioteca pública. Pero claro, allí no podías hacer nada, porque había una especie de sargento allí... (se ríe). Todo el día mirando.

Así que por hacer algo cogí Cinco semanas en globo, sólo porque me gustó la portada. Y me metí dentro del libro. Como cuando llegó la hora de cerrar la biblioteca no era socio, no me lo pude llevar a mi casa. Fue dramático (bromea). No dormí... estuve esperando a que al día siguiente abrieran la biblioteca y poder seguir leyendo el libro. Aquel libro me convirtió en lector. Luego me leí todo Julio Verne.

¿Y el último que le haya fascinado?

He leído una novela muy interesante de una autora muy joven, Gabriela Ybarra. El comensal. Me parece una obra maestra. Es su primera novela. Cuenta la historia de su familia, ella es nieta de Ybarra, empresario que asesinó ETA en el año 77. Cuando lo asesinan ella no ha nacido todavía, luego nace... en su casa no hablan de eso, se entera por una compañera. De lo mejor que he leído en mucho tiempo.

¿Qué le parece a usted que El País se esté preparando para dejar de salir en papel?

Esto no es El País, esto es todos. Mira El Mundo, que está haciendo un ERE y también tiene que ver con eso... Yo creo que el papel y el soporte digital van a convivir durante mucho tiempo. No solamente en el periódico, sino en los libros. Hubo una fiebre de libro digital y ahora vuelta al libro de papel. Creo que se darán pasos: el periódico desaparecerá de lunes a jueves pero se editará uno de fin de semana... el futuro no es el papel, eso está claro.

¿No le duele?

Yo espero morirme al mismo tiempo que el papel. Estamos ahí, ahí... moriremos juntos.